Un fiscal que busca la puerta de salida

El fiscal Juan Romero Victorica presentó su renuncia para evitar el jury en su contra
Estaba en marcha un proceso que podía terminar con su destitución. La nieta recuperada Victoria Montenegro lo acusó de ayudar y adelantarle información a su apropiador. La Procuración debe decidir si le acepta la renuncia.

 Por Irina Hauser

El fiscal de la Cámara de Casación Penal Juan Martín Romero Victorica presentó la renuncia justo cuando se avecinaba el jury de enjuiciamiento que podría llevar a su destitución. La apertura del procedimiento había sido ordenada por el procurador general de la Nación, Esteban Righi, ante la denuncia de la nieta recuperada Victoria Montenegro, quien lo acusó de adelantarle información a su apropiador, el coronel de Inteligencia del Ejército Herman Tetzlaff, sobre la causa en su contra y de haberle puesto abogados. La joven también aseguró que el fiscal sabía que Tetzlaff había sido quien mató a sus padres. Ahora Righi debe resolver si acepta que deje el cargo sin pasar por el proceso de remoción. En el organismo están analizando cuál sería la mejor decisión. Las Abuelas de Plaza de Mayo se inclinan por que se haga el juicio político.

Romero Victorica presentó la semana pasada una nota en la que anunciaba su renuncia. Alegaba simplemente sus largos años en el Poder Judicial, donde fue fiscal en San Martín antes de desembarcar en Casación, en 1994, según informaron funcionarios judiciales a Página/12. Pero su decisión apuntaría a evitar el enjuiciamiento que tiene en puerta, que podría llevar a su destitución y quizás a la pérdida de toda o parte de su jubilación. De todos modos, Righi debe resolver formalmente y por escrito si acepta el planteo. En otros casos donde también estaba en juego la suerte de fiscales implicados en historias de complicidad con la última dictadura o con represores, decidió aceptar las renuncias por considerar que la finalidad de que se vayan de su puesto quedaba cumplida.

En el balance de la Procuración, por lo general, pesan a favor de la aceptación de renuncias factores como que el proceso se puede prolongar por dos o tres años; que la sentencia del jurado se puede apelar ante la Cámara en lo Contencioso Administrativo (lo cual estira más los tiempos); que no parecería deseable que en el ínterin siga actuando como fiscal, en especial en causas de violaciones a los derechos humanos; que aunque el fiscal imputado sea suspendido preventivamente no se puede nombrar a nadie en su reemplazo hasta el final del proceso; que si el jurado lo absuelve, inmediatamente intentará retirarse o jubilarse; y que si el fin es que pierda la jubilación, existen altas chances de que logre recuperarla con una demanda. En el caso de Romero Victorica, además, hay una denuncia penal en trámite en su contra, a cargo del juez Norberto Oyarbide. Righi tomaría una determinación en el transcurso de esta semana.

En Abuelas de Plaza de Mayo preferirían que avance el jury. “Por el momento nos parece que, dado que hay una instancia de enjuiciamiento abierta, debería evaluarse que Romero Victorica sea destituido. Como declaró Victoria Montenegro, habría colaborado con el encubrimiento de delitos de lesa humanidad. No parece una buena señal que se vaya como si no hubiera pasado nada. Sería muy bueno que, teniendo en cuenta las graves denuncias, la institución donde se desempeñó como fiscal lo separe por medio de la destitución”, dijo Alan Iud, abogado del organismo. “Desde Abuelas lo recusamos en todas las causas de derechos humanos, con lo cual no hay riesgos de que entorpezca este tipo de procesos”, aclaró.

Romero Victorica ya había sido sancionado por la Procuración a raíz de que, en una audiencia en Casación por la excarcelación del ex ministro de Gobierno de facto Jaime Smart, dijo: “No puedo creer que a Jimmy le imputen esos hechos, no sé qué hace esta causa acá, si yo estoy de acuerdo con la excarcelación”. Los hechos eran 60 privaciones ilegales de la libertad y tormentos en el circuito Camps. Pero el ocaso de su carrera se hizo más palpable el día que Victoria Montenegro tomó la decisión de contar la estrecha relación que había tenido con su apropiador, al brindar su testimonio durante el juicio de apropiación de menores hijos de desaparecidos el 25 de abril último, ante el Tribunal Oral Federal 6.

Victoria recuperó su identidad en el año 2000. Entonces supo que es hija de Hilda Torres y Roque Montenegro. Su apropiador, el coronel Tetzlaff (fallecido), estaba desde mucho antes en la mira de la Justicia por su papel en grupos de tareas del centro clandestino El Vesubio y en Campo de Mayo, y también por su apropiación. Fue jefe del operativo en el que fueron secuestrados los padres de Victoria y cuando empezaba a avanzar la causa que mostraría cómo se quedó con ella, para la joven quedó en evidencia el vínculo que tenía con Romero Victorica, como relató ante el TOF6. El fiscal, dijo, “llamaba a casa y le daba información” adelantada sobre la causa en su contra.

Cuando Tetzlaff fue detenido por primera vez, por orden del ex juez Roberto Marquevich, Victoria atendió en su casa un llamado de Romero Victorica, que le dijo que se quedara tranquila, “que él iba poner a unos amigos (abogados) para que lo sacaran”. Hablaba, dijo la chica, del ex juez Martín Anzoátegui y los abogados Federico Casal y de Manuel Romero Victorica (sobrino del fiscal). Victoria contó que su apropiador le había confesado que había matado a sus padres y hasta le mostró el arma que utilizó. Dijo que Romero Victorica lo sabía.

El consejo evaluador de la Procuración analizó el testimonio de Montenegro y el descargo presentado por el fiscal de Casación, quien dijo que ese relato no tenían relación con la realidad y respondía a “mandatos” de “personas” que desconoce pero que quieren su desprestigio. Los fiscales evaluadores recomendaron iniciar el proceso de su destitución, que ahora quedó stand by, a la espera de una definición sobre su renuncia.

Organizaciones de derechos humanos piden la separación de juez procesado delitos lesa humanidad

Organizaciones de derechos humanos expresaron su preocupación por la "excesiva demora" del Consejo de la Magistratura para resolver la situación del juez mendocino Otilio Romano, quien permanece en su cargo pese a estar procesado por delitos de lesa humanidad durante la dictadura.

En una solicitada publicada, decenas de organizaciones llaman a "avanzar en la renovación y democratización del Poder Judicial argentino", y piden al Consejo de la Magistratura que "asuma su responsabilidad en ese recambio" y que "impida que un magistrado procesado por crímenes de lesa humanidad continúe en su cargo".

Hoy, la Comisión de Disciplina y Acusación de ese órgano deberá resolver si separa de su cargo al juez federal de Mendoza Otilio Romano, procesado en 93 oportunidades con confirmación de la propia Cámara Federal mendocina, acusado de ser cómplice de casos de secuestros, torturas y desapariciones llevadas adelante por fuerzas armadas y de seguridad entre 1975 y 1983.

"Romano forma parte de la justicia argentina y se desempeña en un lugar clave como la Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza. Es decir, quien está acusado de haber formado parte del accionar del terrorismo de Estado, sigue tomando decisiones sobre la vida y los derechos de las personas", señala en un tramo la solicitada.

Los firmantes, entre ellos Abuelas de Plaza de Mayo, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Asociación Buena Memoria, Centro de Estudios Legales y Sociales, Madres - Línea Fundadora, advierten sobre "supuestos apoyos políticos en su favor" que "le permitirían sortear una vez más el trámite de juicio político".

"De ser así, se estarían violando principios básicos referidos a los requisitos de idoneidad para ocupar cargos públicos en un Estado de derecho", advierten los organismos que desde fines de 2009 han presentado denuncias contra el magistrado.

CCD Mansión Seré : sólo diez represores a juicio

Diez represores, entre miembros y altos jefes de la Fuerza Aérea y policías bonaerenses, irán a juicio oral por secuestros y torturas de casi un centenar de personas que estuvieron cautivas en los centros clandestinos Mansión Seré, Primera Brigada Aérea de Palomar, Séptima Brigada Aérea de Morón y las Comisarías de Haedo, Castelar y Morón. Es porque el juez federal Daniel Rafecas elevó a juicio la investigación sobre el accionar y la responsabilidad de la Fuerza Aérea (en el área del Primer Cuerpo del Ejército) bajo el mando del brigadier general Orlando Ramón Agosti, quien integró la junta militar entre el 24 de marzo de 1976 y enero de 1979.

En una resolución de 1300 páginas que da por terminada esta parte de la pesquisa, Rafecas sostiene que está probada la intervención de los diez imputados en 95 privaciones de la libertad y torturas, además del homicidio de una pareja (Oscar Varela y Elsa Ramona Radisic). Describe que los detenidos eran sometidos a “condiciones de existencia inhumanas y degradantes, como el tabicamiento, la sujeción e inmovilización, la exposición a desnudez, las constantes amenazas a ser torturado o asesinado, la prohibición del habla, el alojamiento de los detenidos en lugares insalubres, la tortura con picana, la aplicación de golpes, y en este particular caso se verificó el sometimiento en el caso de catorce personas –doce de ellas mujeres– a torturas de carácter sexual, signadas por violencia de género”.

En el circuito represivo investigado, destaca Rafecas, se registró en forma generalizada el sometimiento de las detenidas a distintos tipos de abusos, prácticas que fueron consideradas como “torturas de carácter sexual”.

Posponen juicio a ex dictador Bignone

El proceso contra Reynaldo Bignone, último dictador del país, está acusado de operar un centro clandestino de detención

JUICIO. Bignone, de 83 años, enfrentará su cuarto juicio luego de que el pasado 14 de abril fuera condenado a cadena perpetua.

La justicia argentina postergó hoy de manera indefinida el inicio del cuarto juicio en contra del ex dictador Reynaldo Bignone, acusado de delitos de lesa humanidad cometidos durante el último gobierno militar (1976-1983).

El Tribunal Oral Federal Número 2 de Buenos Aires explicó que en las próximas semanas dará a conocer la nueva fecha del proceso en el que se investiga la participación del ex presidente de facto en la operación de un centro clandestino de detención.

Agregó que, una vez que inicie el juicio en el que testificarán 24 personas y en el que están acusados otros cuatro ex represores, el veredicto estará listo a más tardar en un mes.

Esta causa se refiere a la existencia de una cárcel ilegal que fue montada en un hospital y en el cual por lo menos fueron secuestradas 22 personas, cinco de las cuales sufrieron torturas.

Bignone, de 83 años, enfrentará así su cuarto juicio luego de que el pasado 14 de abril fuera condenado a cadena perpetua por el secuestro, tortura y asesinato de dos militantes políticos en la recta final de la dictadura.

El año pasado, quien fuera presidente de facto en Argentina entre el 2 de julio de 1982 y el 10 de diciembre de 1983, ya había sido condenado a 25 años de prisión como coautor de 56 casos de allanamiento ilegal, robo, secuestros y torturas.

Además, está en marcha un proceso en su contra por el robo de 33 bebés nacidos en centros clandestinos de detención y entregados en adopciones ilegales, delito compartido con el también dictador Jorge Rafael Videla.

Bignone, quien será recordado como el último dictador argentino, es uno de los máximos símbolos del terrorismo de Estado que dejó una estela de 30 mil desaparecidos y 500 bebés robados en centros clandestinos de detención.

Durante sus juicios, ha defendido, sin embargo, la sangrienta represión que se ejerció durante la dictadura con el argumento de que sólo así se podía combatir al 'comunismo subversivo' .

Audiencia en la Cámara de Casación para revertir absolución de un represor.

 Una nueva oportunidad para hacer justicia:

El represor Alejandro Duret, ex jefe de inteligencia del Grupo de Artillería Blindado 1 de Azul, fue identificado como el responsable de la desaparición de Carlos Labolita, pero fue absuelto. Casación debe resolver si mantiene ese fallo.

 Por Diego Martínez

El 27 de abril de 1976, como jefe de inteligencia del Grupo de Artillería Blindado 1 de Azul, el teniente Alejandro Duret recibió a Carlos Labolita detenido y lo convirtió en desaparecido. Los policías que sin suerte pidieron constancia de entrega vieron cuando le ponían la capucha. En la madrugada del 1º de mayo, acompañados por el cautivo destrozado por la tortura, un grupo de tareas allanó la casa de la familia en Las Flores. Lo encabezaba un oficial alto y rubio que la madre de Labolita había visto el 24 de marzo cuando detuvo a su esposo y al que identificó luego como Duret, acusación que confirmó durante un careo en 1985. El 3 de julio de 2009, a cinco días de la derrota electoral del kirchnerismo, los jueces Alejandro Esmoris y Nelson Jarazo hicieron propios los argumentos del defensor y absolvieron al militar. Ayer, ante una sala colmada por familiares y amigos de víctimas de la dictadura de Las Flores pero también por militares retirados y por la apologista del genocidio Cecilia Pando, los jueces de la Sala IV de la Cámara de Casación Penal tomaron nota de las pruebas y argumentos de las partes. Mariano González Palazzo, Gustavo Hornos y Augusto Díaz Ojeda tienen ahora veinte días, bien para anular el fallo y condenar a Duret, bien para confirmar la absolución que represores y cómplices celebraron hace dos años como el comienzo del fin del proceso de justicia por delitos de lesa humanidad durante la dictadura.

Labolita, de 23 años, casado con Gladis D’Alessandro, estudiaba sociología en La Plata y trabajaba en la petroquímica de Berazategui. Meses antes del golpe, por seguridad, la pareja abandonó su departamento. Se alojó primero en casa de Néstor y Cristina Kirchner, luego en una pensión. El 24 de marzo, treinta hombres al mando de Duret detuvieron a su padre. El militar admitió en los ’80 que “le tocó recibir el mensaje militar, secreto y encriptado” y “cumplir con la detención de Carlos Orlando Labolita”, y diferenció la información que ordenaba las capturas. La del padre era por “su actividad docente y su actuación afín a promover la teoría marxista”. “De Carlos Alberto, el mensaje militar cifrado lo vinculaba a la actividad terrorista, sindicándolo como integrante de la Organización Montoneros”. “Al no ser hallado Carlos Alberto Labolita el 24 de marzo –agregó–, el personal policial quedó con la consigna de proveer cualquier noticia que hubiera respecto de su presencia en Las Flores.”

Labolita visitó a su madre el 25 de abril. Media hora después lo detuvo la policía. En la comisaría dejaron constancia de que estaba “a disposición del área militar 125”. Dos días después se lo entregaron a dos uniformados en el cuartel de Azul. Policías que participaron del traslado declararon que Labolita no había sido golpeado, que vieron cuando lo encapuchaban y que les negaron un recibo de entrega. Uno identificó en 1985 a Duret, dato que reconoció en el juicio oral cuando le leyeron su testimonio.

Cinco días después, una patota a cara descubierta allanó la casa de Las Flores. Llevaban a Labolita con las manos atadas, encapuchado y descalzo. “Hace cinco días que estoy en la parrilla”, le confió a Gladis. Rosa Banegas, madre de Carlos, reconoció entre los secuestradores al joven alto y rubio que se había llevado a su esposo. Cuando ambas mujeres pidieron explicaciones, el jefe del cuartel les dijo que lo habían liberado. Sobrevivientes del centro clandestino de Azul fueron interrogados sobre Labolita. “A ése ya lo tenemos”, les confió un torturador.

En 1981, Rosa denunció la última visita de su hijo ante el subcomisario Héctor Bicarelli, juzgado en estos días por crímenes en Necochea. Contó que incluso increpó a Duret: “¿Qué buscás si ya estuviste?”. En 1985, en un careo frente a frente, Rosa no dudó en identificarlo. Duret respondió “casi con seguridad” que no había vuelto al hogar de Labolita tras el 24 de marzo y ante la firmeza de la mujer concedió que pudo haber ido a buscar libros o documentos. La declaración se incorporó por lectura, Rosa murió antes del juicio. Sus hijas y Gladis, en cambio, describieron al oficial que daba las órdenes. Los legajos de oficiales de Azul de 1976, en tanto, permitieron descartar que hubiera otro militar con esa fisonomía.

En 2009, el juez Carlos Rozanski votó en minoría por la condena. Esmoris y Jarazo, igual que el defensor Gerardo Ibáñez, pintaron a Duret como un oficial de bajo rango pese a que integraba el Estado Mayor, desacreditaron el relato de la madre de Labolita, que no podía ratificarlo, y el de los policías que entregaron al detenido por ser posibles imputados, objeción que debieron formular antes de citarlos. El fiscal Horacio Azzolín y el abogado César Sivo desmenuzaron ayer las incongruencias de la absolución, la eliminación artificial de pruebas de cargo, y pidieron la condena de Duret, que prefirió no pisar la sala. Ahora Casación tiene la palabra.

Destacan que Mendoza es "la primera en juzgar magistrados y fiscales" en juicios por delitos de lesa humanidad

El Tribunal Oral Federal prosiguió ayer con los alegatos en el juicio por delitos de lesa humanidad, y se resalt óque se trata de “la única causa en el país donde se juzga a jueces y fiscales cómplices de la dictadura militar”.

“Estamos siendo emblema en Mendoza en algo positivo porque es la única provincia que está juzgando a jueces y fiscales que impidieron que estos juicios se realizaran".

A la vez, criticó la complicidad de los magistrados y fiscales porque motivó que "35 años después estemos llegando al final del primer juicio del año 2011”.

En otro orden, al evaluar los alegatos, Peñaloza especificó que “lo que estamos planteando es el rol que el Estado Nacional tiene al estar presente en estas causas mediante la Secretaria de Derechos Humanos”.

El Tribunal Oral Federal mendocino realizó ayer la tercera jornada de alegatos presidido por Juan Antonio González Macías, a quien acompañaban Alejandro Piña y Héctor Cortés, en el contexto del juicio por delitos de lesa humanidad iniciado el 17 de noviembre de 2010 con 10 imputados, de los cuales solo continúan 6 en las causas procesados por asesinatos, violaciones, torturas y desapariciones, entre otros hechos.

En la apertura de los alegatos por la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación, los abogados Fernando Peñaloza y Pablo Garciarena pidieron que “los hechos investigados queden consignados en la sentencia como que han sido cometidos en el marco de un genocidio que se llevó a cabo en la Argentina en la última dictadura cívico-militar”.

Luego de la extensa exposición, Peñaloza explicó que “se está analizando minuciosamente y con mucha prueba el aparato represivo en Mendoza", con el fin de que en el alegato "quede probado el terrorismo de Estado y su estructura en la desaparición y privación ilegítima de libertad de muchos compañeros”.

En otro aspecto, el letrado resaltó que "como desde 2003 en adelante se marca un cambio político en la Argentina, marcamos la diferencia en nuestros alegatos porque lo sucedido entre finales de los 80´ y los 90´ fue terrible para este proceso”.

“Era necesario marcar el quiebre y la diferencia, la bisagra desde el 2003 en adelante”, puntualizó el representante de la Secretaría de Derechos Humanos.

La ronda de alegatos continuará el próximo martes con la presentación del fiscal Dante Vega, en la sede del Juzgado Federal de esta capital.

Causa Goya: 25 años de prisión a cada uno de los seis imputados, por delitos de lesa humanidad

Todos los represores imputados por delitos de lesa humanidad en la denominada “Causa Goya”, fueron condenados ayer por el Tribunal Oral Federal de Corrientes a 25 años de prisión por la desaparición forzada de personas, privación ilegal de la libertad y aplicación de tormentos, durante la última dictadura militar.

Se trata de dos ex policías, Juan Antonio Obregón y Romualdo Baigorria; tres ex militares: Juan Ramón Alcoberro, Alberto Silveira Escamendi, y Norberto Leopoldo Cao, y el ex efectivo de la Prefectura Naval Luis Leónidas Lemos.

La pena fue dispuesta por 27 hechos de violaciones a los derechos humanos, entre ellos las desapariciones del soldado Abel Arce y de la docente y estudiante de Medicina Elida Olga Goyeneche de Sobko, además de hechos de privación ilegítima de la libertad agravados por tormentos.

El abogado de la Asociación Memoria, Derechos Humanos y Solidaridad (ME.DE.S.H), Juan Rajoy, dijo que esperaban “confiados la sentencia. Esto es para nosotros un gran espaldarazo moral, al trabajo honesto y empuje de mucha gente”.

El letrado de la querella dijo que tanto su organización, como los familiares de las víctimas “estamos muy reconfortados porque la Justicia se manifestó a la altura de las circunstancias”.

Luego de la lectura, el Tribunal informó que el 31 de agosto se realizará la lectura completa del fallo, con los respectivos fundamentos.

Rajoy, manifestó también que esperan que tanto Casación como la Corte, confirmen el fallo y se pronuncien en el mismo sentido.

La querella, integrada por los letrados representantes de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Mario Bosch y Daniel Domínguez Henaín; del MEDEHS, Juan Rajoy y de los familiares de las víctimas, además de la Fiscalía, habían pedido la pena máxima de 25 años de prisión con inhabilitación absoluta y perpetua.

En tanto, las defensas había solicitado la absolución para todos los imputados.

La mayoría de los presos políticos eran militantes de las Ligas Agrarias, docentes y militantes de la Juventud Peronista en la zona del Departamento Goya, distante a 220 kilómetros de la capital provincial, donde fueron detenidos en los años 1976 y 1977.

Los grupos de tareas, tuvieron centros clandestinos de detención en Goya en la Compañía de Ingenieros 7, Comisaría Departamental, Prefectura Naval Argentina, Casa del Hípico frente al Regimiento, Destacamento Policial en el Puerto; la Compañía de Telecomunicaciones 121, el Hípico y dentro de él “La Pajarera” actual guardería de lanchas.
En el transcurso del juicio se escuchó el testimonio de unas 60 personas, entre ellos al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, quien se refirió al plan sistemático represivo aplicado por el Gobierno militar.

“Su visión fue fundamental”, afirmó el titular de la Asociación Memoria, Derechos Humanos y Solidaridad (ME.DE.S.H), Osmar Bello en declaraciones a Télam, a la vez que agregó que “es importante que el país salde sus deudas, para que los jóvenes vivan en libertad”.

El juicio incluyó durante su proceso, la fuga de uno de los imputados Leopoldo Cao, que se mantuvo prófugo por dos semanas, tiempo que tuvieron que suspenderse las audiencias, hasta que fue capturado el 11 de junio por las fuerzas federales.

La causa “Panetta”, más conocida como “Causa Goya”, fue el tercer juicio por delitos de lesa humanidad que se realizó en la provincia de Corrientes.

El primero fue en 2008, la causa Regimiento 9, como centro clandestino de detención y por el cual fueron sentenciados con distintas penas, los militares Manuel Barreiro y Horacio Losito, el capitán Juan Carlos De Marchi y el gendarme Raúl Alfredo Reynoso, por desapariciones, entre ellas la del joven estudiante de abogacía, Romulo Artieda, y torturas.

El día de la sentencia, es recordado además por la amenaza de muerte que la activista Cecilia Pando, hizo en la Sala al secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde.

El segundo juicio, se realizó en 2009, fue el denominado “Causa Ayala”, en el que fue condenado a 25 años de prisión el ex funcionario policial de la provincia, Diego Manuel Ulibarrie, por la desaparición de Vicente “Cacho” Ayala, Julio César Barozzi, Orlando Romero y Jorge Saravia Acuña.

Bussi y Menéndez serán sometidos a un nuevo juicio oral por delitos de lesa humanidad en Tucumán

Bussi y una compañía de menores (¡!)
El juez federal de Tucumán, Daniel Bejas, elevó a juicio oral una nueva causa contra los represores Luciano Benjamín Menéndez y Antonio Domingo Bussi por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar.

Bussi y Menéndez están acusados por los delitos de violación de domicilio, privación ilegítima de la libertad con apremios y vejaciones, y tormentos en perjuicio de Emma del Valle Aguirre, ex detenida del centro clandestino de Nueva Baviera.

En esta causa también está imputado el ex comisario Miguel Angel Moreno, por asociación ilícita agravada y tormentos.

Bejas, a cargo del juzgado federal 1, procesó a Bussi por considerar que "resulta responsable de los delitos de violación de domicilio en calidad de autor mediato, privación ilegítima de la libertad con apremios y vejaciones, y del delito de torturas como autor material directo", todos ellos en perjuicio Aguirre.

Emma del Valle Aguirre fue secuestrada de su domicilio ubicado en ruta nacional 38, antes de llegar al camino viejo que va hacia la localidad tucumana de Simoca.

El día de su secuestro llegaron varias personas de civil y encapuchados, tiraron la puerta de su casa a patadas y la sacaron con los ojos vendados y la subieron a una camioneta.
Ya en su lugar de detención ilegal, una noche Aguirre fue sometida a torturas y se le cayó la venda.

Según su testimonio, vio a Bussi que daba las instrucciones y también al entonces comisario Moreno, quien era el que le ponía una botella de agua en la boca durante la tortura.

En la madrugada del 6 de marzo de 1977 la dejaron en el campo, detrás de un montículo de áridos cerca de Acheral.

Mendoza: comenzaron los alegatos del juicio a 10 represores por delitos de lesa humanidad

El Tribunal Oral Federal comenzó ayer los alegatos en el juicio por delitos de lesa humanidad que se sustancian en esta capital desde el 17 de noviembre de 2010, con diez imputados en 19 causas por asesinatos, desapariciones, violaciones y torturas durante la dictadura militar.

El principal imputado, el ex comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, aún no ha podido concurrir -se estima su presencia para mediados de octubre-, y esto fue señalado en la apertura de los alegatos el querellante por el Movimiento Ecuménico de los Derechos Humanos, Pablo Salinas.

El salón del alto tribunal contó con una importante concurrencia, entre ellos, numerosos testigos y víctimas de la dictadura militar.

“Comienza la etapa más importante del juicio oral con la apertura de los alegatos porque es este el momento en que las partes valoran las pruebas que se ha rendido en el expediente”, resaltó Salinas.

El representante mendocino de la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación, Pablo Garciarena, ponderó el resultado del juicio por delitos de lesa humanidad “en el marco de un proceso que se inició en 2003 con la gestión de Néstor Kirchner, que tomó y acompañó la lucha de los organismos que desde 1983 vienen combatiendo contra la impunidad”.

“Hay una política pública clara en materia de derechos humanos, de acompañar estos procesos judiciales contra la impunidad en cada una de las causas judiciales en las cuales estén ventilando hechos ocurrido en ese período, persiguiendo y buscando condenar los responsables”, evaluó Garciarena, al finalizar los alegatos.

El 17 de noviembre de 2010 comenzó el juicio por delitos de lesa humanidad con diez imputados, de los cuales falleció el ex titular de la Brigada de Montaña ocho general Juan Pablo Saa.

Fueron separados de la causa por enfermedad Mario Ramón Lépori, Armando Fernández y Tamer Yapur, y continúan seis de los cuales solo tres estaban presentes ayer.

Pablo Salinas calificó de “histórico este primer juicio por crímenes contra la humanidad, donde vamos evaluar el marco histórico donde se produjeron estos crímenes en la etapa más cruel que le tocó vivir a la Argentina como nación desde su nacimiento”.

Efectuó su reseña desde el derrocamiento del general Juan Domingo Perón, destacando el rol de las Fuerzas Armadas contra el peronismo y además la formación y capacitación para torturar y metodologías influenciadas por militares franceses y el rol de los Estados Unidos basado en los testimonios efectuados en el juicio por la periodista francesa Marie Monique Robin.

En otra parte, Salinas recordó que “lo sucedido -durante la dictadura militar- tuvo que ver con la aplicación de un Plan Criminal para aplicar un determinado modelo económico como hicieron los grupos (Álvaro) Alsogaray y Martínez de Hoz”.

“La época más oscura de la argentina como nación ha sido la dictadura militar y por lo tanto siempre se ha pretendido de parte de grupos económicos y del poder ocultar lo sucedido”, reflexionó Salinas.

Denunció al actual Camarista Federal Otilio Roque Romano por sus actitudes de “complicidad” con los hombres de la dictadura y que espera sea juzgado.

La jornada de alegatos continuará hoy con la exposición de los distintos casos.

Se reanudan los juicios por delitos de lesa humanidad


Bignone y Videla. | Vuelven al banquillo. | Foto: Archivo.

Siete juicios por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, que tienen sentados en los banquillos de los acusados a sus principales jerarcas, se reanudan con motivo de la finalización de la "feria judicial" de invierno.
En la Capital Federal el Tribunal Oral Federal 6 reanuda hoy el proceso en el que son juzgados los represores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, junto a otros seis imputados, por 35 casos de apropiación de menores.
En esa causa, conocida como "Plan Sistemático", junto a Videla y Bignone, son juzgados Rubén Oscar Franco, Jorge "el tigre" Acosta, Antonio Vañek, Santiago Omar Riveros, Jorge Azic y el médico Jorge Luis Magnacco, imputados por sustracción, retención, ocultación y sustitución de identidad de menores de 10 años.

También en la Capital, el Tribunal Oral Federal 5 lleva adelante el juicio por gravísimas violaciones a los derechos humanos cometidos en el centro clandestino de detención que funcionaba en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA).
Los jueces Daniel Obligado, Germán Castelli y Ricardo Farias encabezan el proceso, que continuó durante el receso invernal, en el que se investigan, entre otros delitos, las desapariciones de las monjas francesas Leónie Duquet y Alice Domon y del periodista Rodolfo Walsh; y que se encuentra en la etapa de alegatos.

Por su parte el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Bahía Blanca reanudará el 9 de agosto el debate en el marco de la causa denominada "Bayón, Juan Manuel y otros", donde se investigan delitos de lesa humanidad cometidos en perjuicio de 90 víctimas en el área del V Cuerpo del Ejército.

El Tribunal Oral Federal de Corrientes retomó el 27 de julio último el juicio por el denominado "caso Panetta" contra los ex policías Dermidio Ramón Romero, Juan Antonio Obregón y Romualdo Baigorria; los ex militares Juan Ramón Alcoberro, Alberto Silveira Escamendi, Edmundo Bertolero y Leopoldo Cao, y el ex efectivo de la Prefectura Luis Leónidas Lemos.

En tanto se reanuda hoy, en Mar del Plata, el proceso donde se juzga a 17 imputados por crímenes contra los derechos humanos en perjuicio de 85 víctimas ocurridos en la Comisaría Cuarta de esa ciudad, el centro clandestino "La Cueva" (ex radar Base Aérea Mar del Plata), en la Comisaría Primera y en la subcomisaría Villa Díaz Vélez de Necochea.

En Mendoza, el Tribunal Oral Federal Uno, integrado por los jueces Antonio González Macías, Alejandro Piña y Héctor Cortés, retomó el 26 de julio el juicio por delitos de lesa humanidad en el que se acumulan 17 causas en perjuicio de dos docenas de víctimas.

El Tribunal Oral Federal Dos de Rosario desarrolla el juicio oral contra el ex jefe del Segundo Cuerpo de Ejército Ramón Díaz Bessone y otros cinco imputados a quienes se imputa los hechos ocurridos en el centro clandestino de detención que funcionó en dependencias de la Sección Informes de la Jefatura de Policía de Rosario, en perjuicio de 86 víctimas.

En Salta, en tanto, el Tribunal Oral Federal local reanudó el 25 de julio último el juicio por la desaparición del ex gobernador de esa provincia Miguel Ragone, el homicidio del comerciante Santiago Arredes y las lesiones sufridas por Margarita Martínez de Leal; por el que son juzgados Luciano Benjamín Menéndez, ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, y otros siete represores.

La doble cara de los “K” en derechos humanos; por José Vales

 La política en materia de derechos humanos del gobierno Kirchner es una moneda de dos caras. Éstas fueron apareciendo a lo largo de casi ocho años de “reinado”, con la anulación de las leyes de impunidad y la cooptación de muchos organismos de derechos humanos, con el impulso de los juicios y el rescate de la memoria, y con acusaciones ligeras a aquellos que consideró “enemigos” y la falta de respuestas a la violación de derechos humanos que cada día se lleva a cabo en cárceles y delegaciones policiales.

Dos caras de una pieza numismática que por un lado tiene la efigie del extinto ex presidente, Néstor Kirchner (2003-2007), y por el otro la de la presidenta Cristina Kirchner, pero con el mismo valor a la hora de hablar de poder o de un modelo político.

Fue la estrategia en materia de derechos humanos plasmada en 2003 —inmediatamente después de la extradición de México a España del ex director del Renave, Ricardo Cavallo (con pasado de represor durante la dictadura militar)— la que utilizó Kirchner por entonces para definir a su gobierno como “progresista”.

Los juicios siguen avanzando y un vasto sector ve saciada su sed de justicia por los delitos aberrantes cometidos desde el Estado en la etapa más tenebrosa de la historia argentina

Hasta llegar allí el camino tuvo sus paradas. Fueron gestos como hacer descolgar el cuadro del dictador Jorge Videla del Colegio Militar, el desalojo de la Armada del edificio de la ESMA (donde funcionó el centro de exterminio más grande de la dictadura) y la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, los que fueron definiendo una política que los Kirchner —él como gobernador de Santa Cruz e intendente de Río Gallegos (1987-1991) y ella como legisladora nacional—, jamás habían apoyado.

Usos y costumbres

“Hay muchos testimonios que recuerdan que ni siquiera celebraban un recordatorio del 24 de marzo, e incluso que ni siquiera apoyaron una visita de las Madres de la Plaza de Mayo a Río Gallegos”, recuerda el escritor y periodista Martín Caparros, que acaba de publicar su último libro Argentinismos, en el que no sólo desmenuza el poder de los Kirchner sino también ahonda y cuestiona “la utilización que hacen de los derechos humanos”. Esa utilización quedó de manifiesto en las últimas semanas, con el escándalo que se desató en la fundación Sueños Compartidos, de las Madres de la Plaza de Mayo, que lidera Hebe de Bonafini.

Ese acercamiento de las Madres de la Plaza de Mayo —históricamente críticas de los sucesivos gobiernos—, a la administración K, fue derivando en un programa de construcción de viviendas para las familias más humildes, con dineros aportados por el ministerio de Planificación, a cargo de Julio De Vido.

Para ellos la fundación, cuyo apoderado era Sergio Schoklender, un ex convicto por haber asesinado a sus padres en la década de los 80 al que Bonafini había “adoptado” (como ella misma declaró), tiene faltantes de dinero por más de 40 millones de pesos, deudas provisionales por casi 3 mdd (según fuentes del Anses, que administra los aportes jubilatorios, consultadas por El UNIVERSAL) y un presunto desvío de fondos que la Justicia está investigando y que tiene a Schoklender en situación de procesado.

El ex apoderado presentó pruebas a la justicia para demostrar que todo lo actuado llevaba la firma de Bonafini, lo que podría llevar a la histórica dirigente a los estrados judiciales.

“Es evidente que hubo una utilización de los organismos por parte del gobierno y de una cosa tan cara para todos como los derechos humanos, para atacar a los hijos de la señora (Ernestina Herrera) de Noble (propietaria de Clarín). En el caso de las Madres existe la responsabilidad a priori de confundir los roles. Un organismo de derechos humanos está para velar porque se cumplan los juicios, porque no se violen nuevamente esos derechos, pero no para convertirse en una empresa y construir casas”, opinó la ex ministra y ex presidenta de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, Graciela Fernández Meijide.

Pero no fue solamente la organización que lidera Bonafini la que terminó en las garras del gobierno alimentada con fondos estatales sin ningún tipo de control. Algo similar ocurrió con las Abuelas de la Plaza de Mayo, que lidera Estela de Carlotto, duramente cuestionadas por estos días, ya que llevó adelante la acusación contra la viuda de Noble por apropiación ilegal de menores. Cargos que ahora, con los resultados de los exámenes de ADN practicados a Marcela y Felipe Noble Herrera, quedarían si efecto.

Asuntos pendientes

Pero si algo se le quedó en el tintero al gobierno en materia de derechos humanos, es explicar por qué apoyó a Gerardo Martínez, líder del sindicato de trabajadores de las Construcción para llegar a la cima de la Confederación General del Trabajo (CGT) cuando contaba con un informe sobre su pasado como agente de inteligencia de la dictadura y la situación en las cárceles y comisarías de la provincia de Buenos Aires y en otras regiones del país, que alertó en marzo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Eso sin contar lo poco y nada que desde el gobierno argentino se ha hecho a favor de la aparición de Julio López y Luciano Arruga, los dos desaparecidos en el 2006 y 2009, respectivamente, en plena democracia y en pleno kirchnerismo, lo que no es más que una muestra más de las dos caras de la moneda kirchnerista de los derechos humanos.

La impunidad a toda vela: dos jefes de la represión a casita

La Cámara de Casación concedió arresto domiciliario a Bignone y a Riveros.

El Tribunal Oral dispuso que la condena a perpetua se cumpliera en una cárcel común, pero Casación consideró que esa medida era “arbitraria”. Denuncian que el fiscal Romero Victorica no fue a la audiencia en la que se resolvió el tema.

 Por Adriana Meyer

“Una burla más del sistema judicial.” Así calificó Iris Avellaneda el fallo de la Cámara de Casación que otorgó el beneficio del arresto domiciliario a los genocidas Reynaldo Bignone y Santiago Omar Riveros, condenados a prisión perpetua por el asesinato, entre otros casos, de su hijo de 15 años, el “Negrito” Floreal Avellaneda, cometido durante la dictadura. La mujer, a su vez sobreviviente del centro clandestino El Campito que funcionó en Campo de Mayo, anunció que apelará la resolución y que denunciará al fiscal de Casación Juan Martín Romero Victorica por no concurrir a la audiencia convocada por el tribunal para resolver el pedido de los represores, finalmente concedido, de purgar su condena en la comodidad de sus hogares.

Entre abril y agosto de 2009, Iris Avellaneda estuvo todos los días en la primera fila, sentada junto a su marido Floreal, durante las audiencias del juicio que llevó adelante el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín. Ayer recordó que esos jueces “condenaron a Santiago Omar Riveros por el asesinato de mi hijo y las torturas que me propinaron en el centro clandestino de Campo de Mayo a la pena de prisión perpetua de cumplimiento en cárcel común”. En aquel momento, la defensa oficial del imputado solicitó que el cumplimiento de la condena fuera en su domicilio, petición que fue denegada por el tribunal que lo condenó expresando específicamente que el beneficio no correspondía “en virtud de la gravedad y el carácter de los delitos sancionados (crímenes de lesa humanidad), las altas penas a las que había sido condenado”, y aplicó la regla general según la cual “quienes resulten condenados por estos delitos cumplan la sentencia en cárcel común”.

Hace dos semanas, los jueces de la Sala 2 de la Cámara de Casación, Guillermo Yacobucci, Juan Fégoli y Luis García, revocaron esa parte de la sentencia porque consideraron “arbitraria” la decisión de que cumplan la condena en cárcel común, y dictaron el cumplimiento de la pena en su casa. “La resolución invoca la avanzada edad de ambos, que son octogenarios, pero creemos que no cambiaron sus condiciones de salud, de modo que no corresponde modificar un aspecto sustancial de la condena”, dijo una de las abogadas del caso, Sabrina Dentone, de la Liga Argentina de los Derechos del Hombre (LADH). Ese organismo de derechos humanos analiza la posibilidad de apelar el fallo mediante un recurso extraordinario ante la Corte Suprema, en forma conjunta con las demás querellas que participaron de aquel proceso. Hasta ayer, la medida que beneficia a los genocidas no se había hecho efectiva, porque estaba pendiente una notificación a la fiscalía de Casación, según comentó a Página/12 Pedro Dinani, otro de los letrados de la LADH que representó a los Avellaneda.

Avellaneda y su madre fueron detenidos por una patrulla militar y policial en un violento allanamiento a su casa de Munro. Los represores buscaban a su padre, un delegado sindical comunista, que logró escapar. Iris y el Negrito Floreal fueron llevados primero a una comisaría y luego a Campo de Mayo, cuya máxima autoridad era Bignone, como comandante de Institutos Militares. Meses después el cuerpo del chico apareció en la costa de Uruguay con signos de haber sido salvajemente torturado y muerto por empalamiento, y la madre fue enviada a la cárcel de Olmos.

Respecto de la ausencia del fiscal Romero Victorica en la audiencia sobre el pedido de prisión domiciliaria de Bignone y Riveros, Avellaneda dijo que espera “una investigación y la correspondiente sanción al miserable colaborador de los genocidas que hace tiempo debiera haber sido removido” de su cargo. “Esta decisión es contraria a la jurisprudencia mayoritaria que se ha elaborado en ese sentido y a toda razón de justicia y beneficia a quienes han cometido crímenes de lesa humanidad”, se lamentó Iris. Y advirtió que “lo que se busca con estas decisiones es tornar nula la justicia por la que hemos luchado por más de treinta y cinco años, se les permite pasar el resto de sus vidas en su casa, rodeados de sus afectos, lo que les fue negado a los 30.000 compañeros desaparecidos”.

Gracias a la impunidad institucional: un represor es un héroe porque lo mataron en la guerra de Malvinas

El héroe que resultó represor
El capitán Pedro Eduardo Giachino ordenó matar en 1977 a un detenido encapuchado, esposado y de rodillas.

Escuelas, calles, plazas recuerdan a Giachino como el primer caído en la Guerra de Malvinas. Alfredo Molinari contó que lo castigó por no cumplir la orden de ejecutar a un secuestrado.
Por Gustavo Veiga
La historiografía oficial trata como a un héroe al capitán de fragata Pedro Edgardo Giachino desde que cayó en combate en Puerto Argentino el 2 de abril de 1982. Esa aureola de protagonista insoslayable en la Guerra de Malvinas hace cortocircuito con su pasado como represor de la dictadura. Un pasado elusivo, no demasiado difundido, a no ser porque el Concejo Deliberante de Mar del Plata decidió retirar en junio su imagen del recinto de sesiones por pedido de los organismos de derechos humanos que conforman la Comisión Permanente por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Los motivos esgrimidos para solicitar que su fotografía no compartiera el mismo espacio con otros ex combatientes y los rostros de 436 desaparecidos marplatenses, se robustecen con la denuncia judicial de un ex subordinado suyo, Alfredo Molinari. Ante un juez federal de Santiago del Estero declaró que el marino le ordenó matar en 1977 a un detenido encapuchado, esposado y de rodillas, acto al cual se negó. “Basura, usted no se merece ser un infante de Marina, mándese a mudar de aquí”, dijo que lo reprendió su superior.

En agosto del ’78, Molinari fue degradado a marinero de segunda, arrestado y enviado al frente durante el conflicto limítrofe con Chile, hasta que solicitó la baja en febrero de 1979. Familiares de las víctimas del terrorismo de Estado acaban de solicitar que se le tome declaración testimonial en la causa Campo de Mayo, donde se investigan delitos de lesa humanidad cometidos en el área 400, como se conocía al eje Zárate-Campana. En esa zona, el por entonces teniente de navío Giachino le exigió dispararle a aquel prisionero inerme, según consta en un expediente judicial al que accedió .

“Una noche, cuando el declarante se encontraba recorriendo el lugar asignado, alrededor de la 1.30 o 2 de la mañana, suena un equipo de comunicaciones, ordenándole Giachino que regrese a la base. Cuando llega al lugar (...) en una pieza que la ocupaban para interrogatorio, yacía en el piso un hombre, no le vio la cara ni puede calcular su edad, estaba encapuchado, atado de pies y manos, con su cabeza apoyada sobre una bolsa de equipo. Cuando el declarante ingresó, el hombre estaba de rodillas, esposado. Giachino le ordenó al declarante que saque su arma, que la cargue y que mate al detenido. Al declarante se le erizaron los pelos de su cuerpo, pues todo esto lo tomó de sorpresa. Nunca se imaginó que llegaría a estar en una situación como ésa. Recuerda que sacó su arma y volvió el martillo, negándose a cumplir la orden de matar al detenido. Entonces Giachino lo empezó a tratar de cobarde, diciéndole “‘basura’, usted no se merece ser un infante de marina, mándese a mudar de aquí”. También le dijo “‘bípedo, yo me voy a encargar de usted’, entre muchos insultos”. Este párrafo de la declaración testimonial de Molinari data del 24 de febrero de 2010. Se la tomaron el juez federal de Santiago del Estero, Guillermo Daniel Molinari y su secretario, Federico Bothamley. Cuando compareció dijo que lo hacía para denunciar los delitos aberrantes que presenció en las Fuerzas Armadas mientras tuvo grado militar, entre enero de 1975 y febrero de 1979.

El ex cabo segundo de la Infantería de Marina recordó que al día siguiente de negarse a ejecutar al detenido, lo excluyeron de sus funciones de patrullaje sobre el puente Zárate-Brazo Largo (en esa época todavía no estaba habilitado) y lo mandaron de retén a la guardia durante veinte horas al día. Molinari describe otra represalia que sufrió. Una noche le ordenaron nuevamente que se presentara en la zona restringida. Nunca supo si por indicación de Giachino. “Al llegar a ese lugar –cuenta– fue recibido por gente encapuchada que se llamaban entre sí por sus nombres de guerra. Allí le dieron un balde y un trapo para que limpie la pieza donde ellos hacían sus interrogatorios, una tarea denigrante para un militar de carrera como lo era el declarante. Al efectuar la limpieza, advirtió la presencia de orina y encontró un diente. Había un olor muy penetrante. Se escuchaban llantos y clamor de gente que el declarante presume se encontraba detenida en ese lugar, pero a la que no podía ver.” Molinari también detalla en su declaración que Giachino se presentó otra noche en la guardia para que estuvieran atentos a la inminente llegada del almirante Emilio Massera. Señala que el genocida se reunió con quien en ese momento era teniente de corbeta, y que ambos “se dirigieron a la zona de detenidos y luego de treinta o cuarenta minutos” el almirante y su comitiva, que habían arribado en dos Ford Falcon, se retiraron. Declara que a Massera lo vio en el área 400 en un par de oportunidades y que, tras permanecer casi dos meses en Zárate-Brazo Largo, retornó en tren con sus demás compañeros a la base de Punta Alta.

En su testimonio ante el juez federal, Molinari –quien vive en Santiago del Estero– pide “perdón a todas las madres que perdieron a sus hijos y a todos aquellos familiares que lloran con dolor la ausencia de sus seres queridos”. Además sostiene que “se siente avergonzado de haber integrado las Fuerzas Armadas y, como personal subalterno, se siente avergonzado de sus superiores que lo dirigieron, poniéndose a entera disposición de la Justicia para el momento que lo requieran, pidiéndoles a los señores jueces que revean su situación, por la que fue humillado y despojado de sus derechos adquiridos”.

Por esta declaración, el abogado Pablo Llonto le solicitó al Juzgado Federal y Correccional Número 2 de San Martín a cargo de Juan Manuel Yalj, que se cite a Molinari a declarar para ampliar su testimonio en la causa Campo de Mayo, caso 296, relacionado con el sistema represivo en el área 400 de Zárate-Campana.
Giachino y Mar del Plata

El primer militar argentino muerto en el conflicto del Atlántico Sur pasó por diferentes destinos antes de pelear en Malvinas. Uno de ellos fue la Base Naval de Mar del Plata. Según el abogado César Sivo, quien patrocina a víctimas del terrorismo de Estado en esa ciudad, “hay testigos que hacen referencia a Giachino desde los primeros juicios, como el de Rosa Ana Frigerio. Se lo menciona nuevamente en el Juicio por la Verdad que comenzó en febrero de 2001, pero no existía una investigación direccionada hacia él porque había caído en Malvinas. Los testimonios recogidos señalan que era el encargado de la seguridad en todo el perímetro de la base, lo declaran oficiales médicos, conscriptos. Nunca se pidió su legajo porque estaba muerto. Es significativo que todos los integrantes de los grupos de tareas, los más duros, pelearon en Malvinas. No es un dato menor”.

La figura del capitán de fragata nacido el 28 de mayo de 1947 en Mendoza genera sentimientos encontrados en la principal ciudad balnearia del país. La Comisión Permanente por la Memoria, la Verdad y la Justicia local pidió dos veces la remoción de un cuadro con la imagen de Giachino que colgaba en el recinto de sesiones del Concejo Deliberante. La medida fue apoyada por algunas agrupaciones de ex combatientes de Malvinas, como el Cecim de La Plata o la red Compromiso Social con Malvinas. Carmen Ledda Barreiro, de Abuelas de Plaza de Mayo, valoró que “se haya quitado la imagen de un genocida” y Carlos Díaz, presidente de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, se sumó también a la iniciativa: “Este hombre no puede tener un cuadro en un cuerpo deliberativo de la democracia”. Asimismo recordó que en la causa 4447 quedó comprobado que “buzos tácticos Mar del Plata formaban parte del centro clandestino de detención y tortura que funcionó en la Base Naval local, y el conscripto Juan José María Parietti relató con mucha claridad cómo eran las instalaciones y cuál era el funcionamiento del proyecto del pelotón de vigilancia y seguridad del cual Giachino era responsable en 1976”.

En Mar del Plata hay sectores que piensan muy distinto del marino; son los que anteponen al combatiente de Malvinas sobre el represor. Ya se movilizaron hacia la Municipalidad cuando se enteraron de que el presidente del Concejo Deliberante, Marcelo Artime, de Acción Marplatense –el partido en el gobierno–, había quitado el cuadro de Giachino. La ONG Crux, que preside el ex concejal Julio Lobato, difundió su posición a mediados de junio abrevando en nuestra historia emancipadora: “Ya lo dijo el sargento Cabral. ‘¡Viva la patria aunque yo perezca!’ el 3 de febrero de 1813. Esa misma actitud la tuvo el capitán de fragata Giachino el 2 de abril de 1982. Respetemos su ejemplo y su memoria. No dejemos que la politiquería barata avance contra nuestros héroes”.

Una de sus hijas, Karina, se mostró consternada: “No sé qué hacer, ni con quién hablar. Estoy desconcertada, no parece que esto esté sucediendo, pero no va a quedar así. Voy a mover cielo y tierra para que esta locura se termine”, les dijo a medios locales. La madre del militar le envió una carta abierta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner: “Resulta no sólo doloroso, sino insultante, que se denigre en esa forma la memoria de un héroe nacional que con su sangre devolviera a la patria su íntegra soberanía, mancillada desde 1833 por el usurpador inglés”, escribió en uno de sus párrafos María Delicia Rearte de Giachino.

El legajo del oficial naval ascendido posmortem habla por él. Mientras revistaba en la Escuela de Oficiales de la Armada, dejó asentados dos deseos: “Ocupar un puesto que me permita intervenir activamente en la lucha contra la subversión” y “efectuar el Curso de Guerra Subversiva en la Escuela de las Américas de Panamá”. El capitán de fragata Juan Carlos Moeremans, quien evaluaba sus antecedentes, le sugirió a la superioridad el destino más adecuado para su perfil: “Debe ser destinado a una unidad operativa”.

Se inicia juicio político al fiscal colaborador con la dictadura

La procuración inició el juicio político al fiscal Juan Martin Romero Victorica
El inicio del proceso de destitución

El Tribunal de Enjuiciamiento del Ministerio Público inició el proceso en base a la denuncia de la nieta recuperada Victoria Montenegro, quien contó que el fiscal de Casación le pasaba información a su apropiador sobre el juicio en su contra.

 Por Adriana Meyer

La Procuración General de la Nación –cabeza del Ministerio Público, es decir, de todos los fiscales del país– inició el proceso de enjuiciamiento de Juan Martín Romero Victorica, fiscal de Casación acusado de haber anticipado al apropiador de Victoria Montenegro información acerca de una causa en su contra. Esta hija de desaparecidos había denunciado que Romero Victorica llamaba a su casa para hablar con su apropiador, el fallecido coronel Herman Tetzlaff, para contarle cómo avanzaba el proceso penal en el que estaba acusado por su apropiación. En su descargo ante el Consejo Evaluador de la Procuración, el fiscal negó las imputaciones, pero ese organismo consideró que sus explicaciones “no resultan suficientes” como para desestimarlas, según la resolución. De esta forma se puso en marcha el jury contra Romero Victorica en el Tribunal de Enjuiciamiento del Ministerio Público, que deberá establecer si los cargos ameritan “su remoción por configurar la causal de mal desempeño” de sus funciones.

A fines de mayo, Romero Victorica se había negado a realizar su descargo en el sumario inicial, pero lo hizo ante el Consejo que debía resolver si lo enviaba a juicio. Montenegro había hecho su detallada acusación durante la audiencia del 25 de julio del juicio oral y público por la apropiación sistemática de menores durante la dictadura, ante el Tribunal Oral Federal 6. Montenegro recuperó su identidad y supo que es hija biológica de Hilda Torres y Roque Montenegro, dos militantes del ERP que murieron en 1977. La joven denunció que Tetzlaff le confesó que había matado a sus padres y que le mostró el arma con la que cometió esos crímenes.

El Consejo Evaluador de la Procuración analizó el DVD de esa audiencia, del cual se desprende que:

- Tetzlaff tenía amigos “ubicados estratégicamente” que lo iban poniendo al tanto de cómo iban las cosas (...) Cuando comenzó a intervenir el (ex) juez (Roberto) Marquevich “se les va de las manos la situación”.

- Romero Victorica llamó a su casa y le dijo que “se quede tranquila, que él iba a poner a unos amigos para que lo saquen” (cuando Tetzlaff fue detenido).

- Luego de una visita de Tetzlaff a Romero Victorica comentó que harían un allanamiento para obtener muestras para comparar los ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos.

- Romero Victorica “le puso” tres abogados a Tetzlaff: Anzoátegui, Casal y Romero Victorica, sobrino del fiscal, que la familia no podía pagar.

- El juicio por su apropiación se dilató muchísimo por la intervención del fiscal, que sabía que ella era una niña apropiada y estaba al tanto de que Tetzlaff había sido el asesino de sus padres.

Romero Victorica declaró que los dichos de Montenegro no se compadecen con la realidad y que “obedecen a mandatos que ha recibido de personas cuya identidad desconoce, pero que persiguen su perjuicio funcional y desprestigio personal”. Agregó que “sólo había reconfortado a Montenegro y que no había incurrido en ninguna conducta que resultase reprochable moral, administrativa o penalmente”. De hecho, esta situación está siendo investigada penalmente por la Justicia Federal. Por su parte, el Consejo determinó que “la singularidad de los dichos de Montenegro y su gravedad son suficientes para elevar las actuaciones a conocimiento y decisión del Tribunal de Enjuiciamiento del Ministerio Público”, un organismo integrado por fiscales, jueces, miembros del Poder Legislativo y de colegios de abogados que producirá sus propias pruebas, y cuyas audiencias son públicas.

Confirman el procesamiento al juez mendocino Otilio Romano por delitos de lesa humanidad

La Cámara Federal de Mendoza confirmó el 5/7/11 el procesamiento del camarista mendocino Otilio Romano por 17 acusaciones vinculadas a crímenes de lesa humanidad en la última dictadura militar, cuando se desempeñaba como fiscal federal de esa provincia.

Según el fallo difundido, el tribunal de apelaciones revocó además la falta de mérito de la que gozaba el camarista y lo procesó por evitar desde la obligación de su cargo, impulsar la persecución y enjuiciamiento de delincuentes, en el caso de una víctima, Rebeca Manrique Terrera.

En la causa donde ya está procesado por otros 76 hechos, se lo acusa de "presunta omisión sistemática y prolongada en el tiempo de promover la persecución y represión de los delitos que habría tomado conocimiento durante su desempeño como fiscal federal".

Se trata de delitos cometidos por personal de las fuerzas armadas y de seguridad entre 1975 y 1983 "facilitando de tal modo la impunidad de los responsables de dicho plan y la continuidad del mismo, en las presuntas torturas y privaciones ilegítimas de la libertad".

"El método acordado, concordante con el plan sistemático implementado en la llamada “lucha antisubversiva”, era “no hacer”, no iniciar investigaciones, no atribuir ningún delito a ningún funcionario militar o policial, no citar a declarar a nadie que pudiera dar datos para individualizar a los responsables", recordaron los camaristas.

Para los jueces, "los represores conocían que podían actuar sin preocupaciones ya que desde la magistratura de la justicia federal de Mendoza le aseguraban una `zona liberada` jurisdiccional".

En la dictadura hubo una "reiteración sistemática de este `no hacer` en todas las causas judiciales: la declaración y asunción de la competencia federal, el rechazo de los habeas corpus, la no realización de medida investigativa alguna en las causas por la privación ilegítima de la libertad", puntualizaron.

Para la Cámara "este es el aporte sustancial del juez federal subrogante (Luis) Miret y del fiscal federal Romano al “plan represivo”, siendo lo que nos conduce a sostener que existen pruebas que en este estadio procesal señalan que los procesados eran parte del plan" El ex camarista Luis Miret fue destituido por el Consejo de la Magistratura tras un jury de enjuiciamiento donde se lo encontró culpable de delitos vinculados a causas por delitos de lesa humanidad.

"La actuación de Romano (y de Miret), además, fue concomitante con el inicio del plan y permaneció sostenida durante la ejecución de aquél", concluyeron.

Se cumplen 35 años del asesinato a representantes de la Iglesia durante la última dictadura

Hoy se cumplen 35 años de la Masacre de San Patricio, en la que fueron asesinados tres curas palotinos y dos seminaristas, pero este hecho, tal vez el más sangriento, no es el único que enlutó a la Iglesia Católica durante el terrorismo de Estado en la Argentina.
Los sacerdotes y seminaristas palotinos asesinados.fueron : ALFREDO LEADEN,  ALFREDO JOSÉ KELLY , PEDRO EDUARDO DUFAU,. SALVADOR BARBEITO DOVAL, EMILIO JOSÉ BARLETTI,

Los asesinatos del sacerdote Carlos Mujica en 1974, a manos de la Triple A, y de los obispos de La Rioja, Enrique Angelelli, y de San Nicolás, Carlos Ponce de León, son algunos ejemplos de religiosos enrolados en la defensa de los derechos humanos que fueron asesinados por defender sus ideas.

Si bien parte de la Iglesia Católica fue cómplice del régimen militar, hubo una minoría que luchó contra las atrocidades que se cometieron.

Este grupo se caracterizó por la expresa condena a las violaciones de los derechos humanos, la participación en manifestaciones, cartas y homilías públicas contra el accionar represivo, las denuncias al exterior y el acompañamiento a los familiares de desaparecidos.

Según el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, al menos dieciocho sacerdotes fueron asesinados o figuran como desaparecidos; otros diez curas estuvieron presos en la dictadura; y treinta fueron secuestrados y derivados a los centros clandestinos de detención y luego liberados.

Asimismo, once seminaristas fueron asesinados o figuran como desaparecidos, y se cree que son más de medio centenar los católicos laicos víctimas de la represión ilegal.

El primer religioso asesinado fue el padre Carlos Mujica quien fue ametrallado el 11 de mayo de 1974 en esta ciudad, cuando la Triple A realizaba la persecución para eliminar a la "guerrilla".

En la actualidad es el juez federal Norberto Oyarbide quien investiga los crímenes atribuidos a la Triple A.

Ya bajo la dictadura cívico-militar, las primeras víctimas de la Iglesia aparecieron en la provincia de La Rioja.

El 18 de julio de 1976, el párroco francés Gabriel Longueville y el sacerdote Carlos de Dios Murias fueron secuestrados en la parroquia El Salvador, de El Chamical, y sus cuerpos fusilados, con los ojos vendados, aparecieron en un descampado al sur de la ciudad.

Hoy el sitio se denomina Los Mártires y un oratorio honra sus memorias.

El ex titular del tercer cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, es uno de los principales imputados en la causa por el asesinato de los sacerdotes Murias y Longueville.

Paralelamente, se instruye también en el Juzgado Federal de La Rioja la investigación por la muerte, en un accidente automovilístico confuso, del obispo de La Rioja monseñor Enrique Angelelli, ocurrida el 4 de agosto también de 1976.

Angelelli viajaba a Buenos Aires en una camioneta con la denuncia sobre el secuestro y homicidio de los dos sacerdotes.

El obispo riojano no desconocía su situación, por lo que en más de una oportunidad puso a disposición de las más altas autoridades eclesiástica su renuncia.

"Es hora de que la Iglesia de Cristo en la Argentina discierna a nivel nacional nuestra misión y no guarde silencio ante hechos graves que se vienen sucediendo", decía Angelelli en una carta a su confidente, Monseñor Zaspe, en abril de 1976. Y agregaba: "O nos respaldamos en serio o que se busque otro pastor para esta diócesis”.

Los religiosos palotinos Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, fueron asesinados en la madrugada del 4 de julio de 1976 por un grupo de tareas que ingresó por la fuerza a la iglesia de San Patricio, en el barrio de Belgrano.

Los religiosos fueron sorprendidos mientras dormían, atados y golpeados y luego ejecutados por la espalda.

Unas horas más tarde, un hombre que cada domingo tocaba el órgano durante la misa halló los cadáveres acribillados -algunos habían recibido más de 60 balazos- junto a la leyenda "Esto les pasa por envenenar la mente de la juventud".

La "Masacre de San Patricio" nunca fue esclarecida, aunque algunos testigos coincidieron en que los autores pertenecían a un grupo de tareas de la ESMA, el principal centro de detención y torturas de la dictadura.

En tanto, monseñor Carlos Ponce de León, obispo de San Nicolás de los Arrollos, también fue asesinado en un confuso accidente el 11 de julio de 1977.

Aquel día se dirigía a la Capital Federal para entregar a la nunciatura documentación relativa a la represión ilegal implementada en la provincia de Santa Fe.

La documentación desapareció luego del supuesto accidente y según el relato de un colaborador del obispo, en una reunión luego del entierro de Angelelli, Ponce de León había comentado: "Ahora me toca a mí".

La causa por la muerte del obispo Ponce de León se encuentra estancada a la espera de que la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario se expida sobre el pedido de recusación por retardo de justicia formulado contra el juez federal Carlos Villafuerte Ruzo en julio del año pasado.

Uno de los casos que tomó más trascendencia a nivel internacional fue el de las monjas francesas de las Misiones Extranjeras, Alice Domon y Léonie Duquet, cuya desaparición ocurrió en diciembre de 1977, junto a denominado grupo de la Iglesia de la Santa Cruz que integraban las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo.

Por la desaparición de las Domon y Duquet, antes de que se anularan las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en la Argentina, la justicia francesa condenó a cadena perpetua al represor de la Armada, Alfredo Astiz, quien por estos crímenes hoy si es juzgado en nuestro país.

Hasta el momento, el único miembro de la Iglesia que fue sentenciado por violaciones a los derechos humanos fue el ex capellán de la policía bonaerense, Christian Von Wernich.