Limpiar el Poder Judicial... con los archivos de la dictadura podría ser total

La Federación Judicial Argentina pide la remoción del Juez Hooft por delitos de lesa humanidad La Mesa Directiva Nacional de la Federación Judicial Argentina (FJA) manifestó su “repudio” ante la “indeseable permanencia de jueces comprometidos con la dictadura militar” como el caso del Magistrado Pedro Hooft. Desde la entidad se exigió que la Legislatura bonaerense avance en su remoción a través del juicio político. En numerosas oportunidades, la Federación Judicial Argentina expresó su opinión en relación con la situación del sistema judicial en nuestro país, y puntualmente con la persistencia de jueces y funcionarios que fueron partícipes del Estado terrorista y cómplices del genocidio perpetrado durante la dictadura cívico-militar. En ese sentido, desde la FJA se indicó que “a pesar de que existen normas constitucionales y mecanismos institucionales para desplazar definitivamente a esos nefastos personajes, no se ha llegado a fondo en problema. 

Es así como nos encontramos a veces con la ‘sorpresa’ de que camaristas u otros magistrados ‘huyen’ a otros países cuando se encuentran que están a punto de ser procesados en causas por violaciones a los derechos humanos, siendo que, sin embargo, podrían haber sido destituidos o removidos legítimamente mucho antes”. A renglón seguido, se detalló: “Ese fue el caso de Otilio Roque Romano. Y sería el de muchos otros si los juicios que están en marcha profundizan en la investigación de la manera en que la farsa de poder judicial que actuó en aquel período se encargó de encubrir los crímenes rechazando habeas corpus, denegando libertades, ocultando de todas las maneras posibles la acción del terrorismo de Estado”. “No se trata de un problema solo de justicia retroactiva o deber moral, lo que no sería poco decir. Se trata también de un problema que incide en nuestra vida judicial de modo cotidiano porque estos personajes siguen actuando muchas veces con la misma impunidad y autoritarismo que en los viejos tiempos. 
Son parte de un poder judicial que aún hoy promueve la brutalidad policial, la degradación de las cárceles, la violación de los derechos humanos, la criminalización de la protesta y todas las injusticias imaginables. Tales son los casos, por ejemplo, de los jueces Julio Casanello (en Quilmes), Pedro Federico Hooft (en Mar del Plata), Néstor Montezanti (Bahía Blanca), entre otros. Es nuestro deber, remover a estos magistrados inmediatamente. Así habremos dado un paso más en dirección a una auténtica democracia”, destacaron desde la Mesa Directiva Nacional de la Federación Judicial Argentina. 

Cabe recordar que hace pocos días, tal como adelantó 0223.com.ar, el fiscal federal subrogante de Mar del Plata, Claudio Kishimoto, le solicitó al juez Alfredo López que cite a declaración indagatoria a su par de primera instancia Pedro Federico Hooft por su supuesta participación en violaciones a los derechos humanos cometidas en esa ciudad balnearia durante la pasada dictadura militar. El pedido de Kishimoto contra Hooft refiere al secuestro y posterior desaparición de un grupo de abogados marplatenses, entre los que figuran Tomás Fresneda y su esposa, Mercedes Argañaraz; Norberto Centeno, redactor de la Ley de Contrato de Trabajo; Raúl Hugo Alais, Salvador Arestín y Jorge Candeloro y su esposa Marta García –una de las pocas sobrevivientes– en lo que se iba a conocer como La Noche de las Corbatas. El hecho ocurrió entre el 6 y el 8 de julio de 1977. 

Se trata de la acusación central que utilizó el fiscal para imputarle a Hooft los delitos de “prevaricato, incumplimiento de los deberes de funcionario público, omisión de promover la persecución y represión” de víctimas del terrorismo de Estado, así como la sustracción de medios de prueba, dada la desaparición de la mayoría de los expedientes que se tramitaron en su juzgado. Por esos hechos, el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata condenó a la pena de prisión perpetua a Gregorio Rafael Molina, un ex suboficial de la Fuerza Aérea que integró la patota represiva y era uno de los encargados de la tortura. Por esos mismos hechos, en la actualidad, está siendo juzgada entre otros, parte de los integrantes de la plana mayor de la agrupación de Artillería de Defensa Aérea 601 y de los policías que estuvieron a cargo de la ex Regional Cuarta de la Policía Bonaerense en esta ciudad. Además de la denuncia penal promovida contra el magistrado tanto por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, como por los organismos de derechos humanos marplatenses, se sumó un pedido de jury de enjuiciamiento que logró avanzar en la Justicia y que Hooft se encargó de entorpecer con presentaciones de todo tipo, que fueron rechazadas sucesivamente. En ese sentido, si bien la ley en la materia establece que una vez abierto el proceso el juez cuestionado debe quedar automáticamente suspendido, eso no ocurrió en este caso y aún está pendiente su fecha de debate

Otilio Romano, el que huyó a Chile, a juicio político

El magistrado argentino Otilio Romano, quien huyó a Chile tras ser procesado por 103 casos de delitos de lesa humanidad durante la última dictadura (1976-1983), será sometido a un juicio político con fines de destitución desde el próximo lunes, informaron hoy fuentes judiciales.

El proceso oral y público se realizará en Buenos Aires y será llevado adelante por el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de Argentina.

Romano, titular de la Cámara Federal de Apelaciones de la provincia de Mendoza, será juzgado por presunto mal desempeño de sus funciones y posible comisión de delitos, según la acusación del Consejo de la Magistratura de Argentina.

Las audiencias para presentación de pruebas y testimonios se celebrarán hasta el 25 de noviembre, en tanto que los alegatos de las partes se realizarán en fecha posteriores a fijar.

Romano fue suspendido en sus funciones el pasado 25 de agosto, pero una día antes viajó a Chile, donde solicitó asilo político y ya obtuvo una visa de residencia de ocho meses.

Tras conocerse su salida del país, el juez de Mendoza que lleva el proceso en su contra, Walter Bento, lo citó a declarar por su procesamiento como partícipe en casos de secuestros, torturas, desapariciones de personas y allanamientos ilegales cometidos cuando era fiscal de esa provincia vecina a Chile, pero Romano no se presentó.

Bento emitió entonces una orden de detención internacional contra Romano, pero supeditó su solicitud a que previamente sea destituido como magistrado.

Aportan nuevas pruebas por el caso “La Noche de los Lápices”

La jornada de hoy del Juicio por la Verdad contó con la declaración de un hijo de desaparecidos y el aporte documental que brindó Marta Noemí Ungaro, hermana de una de las víctimas de la denominada “Noche de los Lápices”, el estudiante secundario Horacio Ungaro, quien fue secuestrado de su casa el 16 de septiembre de 1976 junto a Daniel Racero, en el marco de un operativo que tuvo como blanco a otros jóvenes que integraban la Unión de Estudiantes Secundarios.

Fuentes judiciales detallaron que el pedido de ampliación testimonial realizado por la propia testigo tuvo el objetivo de aportar documentación a la causa que investiga la desaparición de hermano. “Lo que traigo es un documento del Ministerio de Educación de la Nación del año ’76, cuando Pedro Bruera era el ministro”, dijo Ungaro, en alusión al “Operativo Claridad”, es decir, la operación ejecutada durante la última dictadura mediante la cual debía reunirse información para combatir los focos “subversivos”, a través de la vigilancia, la identificación, y el espionaje sobre personas del ámbito educativo y cultural.

“En el ‘Operativo Claridad’ están las pautas del plan que se extendió a todo el país, donde el terrorista era aquel que subvertía una idea”, sostuvo la testigo. Y agregó: “ahí está planificado un esquema de cómo controlar el pensamiento de los niños desde el jardín de infantes”.

La testigo aclaró que la documentación le había sido suministrada por Adelina Dematti de Alaye, Madre de Plaza de Mayo y fundadora de la APDH La Plata, a través del Archivo Histórico de la Provincia.

“Quisiera ver si se puede derivar una acción penal o civil al señor Bruera, de quien supe que fue rector del Colegio Nacional de Rosario hasta septiembre de 2011”, solicitó Ungaro, a lo que el juez Leopoldo Schiffrin contestó que correspondía a la jurisdicción de Capital Federal.

Además del documento sobre el “Operativo Claridad”, la testigo aportó un radiograma que informaba sobre detenciones con el sello de clasificados de Estados Unidos, y un petitorio firmado por más de doscientas personas que se habían juntado frente al Congreso Nacional en octubre de 1977 para reclamar por sus familiares detenidos-desaparecidos.

“El aporte es muy valioso y me ha hecho cambiar la visión acerca de la Noche de los Lápices, que durante los 80 fue un episodio muy minimizado”, concluyó Schiffrin.

La denominada “Noche de los Lápices” fue uno de los sucesos más representativos dentro de la represión impuesta por la última dictadura militar argentina, ya que las desapariciones se realizaron sobre estudiantes, en su mayoría, menores de edad, que peleaban por la implementación del hasta hoy llamado boleto secundario.

El caso tomó notoriedad pública en 1985, luego del testimonio de Pablo Díaz (uno de los sobrevivientes) en el Juicio a las Juntas. Él mismo participó de la creación del guión que llevó la historia al cine en 1986.

Cuatro de los estudiantes secuestrados sobrevivieron a las posteriores torturas y traslados impuestos por la dictadura.

El relato de un hijo

Gustavo Hernán Rojas, por su parte, declaró en el marco de la causa que investiga el secuestro de su padre Marcos Alberto Rojas, un operario de la empresa Techint que cumplía funciones en Propulsora Siderúrgica y que fue detenido la tarde del 24 de marzo de 1976 por un grupo de entre quince y veinte personas del Ejército que se presentó en su casa de Gonnet.

“Cuando mi papá fue detenido yo dormía la siesta y fui llevado con él, hasta que días después me devolvieron a mi abuela paterna”, contó Rojas. Según declaró, su padre permaneció desaparecido tres meses y pasó por la Sección Cannes de 1 y 44, y luego por la Comisaría Novena.

Tiempo después, a la que detuvieron fue a su madre Mirta Mabel Barragán, embarazada de seis meses, junto al testigo y a su compañero Edgardo Zampallo. Esta vez la familia pasó por la Comisaría Séptima de Capital Federal y Rojas, de apenas cuatro años por aquel entonces, recordó que uno de los comisarios se encariñó con él y lo tuvo dos meses, hasta que apareció su padre, quien lo retiró definitivamente de la dependencia. Respecto a su madre, continúa desaparecida y se presume que habría estado en los Centros Clandestinos de Detención conocidos como “El Atlético” y “El Banco”.

Juicio en San Juan

Con pedido de captura

 Por Ailín Bullentini

El Tribunal Oral Federal de San Juan ordenó la captura nacional e internacional de los siete represores imputados en el primer juicio que se desarrolla en la provincia por delitos de lesa humanidad. Los acusados permanecen prófugos. La Cámara Federal de Mendoza les había revocado la prisión preventiva y cuando fueron citados a declarar en otras causas, los imputados no se presentaron.

“El más complicado de todos es (el teniente retirado Carlos) Malatto, que está en Italia y cuya salida del país se le había prohibido. Se cree que (el suboficial retirado José) Del Torchio también salió del país, pero eso no hay nada confirmado”, explicó a este diario Roberto Scherbosky, abogado de una de las cuatro querellas que participan del juicio.

El tribunal leyó ayer la elevación a juicio de una de las dos causas que Scherbosky patrocina dentro del juicio –que combinó cuatro– y que incluye el secuestro y torturas al militante peronista Hugo Bustos; al gobernador sanjuanino José Luis Gioja y a su hermano, el legislador Cesar Gioja; y al juez de la Corte Suprema local Abel Soria Vega.

Los jueces Héctor Cortéz, Raúl Fourcade y Alejandro Piña solicitaron a las policías local, federal y aeroportuaria las capturas de Malotto, Del Torchio y de los otros militares retirados Eduardo Vic, Jorge Páez, Edgardo Cardozo y Gustavo De Marchi, así como al ex jefe de la Policía de San Juan Juan Carlos Coronel.

La Cámara Federal de Mendoza les había revocado la prisión preventiva en 2010. Malotto viajó a Italia haciendo uso de su pasaporte europeo, a pesar de que tenía prohibido –al igual que el resto del grupo– salir del país. El tribunal, además, exigió al Ministerio de Defensa que informe los lugares de cobro de sus pensiones.

La captura de los prófugos, pedida por la fiscalía y las querellas prácticamente en conjunto, no fue la única orden que impartió el tribunal sobre los 13 imputados –incluido quien fue jefe del tercer Cuerpo del Ejército entonces, Luciano Benjamín Menéndez– en el juicio en el que analizará sus responsabilidades por la desaparición de la modelo argentino-francesa Marie-Anne Erize; el secuestro y muerte del dirigente del Partido Comunista José Carabajal y las torturas y detenciones ilegales de otras 58 personas.

A raíz de una presentación de los fiscales, que pidieron la revocación del privilegio de prisión domiciliaria del que gozan Alejandro Lazo y Horacio Nieto, el tribunal aseguró que reexaminará el estado médico de los dos imputados. “Que el 50 por ciento de los imputados en este juicio estén prófugos es un indicio de que los otros pueden seguir el mismo camino”, reconoció a medios locales uno de los fiscales del proceso, Germán Bermejo.

Por último, los jueces ordenaron separar a los tres imputados que permanecen detenidos en el penal de Chimbas, los militares retirados Benito Martel, Daniel Gómez y Jorge Olivera –quien fue, en democracia, abogado de represores–, entre sí y del resto de los detenidos en ese recinto.

A Olivera, por último, le permitió mantener la computadora portátil que tiene en la celda, pero sin conexión con Internet.

En la audiencia de hoy, el tribunal leerá la elevación a juicio de la causa sobre los tormentos sufridos por la actual jueza y querellante Margarita Camus, y la muerte de Carabajal, quien “falleció por ahogo y le inventaron un ahorcamiento”, detalló Scherbosky, que también lo patrocina.

Quince represores detenidos por la causa del Primer Cuerpo de Ejército




Detrás de Protobanco y Puente 12
“Por deshumanización de las víctimas”

En el marco de la investigación por la represión ilegal en el centro clandestino conocido como Protobanco, la Justicia dispuso la detención de ex comisarios de la Bonaerense. Se identificaron 120 víctimas, de las cuales 30 siguen desaparecidas.

 Por Irina Hauser

En la zona que rodea el cruce del Camino de Cintura y la autopista Ricchieri había un conglomerado de centros clandestinos de detención que manejaba la Policía Bonaerense aún antes de la última dictadura. A uno de ellos, que funcionaba en 1974 con la Triple A, se lo conoce como Protobanco o Puente 12. Según una resolución del juez Daniel Rafecas, el salvajismo desplegado por sus responsables se evidenció en las “condiciones infrahumanas de existencia” a la que eran sometidas las personas allí detenidas y en la muerte de algunas de ellas en medio de sesiones de picana y golpizas. Por el secuestro y la aplicación de torturas a 120 víctimas, de las cuales unas 30 permanecen desaparecidas o fueron asesinadas, Rafecas ordenó la detención de 15 represores. Algunos ya estaban presos, pero varios aún estaban en libertad, igual que los que dispuso arrestar por crímenes cometidos en la Comisaría de Monte Grande.

Entre los nuevos detenidos figuran los ex comisarios de la bonaerense José Félix Madrid y Guillermo Horacio Ornstein y los suboficiales José Sánchez, Angel Salerno y Carlos Tarantino, alojados en el penal de Marcos Paz. El 5 de noviembre de 1975 desplegaron un operativo ilegal en Palermo donde mataron a María Teresa Barvich, de 22 años, molieron a golpes a una embarazada de siete meses, Noemí Moreno, y lo mismo hicieron con Norberto Rey hasta quebrarle las costillas y con Blanca Becher, hasta dejarla inconsciente, mientras que balearon a Washington Mogorodoy. Los cuatro fueron detenidos junto con Juan Carlos Mogorodoy y Griselda Lazarte y siguieron siendo torturados en la División Cuatrerismo de La Matanza, donde funcionaba Protobanco y aun alberga dependencias policiales. El jefe era el comisario Juan Modesto Carabajal, quien murió en 1977.

Protobanco –que luego sería El Banco– estaba enfrente de El Vesubio e integra la megainvestigación sobre todo lo ocurrido en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército. Empezó como una suerte de cueva ilegal de la policía donde operaba la banda de agentes de inteligencia liderada por Aníbal Gordon. De hecho, el pedido de detenciones abarca también a dos iconos de ese grupo: Eduardo Ruffo y Raúl Antonio Guglielminetti, ya condenados por los crímenes cometidos en Automotores Orletti. El juez Rafecas llama la atención en su resolución sobre la ferocidad con que actuaban en Protobanco los represores. Señala “condiciones infrahumanas de existencia constitutivas de tormentos, tales como la sujeción e inmovilización, la prohibición del habla, el tabicamiento, la privación de agua y alimento, la frecuente prohibición de ir al baño, la exposición a desnudez, la amenaza constante con ser torturados físicamente, interrogatorios y en casi todos los casos, la aplicación de picana eléctrica, submarino, o golpes; mecanismos que se encaminaban a obtener la despersonalización de las víctimas”.

Por lo menos tres detenidos murieron a causa de los tormentos, señala el juez. Uno de ellos, Jorge Marcelo Scelso, de 26 años, padre de dos niños, detenido el 6 de septiembre de 1976, falleció cinco días después de la tortura. Le habían perforado los pulmones, además de quebrarle las costillas. Murieron en circunstancias similares los hermanos Rubén Gerardo y Jorge Luis Salinas, alojados en Protobanco la primera semana de enero de 1977. Fueron sacados de allí durante algunas horas y al volver no pudieron sobreponerse. Fallecieron con una diferencia de media hora. Los guardias se llevaron los cuerpos.

El juez incluyó las historias de 20 víctimas que estuvieron recluidas en la comisaría de Monte Grande, donde entre 1976 y 1978 se usaron modalidades “equiparables al delito de torturas”. Por estos hechos fue detenido el ex comisario Guillermo Néstor Díaz, jefe de la seccional donde “las víctimas fueron sometidas a un régimen brutal de inanición, en absoluta oscuridad, abstraídos del conocimiento de sus familiares y sin poder mantener contacto con el exterior y con la amenaza de la tortura o de la desaparición”. También fueron responsabilizados los ex suboficiales de la Bonaerense Nildo Delgado, Daniel Mancuso, Alberto Faustino Bulacio y Jorge Gauna.

Por aquella comisaría pasaron tres funcionarios del gobierno bonaerense: Ramón Miralles, Pedro Goin y Alberto Liberman. En el mismo grupo estuvo Juan Ramón Nazar, director de La Opinión, de Trenque Lauquen. Otro grupo, conformado por Jorge Watts, Faustino Fernández, Darío Machado y Ricardo Wejchenberg, llegó allí después de haber estado en El Vesubio.

Piden indagatoria del juez Pedro Hooft por delitos de lesa humanidad

El magistrado quedó acusado

Está señalado como partícipe en privaciones ilegales de la libertad, tormentos y homicidios durante la última dictadura, cuando se desempeñaba como juez en lo criminal y correccional de Mar del Plata.

 Por Diego Martínez

El juez penal marplatense y presidente honorario de la Asociación Argentina de Bioética, Pedro Federico Hooft, podría ser citado en los próximos días a prestar declaración indagatoria por su participación en crímenes de lesa humanidad durante la dictadura. El fiscal federal subrogante Claudio Kishimoto formuló el pedido ante el juez federal Alfredo López para que lo indague sobre su participación en privaciones ilegales de la libertad, tormentos y homicidios contra una veintena de víctimas, incluidos los abogados laboralistas secuestrados durante la denominada Noche de las Corbatas, de julio de 1977, cuando Hooft se desempeñaba como juez en lo criminal y correccional de Mar del Plata.

El magistrado figura desde 1984 en el informe de la Conadep y acumula denuncias de organismos marplatenses y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación desde hace más de un lustro. Logró evitar rendir cuentas gracias a la parálisis del proceso en su contra por parte del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y Funcionarios de la provincia de Buenos Aires y a su invocación a la “inmunidad” de arresto que la Constitución provincial otorga a los jueces en funciones.

La excusa le permitió ganar tiempo, pero tuvo un último revés en julio, cuando la Sala II de la Cámara Nacional de Casación Penal confirmó un fallo de la Cámara Federal de Mar del Plata que, después de congelar el expediente durante años, rechazó el pedido de Hooft para que se archivara la causa. “Las inmunidades no son de carácter protector o tuitivo de las personas, sino que se hallan fundadas en razones de carácter institucional”, destacó el juez Guillermo Yacobucci. “Sería absurdo” que en una investigación por crímenes de lesa humanidad “la marcha de la averiguación quedara neutralizada hasta tanto no se pronuncie el jury”, agregó, argumento que compartieron sus colegas Luis García y Raúl Madueño.

La novedad es la acusación de Kishimoto, a cargo de la Fiscalía Federal 1 de Mar del Plata, que imputa a Hooft por su intervención en privaciones ilegales de la libertad, tormentos y homicidios cometidos por miembros de fuerzas armadas y de seguridad. La base de la imputación surge de la intervención del juez en el rechazo sistemático de hábeas corpus presentados por familiares de desaparecidos, inclusive en casos en los que el Ejército había admitido tener en su poder a las víctimas.

En total son veinte los casos reseñados en el dictamen del fiscal, incluido el de la Noche de las Corbatas, caso por el que ya fue condenado el suboficial naval Gregorio Molina y por el que en estos días son juzgados ex miembros de la plana mayor de la Agrupación de Artillería de Defensa Aérea 601 con base en el centro clandestino La Cueva. La fiscalía solicitó también la indagatoria de Hooft por los delitos de prevaricato, incumplimiento de los deberes de funcionario público, omisión de promover la persecución y represión de delincuentes y sustracción de medios de prueba, por la desaparición de la mayoría de los expedientes que se tramitaron en el juzgado a su cargo.

Misiones : Delitos de lesa humanidad: quieren unificar las causas Jefatura y RIM 30

La Fiscalía del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Misiones solicitó que las causas donde se investigan delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura en la Jefatura de Policía y en el Regimiento de Infantería de Monte 30 de Apóstoles, sean ventilados en un único juicio oral y público. Fuentes judiciales dijeron que el pedido obedece a que muchas de las víctimas deben declarar en ambas causas y con esta unificación se intenta la revictimización. El planteo ya fue elevado a los camaristas que iban a juzgar a cinco integrantes de la Policía de Misiones que están acusados de la aplicación de tormentos al menos contra 42 personas y privaciones ilegítimas de la libertad.

Más allá de lo que resuelvan los camaristas Rubén David Quiñones, Alfredo García Wenk y Eduardo Ariel Belforte, está claro que el o los juicios orales recién se realizarán el próximo año pese a que la causa de la Jefatura de Policía debía realizarse en el transcurso de 2011.

La primera

La primera en llegar a debate fue el expediente 87/10, en el que están imputados el ex coronel del Ejército y jefe de la Policía de Misiones, Carlos Omar Herrero; el ex comisario Felipe Nicolás Giménez; y el ex médico de esa fuerza, Guillermo Roque Mendoza. Este último deberá responder por privaciones ilegítimas de la libertad agravada y de aplicación de tormentos agravados en tres hechos.
En un primer momento el expediente fue elevado a juicio con estos tres procesados, pero luego se sumaron el ex sargento Julio Argentino Amarilla y ahora su camarada Carlos Alberto Pombo. Los expedientes fueron unificados por el Tribunal para evitar el desgaste que implica realizar dos juicios más en casos que tienen relación.
En los juicios por delitos de lesa humanidad que ya se realizaron en Misiones, las víctimas sobrevivientes relataron que eran alojadas esposadas y encapuchadas en dependencias de la Jefatura de Policía antes de ser conducidos a otros centros clandestinos de detención. Y que en ese lugar eran picaneados por policías que contaban con la supervisión del médico Mendoza, quien revisaba a las víctimas y autorizaba o no la continuidad de la sesión de tortura, de acuerdo con el testimonio de las víctimas.

El “graduado de Honor”
El otro expediente que podría llegar a debate en forma simultánea con el de la Jefatura de Policía tiene como único imputado al general de brigada retirado Leopoldo Héctor Flores (80), un graduado de honor de la tristemente célebre Escuela de las Américas. El militar está considerado autor mediato de 21 hechos de tormentos y un homicidio calificado.

El por entonces teniente coronel Flores se desempeñó como jefe del Regimiento de Apóstoles entre octubre de 1975 hasta octubre de 1977, cuando fue reemplazado por su camarada Antonio José Deimundo Piñeiro. Para los investigadores está claro que las denominadas  “operaciones militares sobre el terreno” estuvieron a cargo del Ejército y no de la Marina pese a que esa fuerza se había hecho cargo de la gobernación tras el golpe militar.

En base a la documentación reunida por la Justicia Federal, se estableció que Flores encabezó muchos de los operativos en distintos puntos de la provincia, siempre bajo control del Jefe del Distrito Militar Misiones, que actuaba como enlace con el comandante de la Brigada de Infantería VII, que tenía su asiento en Corrientes.

“A cargo del Regimiento de Monte 30 estuvieron todos los procedimientos de secuestro y detención de personas en el interior de la provincia, traslados y disposición de las mismas con control jerárquico correspondiente”, señaló el fiscal al momento de pedir la elevación a juicio del expediente.

Uno de los principales objetivos del Regimiento y del Ejército en Misiones fueron los miembros del Movimiento Agrario de Misiones, considerados verdaderos terroristas por las fuerzas armadas, que los vinculaban al grupo armado Montoneros.

Otro policía a juicio
El Juzgado Federal de Posadas remitió al Tribunal Oral en lo Criminal Federal el expediente en el que se halla procesado el ex suboficial de la Policía Carlos Alberto Pombo. El uniformado está acusado de haber cometido diez hechos de tortura.

En el departamento Informaciones de la Jefatura de Policía, sobre la calle Santiago del Estero funcionó durante la última dictadura militar un centro clandestino de detención donde los presos políticos eran sometidos a sesiones de tortura para obtener datos sobre el movimiento de supuestos subversivos en la Tierra Colorada.

 
Identidad de inocentes

La nieta recuperada Nº 78, Victoria Montenegro, estuvo en Misiones para participar del señalamiento de un centro clandestino de detención en los años de la última Dictadura Militar en lo que es la sede física de la Policía Federal. En ese lugar se colocó una placa recordatoria.

"A mí me costó muchísimo caer sobre mi situación. Yo me creía hija del matrimonio que me crió y gracias a las Abuelas de Plaza de Mayo que me buscaron y que pidieron el ADN sabiendo que yo no lo quería, pude recuperar mi identidad. Me costó. Más de ocho años". En la ocasión, familiares de las víctimas de la dictadura militar destacaron la posibilidad de "conocer la verdad a través de los juicios".
 
"A uno de mis hijos lo mataron y al otro lo detuvieron durante 8 años. El detenido estuvo acá (Policía Federal). Es muy importante esto porque quedará para el recuerdo de toda la sociedad y jóvenes", expresó una mujer que también participó del acto realizado en la repartición  policíaca ubicada sobre la calle Ayacucho.

Harguindeguy, el represor, sin condena y en casa, a un juicio nuevo

Albano Hargyuindeguy, señalado como responsable de 34 homicidios y más de 200 secuestros y torturas
Represor con nueva orden de detención

El arresto del ex ministro del Interior de la dictadura, quien cumple prisión domiciliaria por otra causa, lo dictó el juez Daniel Rafecas. Lo responsabilizó por los crímenes cometidos en los centros clandestinos Coordinación Federal y Garage Azopardo.

A los 84 años, aún sin condena, arrestado en un lujoso chalet en calle Eva Perón 1331 de Los Polvorines gracias a sus problemas de salud, el ex ministro del Interior de la dictadura Albano Eduardo Harguindeguy sumó ayer una nueva orden de detención, esta vez como máximo responsable político-militar de la Policía Federal. El juez federal Daniel Rafecas, que instruye la megacausa por delitos de lesa humanidad en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército, responsabilizó al ex general de división por secuestros, torturas y homicidios en los centros clandestinos Coordinación Federal y Garage Azopardo. La resolución abarca también a los ex comisarios Juan Carlos Lapuyole y Carlos Enrique Gallone, ambos condenados a prisión perpetua por la Masacre de Fátima, y a los menos conocidos Antonio Doval y Eduardo Norberto Comesaña, quienes ya están presos en el penal de Marcos Paz.

Jefe de la Policía Federal designado en 1975 por la presidenta María Estela Martínez de Perón, Harguindeguy tuvo un rol central en la planificación del golpe y la toma del Estado y fue el ministro político durante cinco de los siete años de la dictadura. En 2003 admitió los secuestros, torturas y asesinatos de detenidos cometidos por las Fuerzas Armadas durante una entrevista con la periodista francesa Marie-Monique Robin. “Empezamos bajo un gobierno constitucional y seguimos en un gobierno de facto”, recordó. Contó que los militares argentinos aprendieron los métodos a partir de la experiencia francesa en Argelia e Indochina y consideró que las violaciones masivas a los derechos humanos constituyeron “un error político”. Su consecuencia fue que “ganamos la guerra pero perdimos la paz”, dijo.

El ex ministro de Videla & Massera tiene arresto domiciliario desde julio de 2004 por su actuación en el Plan Cóndor. La causa se elevó en 2007, pero el proceso oral aún no comenzó. También está en condiciones de ser juzgado en una causa de Entre Ríos conocida como Area Concordia, que se elevó en octubre de 2010 y todavía no tiene fecha de inicio. Tiene procesamientos confirmados en segunda instancia por las cámaras federales de Córdoba (causa Roselli), de San Martín, por el secuestro y la desaparición de Roberto Quieto en diciembre de 1975, y de Buenos Aires, por el secuestro extorsivo de los empresarios Gutheim en 1977, causa en la que fue indultado por el ex presidente Carlos Menem. En La Rioja fue indagado por el asesinato del obispo Enrique Angelelli.

El juez Rafecas responsabilizó a Harguindeguy en 34 homicidios y más de doscientos casos de secuestros y torturas en Coordinación Federal, cuyo centro de detención funcionó en el tercer piso de Moreno 1417, y Garage Azopardo, en el edificio de Chile y Huergo, donde hasta hace meses se tramitaban los pasaportes. El ex miembro del gabinete de la primera junta militar será indagado entre otros casos por la Masacre de Fátima, como pasó a la historia el homicidio de treinta cautivos de Coordinación Federal que fueron trasladados, fusilados y dinamitados en Pilar en agosto de 1976.

Por los delitos en Coordinación Federal, el juez también indagará al Francés Lapuyole –quien cumple condena en su casa–, a Gallone, Doval y Comesaña. Antonio Doval fue uno de los guardias de los secuestrados en los calabozos del tercer piso, donde utilizaba el alias de Gato. Comesaña era auxiliar de inteligencia y su nombre de cobertura para no ser identificado por sus víctimas era Esteban Cruces. De su legajo surge que fue ascendido por su actuación en un “procedimiento antisubversivo” en junio de 1977.

Harguindeguy y Comesaña serán indagados, entre otros crímenes, por la fabricación de un falso “operativo antisubversivo”, seis días antes del golpe de Estado, en el que fueron ametrallados dos hombres y dos mujeres previamente secuestrados. El montaje, que se publicitó en la prensa como un “enfrentamiento armado”, ocurrió en calle Labardén al 300 y las víctimas, masacradas con más de cien disparos de ametralladoras adentro de un auto, fueron Norberto Gómez, Elena Kalaidjian, Julio Enzo Panebianco y Ana Teresa del Valle Aguilar. El juez considera probado que los cuatro habían sido secuestrados en las semanas previas. Por testimonios de sobrevivientes de Garage Azopardo, pudo saber también que el médico Gómez fue obligado a atender a otros secuestrados luego de las sesiones de tortura, y que Kalaidjian, de 22 años y origen armenio, debió auxiliarlo en las curaciones precarias que hicieron en cautiverio. Panebianco había sido secuestrado junto con su pareja, María Fernández Martínez Suárez, sobrina de la octogenaria animadora Mirta Legrand. Por los cuatro asesinatos también será indagado Raúl Antonio Guglielminetti, ex agente del Batallón de Inteligencia 601, condenado el año pasado por su actuación en el circuito represivo Atlético-Banco-Olimpo.

El centro clandestino del hospital Posadas

Se inicia el juicio por la represión en el Hospital Posadas.

El dictador Reynaldo Bignone, el ex brigadier Hipólito Mariani y dos civiles serán juzgados por secuestros y torturas a veintidós víctimas, de las cuales seis siguen desaparecidas.

Reynaldo Benito Bignone, quien purga dos condenas por crímenes de lesa humanidad, afrontará a partir de hoy su cuarto juicio por delitos durante la última dictadura. El último dictador será juzgado por el Tribunal Oral Federal 2 por secuestros y torturas en el Hospital Posadas, en el partido de Morón, ejecutados contra 22 víctimas, de las cuales seis continúan desaparecidas. La audiencia oral y pública comenzará a las diez de la mañana. Al mediodía se realizará un acto frente a los tribunales de Retiro, organizado por la Mesa por el Juicio y Castigo a los genocidas-H.I.J.O.S., la Comisión de Derechos Humanos por la Memoria, la Verdad y la Justicia del Hospital Posadas, la Asociación de Profesionales del Hospital Posadas, Foetra y la Dirección de Derechos Humanos de Morón.

Junto al ex general Bignone, de 83 años, se sentarán en el banquillo los civiles Luis Muiña y Argentino Ríos, y el ex brigadier Hipólito Rafael Mariani, condenado a prisión perpetua como jefe del área militar en el que funcionó el centro clandestino Mansión Seré. La causa fue elevada a juicio en enero de 2009 por el juez federal Daniel Rafecas. Durante los 34 meses posteriores, que incluyeron dos postergaciones, quedaron fuera de juego el coronel Agatino Di Benedetto, ex interventor del hospital, quien fue declarado insano, y el ex personal civil de inteligencia Juan Máximo Copteleza, que falleció. También murieron imputados pero no juzgados Ricardo Antonio Nicastro, José Faraci, Oscar Raúl Tévez, José Meza, Carlos Domingo Ricci, Adolfo José Marcolini y Julio Ricardo Estévez.

El TOF-2 arrancará el juicio con nueva composición: a Pablo Bertuzzi se sumaron Rodrigo Giménez Uriburu y Jorge Gorini, que acaban de jurar en sus cargos. En principio fueron citados 53 testigos. Algunos declararán por videoconferencia desde sus países de residencia.

El Hospital Posadas fue intervenido tras el golpe de Estado por el general Bignone, que era delegado de la junta militar en el área de Bienestar Social, con la excusa de que funcionaban allí postas sanitarias de organizaciones armadas.

La represión comenzó el 28 de marzo de 1976, con la intervención a cargo de Di Benedetto, e incluyó secuestros de médicos, enfermeras, empleados y pacientes. El brigadier Mariani era jefe de la Brigada Aérea de El Palomar, de la que dependía el personal militar que actuó en el Posadas, en tanto Ríos y Muiña integraron un grupo de tareas denominado Swat, que operó a partir de julio en el centro clandestino El Chalet, en la misma casa donde vivía el director del hospital.

Hospital Militar de Paraná : pedido de prisión perpetua y cárcel común para todos los acusados

El pedido de condena es por la condición de coautores de Guerrieri, Fariña, Amelong, Pagano y González y de partícipe necesario de Zaccaría, de los delitos de sustracción, retención y ocultamiento de los hijos de Raquel Negro y de desaparición forzada del bebé varón • Ahora presentan su alegato los fiscales
 
Los abogados de las partes querellantes pidieron este miércoles una condena de prisión perpetua de cumplimiento efectivo en cárcel común para todos los acusados en el juicio por la causa Hospital Militar, por los delitos de sustracción, retención y ocultamiento de los hijos de Raquel Negro, la supresión de sus identidades y la desaparición forzada del mellizo varón, publicó UNO.

Se consideró partícipe necesario al médico militar Juan Antonio Zaccaría y coautores a Pascual Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Marino González y Walter Pagano. De la misma manera, solicitaron la inhabilitación perpetua para el ejercicio de cualquier función pública y tareas de seguridad privada; y que se revoque la prisión domiciliaria de la cual goza actualmente Guerrieri.

Subsidiariamente, para el caso que el Tribunal Oral Federal de Paraná no acepte la calificación del delito de desaparición forzada, se pidió una pena de prisión de 25 años e inhabilitación de cumplimiento efectivo.

Álvaro Baella, abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, concluyó el extenso alegato de cuatro horas de las partes querellantes, calificando a los delitos de que fue víctima el bebé varón de Raquel Negro de “desaparición forzada” agravada por ser la victima una persona nacida durante la desaparición forzada de su madre, en concurso ideal con el delito de “supresión de estado civil de un menor de diez años”; todo esto en concurso real con la sustracción, retención y ocultación de un menor de diez años en concurso ideal con el delito de supresión de estado civil de un menor de diez años que tuvieron por víctima a Sabrina Gullino, la hija mujer de Negro.

Son querellantes en la causa la Secretaría de Derechos Humanos, representada por Lucas Ciarniello Ibañez; la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo (Ana Oberlin y Álvaro Baella son sus abogados); Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio (Hijos), representados por Florencia Amore y Álvaro Piérola, quien también representan a Sebastián Álvarez y Sabrina Gullino.

Al comienzo de los alegatos, Ana Oberlin, abogada de Abuelas de Plaza de Mayo, dijo: "Tenemos la certeza de que hemos llegado a probar de forma total y completa todos los elementos que habíamos puesto en nuestras acusaciones."

La letrada continuó: "El objetivo de la dictadura cívico militar era transformar totalmente la estructura económica y social del país, reprimir a los opositores políticos y disciplinar al resto de la sociedad, y esto sólo se podía lograr a través de la implantación del terrorismo de Estado, porque se necesitaban poseer todos los resortes del gobierno para poder garantizar la impunidad".

"Esos objetivos tenían algunos contornos difusos, por ejemplo qué hacer con los niños nacidos en cautiverio o de muy pequeña edad que eran secuestrados con sus padres. Esto surgió de forma casi inmediata y fue absorbido como parte de los objetivos a desarrollar en este plan criminal", sostuvo.

Oberlín detalló que durante la dictadura se organizaban los partos de las mujeres secuestradas embarazadas "de dos formas generales: una era organizar en los centros clandestinos de detención verdaderas maternidades clandestinas, donde se llevaba a parir a las mujeres que estaban en ese y otros CCD. La otra era usar infraestructura que ya existía y tenían a mano, que son los Hospitales Militares, como en el caso abordado en este juicio".

Agregó que durante el debate quedó claro que Raquel Negro “no fue la única mujer que fue traída a parir ilegalmente aquí”.

"Esa práctica represiva –destacó la abogada– tenía tres objetivos centrales: el primero era que los menores no crecieran con sus familias biológicas, como se hiciera en España durante el franquismo con los hijos de los republicanos. En Argentina algunos niños fueron apropiados, otros asesinados y otros dejados en orfanatos y entregados de buena fe a familias que los criaron, como el caso de Sabrina Gullino. El segundo objetivo de este plan sistemático fue efectuar un castigo adicional a las familias de los desaparecidos. Cuesta mucho imaginar efectos más perversos y más actuales que este; se reactualiza cotidianamente el dolor de esa búsqueda que no termina”, aseguró Oberlin.

El tercero de los objetivos era que consistía en una forma más de disciplinamiento para la sociedad. “No creo que exista un terror asimilable a pensar que te pueden llegar a robar a tus hijos, eso sin duda era paralizante para el resto de la sociedad”, aseveró.

Luego la abogada de HIJOS, Florencia Amore, hizo un desmenuzamiento de los pruebas que acreditan los delitos investigados: sobre todo los testimonios de Eduardo Costanzo, Jaime Dri, los periodistas Miguel Bonasso, Carlos del Frade y Reinaldo Sietecase, las enfermeras del Hospital Militar y del Instituto Privado de Pediatrpia, la declaración del imputado Juan Antonio Zaccaría y de los médicos de ambos centros asistenciales, entre otros.

Amore y los representantes de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Lucas Ciarnello, y de Abuelas, Álvaro Baella, detallaron cada una de las pruebas que incriminan a Guerrieri, Amelong, Fariña, Pagano, González y Zaccaría.

• Alegato de la fiscalía

La fiscal Marina Herbel manifestó que los delitos ocurrieron dentro de un plan sistemático clandestino estructurado desde el poder, bajo la jurisdicción del segundo cuerpo de Ejército y en el Hospital Militar de Paraná que dependía de aquel. El “eje” del operativo fue el Destacamento de Inteligencia 121, que ejecutó la sustracción de los menores y la sustitución de sus identidades, delitos de lesa humanidad que ocurrieron en el marco del terrorismo de Estado, aseguró la fiscal.

Herbel expuso los fundamentos de su acusación citando las pruebas testimoniales en coincidencia con lo manifestado previamente por la querella y repasando cómo se produjeron los hechos desde el traslado de Raquel Negro a Paraná y su internación en el nosocomio, hasta el nacimiento de los mellizos y su posterior derivación al IPP.

Además hizo una “exhortación a la gente de esta ciudad” que tenga algún conocimiento del paradero del mellizo varón, a que lo acerque al Ministerio Público Fiscal o al Juzgado federal de primera instancia de Paraná.

Luego el fiscal José Ignacio Candioti adelantó que mantendrían la postura sustentada en el requerimiento de elevación a juicio de la fiscalía, es decir que consideran que las figuras aplicables son las establecidas en los artículos 139 inciso 2 del Código Penal en concurso real con la establecida en el 146 del CP, es decir la “supresión de estado civil” y la “sustracción de menores”.

Asimismo dijo que mantenían la postura de considerar autores mediatos a Guerrieri, Fariña, Amelong y González, pero entendieron que en el curso del debate quedó acreditado que la responsabilidad de Pagano y Zaccaría debe ser encuadrada dentro de la participación necesaria.

Se espera que la semana que viene se conozca la sentencia por los delitos de lesa humanidad por los que son juzgados los militares de Inteligencia Amelong, Pascual Oscar Guerrieri, Marino Héctor González y Jorge Alberto Fariña; el agente civil de Inteligencia Walter Salvador Dionisio Pagano y el médico militar Juan Antonio Zaccaría.

La detenida desaparecida Raquel Negro dio a luz a mellizos en el Hospital Militar en 1978. Ambos fueron sustraídos y su identidad sustituída. Uno de ellos, Sabrina Gullino, recuperó su identidad en 2008, mientras que su hermano varón continúa siendo buscado.

El juicio por los crímenes cometidos en el Hospital Posadas

El juicio por los crímenes en El Chalet

Por violaciones a los derechos humanos en perjuicio de 21 víctimas están acusados cuatro represores que actuaron en la fuerza parapolicial que funcionó en el Posadas.

Cuatro represores que integraron una fuerza parapolicial creada por la dictadura específicamente para operar en el Hospital Posadas serán juzgados a partir de esta semana por delitos de lesa humanidad cometidos contra 21 víctimas en El Chalet, un centro clandestino de detención que funcionó en el predio de ese centro asistencial del oeste del conurbano bonaerense. Se trata de los únicos represores relacionados con la causa que están vivos. Un quinto quedó fuera de la lista tras ser declarado insano. “El juicio siempre sirve, pero la realidad es que empezamos a recorrer este camino con muchas expectativas de justicia que han quedado en el camino”, remarcó Zulema Chester, querellante en el juicio que a partir del jueves llevará a cabo el Tribunal Oral Federal 2 de la Ciudad de Buenos Aires. Su padre, Jacobo Chester, fue secuestrado en 1976 y torturado en El Chalet. Su cuerpo fue encontrado flotando en el Río de la Plata y la familia recibió el certificado de defunción, pero nunca los restos. El caso es uno de los dos a los que la fiscalía intentará sumar el delito de desaparición, aplicado por otras seis víctimas.

Son más de 50 los testigos citados a declarar en el juicio y el debate durará alrededor de dos meses, bajo la vista de un tribunal renovado en su composición y debutante en juicios de derechos humanos, conformado por Rodrigo Giménez Uriburu y Jorge Gorini junto a Pablo Bertuzzi.

Tras dos postergaciones, el juicio que intentará reconstruir lo ocurrido en el Hospital Posadas desde su intervención, instrumentada cuatro días después del último golpe militar por el represor Reynaldo Bignone, comenzará finalmente el jueves próximo. Desde el 28 de marzo de 1976, una patota parapolicial autobautizada “Swat” tomó el control del hospital y transformó la casa construida en el predio para que el director de la institución la utilizara como vivienda en el centro clandestino conocido como El Chalet. Allí permanecieron secuestrados, fueron torturados y desaparecidos médicos, enfermeras y vecinos de la zona.

Según se reconstruyó en la causa, el hospital fue intervenido por Bignone en un operativo militar con tanques y helicópteros apenas se concretó el golpe de Estado. Los represores acusaban a los profesionales de atender a miembros de “grupos subversivos” y ser “base ideológica” de la guerrilla, entre otras cosas. Muchos de los empleados fueron trasladados a cárceles, tras ser torturados en diferentes centros de detención clandestina. En una segunda etapa se formó el grupo Swat con ex empleados de seguridad del mismo centro y policías exonerados. Entonces comenzaron las desapariciones.

“El inicio de un juicio siempre es bienvenido, pero el hecho de que la mayoría de los represores que deberían ser juzgados están muertos deja un gusto amargo. Nosotros lo recibimos a la espera de que alguna vez haya claridad y justicia”, aseguró Chester. Bignone, Luis Muiña y Argentino Ríos, acusados de integrar el Swat, e Hipólito Mariani son los imputados. El resto de los integrantes de la fuerza parapolicial, así como su jefe máximo, el segundo interventor del Posadas, el coronel médico Julio Esteves, fallecieron sin condena. El primer interventor, Abatino Di Benedetto, fue declarado insano. “Empezamos la búsqueda de justicia no bien la patota de Swat se fue de mi casa. Los reconocimos en ese mismo momento; sabíamos que el secuestro de mi viejo tenía que ver con el hospital. Sabíamos quiénes eran y los buscábamos con vida”, se lamentó la mujer.

En total se juzgará lo ocurrido a 21 víctimas, seis de ellas desaparecidas. En los casos de Jorge Roitman y Jacobo Chester, secretario administrativo de la guardia del hospital secuestrado el 27 de noviembre de 1976, si bien fueron asesinados, sus cuerpos nunca fueron hallados y no hay acusación por el homicidio y la desaparición. Los fiscales Javier De Luca y Guillermo Silva intentarán recolectar evidencia para probar que esas dos personas fueron asesinadas y permanecen desaparecidas, para agregar esos delitos a la acusación final.

Mendoza: prisión perpetua a 4 represores, "en el contexto del delito internacional de genocidio"

Cuatro de ellos condenados a prisión perpetua, otro a doce años y un absuelto.
    
El Tribunal Federal 1 fue el escenario para que cientos de personas se apostaran en el lugar para escuchar la sentencia final a los represores de la dictadura militar en nuestro país en 1976.

Hoy, 6 de octubre de 2011, en Mendoza se vivió un día que para muchos nunca iba a llegar: la sentencia a los represores acusados de cometer crímenes de lesa humanidad durante la dictadura militar vivida en Argentina en 1976.  El ambiente no era de alegría pero si de mucha conmoción.

Pasadas las 11, los jueces Antonio González Macias, Héctor Cortés y Alejandro Piña se hicieron presentes para leer el esperado veredicto final a los seis imputados. Mientras que en la vereda de los Tribunales se vivía un ambiente protagonizado por más de 250 personas, en el interior solamente había butacas para 80 personas. Sin embargo, el lugar se copó e ingresaron más de 120 personas.

En el banco de los acusados se sentaron  tres de los seis ex policías y militares: Celustiano Lucero Lorca, Eduardo Smaha Borzuk y Paulino Furió. Por pantalla, a través de tele conferencia se pudo observar a Dardo Migno desde Rosario y Juan Agustín Oyarzábal con prisión domiciliaria en Rivadavia.

A penas ingresaron los represores, los familiares con fotografías de sus desparecidos en las manos, las alzaron con un silencio conmovedor. Algunos llantos, y miradas hacia los genocidas impactaron sin mediar ninguna palabra hasta que comenzaron a escuchar el juicio final.

Después de un año del comienzo; el comisario general retirado Oyarzábal, el comisario retirado Smaha, el policía Lucero y Rodríguez Vázquez recibieron la pena máxima: prisión perpetua y  el ex teniente Migno recibió 12 años de prisión. Tres de ellos tenían prisión domiciliaria pero serán trasladados a San Felipe para cumplir con sus respectivas condenas.

Mendoza : El D2 será declarado una "organización criminal"

por Ramón Ábalo
   
La  bronca acumulada en este casi año en que dieron comienzo los juicios (más los 35 de espera) por lesa humanidad contra los genocidas del 76, no se va a atemperar este jueves cuando se conozca el veredicto del Tribunal Oral No. 1, de esta ciudad de Mendoza. Entre medio es posible la satisfacción por esta primera puntada de la justicia federal.       

En las últimas jornadas, la semana pasada, el Ministerio Público y los abogados de la querella, se introdujeron en hitos de la historia de un pasado reciente y mundial para afirmar los argumentos jurídicos en que se basarán las penas que pedirán para  los que están en el banquillo de los acusados en este primer tramo que solamente alcanza a una decena de entre unas doscientas en que se sintetiza el accionar macabro del terrorismo de Estado en Mendoza.

Trajeron a colación a los genocidios nazis, aquel de la Segunda Guerra Mundial y los de la ex-Yugoeslavia, a las organizaciones criminales como las SS. Los cabecillas y líderes, en una serie de juicios llevados a cabo entre 1945 y 1946, fueron acusados y juzgados como criminales de guerra por un Tribunal Militar Internacional, en Nuremberg. Acusados por: 1) Crímenes contra la paz (planear, instigar y librar guerras de agresión, violando pactos y normas internacionales) - 2) Crímenes contra la humanidad (exterminio, deportaciones y genocidio) - 3) Crímenes de guerra (violación de las normas de guerra) - y 4) Haber planeado y conspirado para cometer los actos criminales señalados. Hubo condenas menores y absoluciones, pero principalmente hubo condenas a cadena perpetua y muerte por ahorcamiento, el 16 de octubre de 1946.

lgunos países y mucha gente consideraron que los juicios no habían sido justos. Negaban la validez jurídica de aquel Tribunal. Se aducía que los vencidos no podían ser jueces justos de los vencidos. Medio siglo después, nadie discute ya la oportunidad de aquellos juicios.

Toda coincidencia que quisiéramos encontrar con los juicios actuales en nuestro país son valederas y más como apoyaturas históricas y jurídicas para condenar con penas máximas a los genocidas argentinos. Y no será necesario el transcurso de los años para legitimar esto que es una reivindicación universal de los derechos humanos. Por ello, la Argentina es un ejemplo en el mundo entero. En este primer grupo son juzgados siete genocidas por delitos contra 24 víctimas, entre ellos el poeta y militante Paco Urondo. Los imputados eran doce, pero tres de ellos murieron en el transcurso de los juicios, y dos fueron apartados por motivos de salud. Los que recibirán penas son Agustín Oyarzábal, Eduardo Smaha Borzuk, Luis A. Rodríguez, S. Lucero, Dardo Miño y Paulino Furió. Han muerto J.Pablo Sáa y Orlando Dopazo. Fueron apartados de las causas Tamer Yapur y Ramón Lépori, En el transcurso de las jornadas ante el Tribunal, los numerosos testigos, la mayoría víctimas, lograron reconocer a algunos de sus victimarios, los que han sido imputados y a juzgar posteriormente.

El D2 será declarado una "organización criminal"            

Cuando escuchábamos los testimonios de, por ejemplo, Rosa Gómez, Luz Faingold, Fernando Rule, Pablo Seydel, Rubén Bravo (fallecido recientemente), Silvia Ontiveros, Lucy Allegrini, Eugenio París, Angel Bustelo,víctimas que coincidieron en afirmar los padecimientos sufridos en las mazmorras del D-2, o sea el organismo de inteligencia de la Policía mendocina, nos sentíamos igualmente heridos, lastimados, destrozados y torturados espiritual y anímicamente. Y mucha bronca y odio. Son centenares los torturados, maltratados, asesinados, violadas/dos, secuestrados y desaparecidos en ese ámbito. De las investigaciones que realizamos y transcribimos en la primera edición de nuestro libro El Terrorismo de Estado en Mendoza, en 1907, afirmábamos, de acuerdo con los organismos de derechos humanos; respecto al caso de Miguel Angel Gil: "...había sido detenido el 22 de febrero de 1976...En el expediente que obra en el Juzgado Federal No. 1, del Dr. Roberto Burad ...surge la participación evidente de seis personas que intervinieron en sesiones de interrogatorios y torturas en el D-2 de la policía. Los seis a quienes se les imputa intervención evidente en la muerte de Gil son el comisario Pedro Sánchez Camargo, el comisario Agustín Oryazábal, el subcomisario Luis Eduardo Smaha Borzuk y otro policía de apellido Funes...En cada expediente de los casi 200 desaparecidos, los casi 1.200 presos, las decenas de asesinatos, tienen un listado similar de culpables.Decenas y decenas de culpables del genecidio... Entre 1974/75 y 1983, ocuparon en diversos periodos la jefatura de la Policía de Mendoa, titulares e interinos, fueron responsables de gran parte de la represión. Eran los que mandaban y tuvieron la máxima conducción y las decisiones contra las víctimas. De ninguna manera podrían invocar desconocimiento y menos inocencia. Esta es la lista: Vicecomodo  Julio César Santuccione, subjefe Ramón A. Arrieta Cortez, jefe UR II José Martínez Blasco, subjefe Jorge N. Calderón, vicecomodoro Alcides París Francisca, subjefe Raúl A. Ruiz Soppe, vicecoodro Mario A. Laporta, subjefe Nicolás R. Spinelli, subjefe Calixto Cuesta García, Cnel. Alberto R. Olivera, subjefe Augusto S. Grecco, y comisario general José Naman García. Este fue nombrado jefe de Policía (1983) por el gobernador Felipe Llaver. Por la presión y denuncia de los organismos de derechos humanos, debió renunciar, meses después del 10 de diciembre de 1983. Había sido director de la Cárcel durante la dictadura y denunciado por ex-presos políticos en que la había convertido en un campo de concentración y torturas".

De ser declarado el D-2 organización criminal, sería el segundo, ya que el primero lo ha sido la Esma. Primeros puestos de un ranking de la barbarie "procesista".

Al genocida Duret lo esperan en el penal de Marcos Paz

El coronel condenado por el secuestro y desaparción de CARLOS LABOLITA fue entregado por la policía de Chile
Duret, con vacante en el penal de Marcos Paz

Un día antes de que la Cámara de Casación revocara su absolución, el militar condenado a 15 años de prisión se fue a Chile. Anteayer lo expulsaron y la policía chilena lo entregó ayer por la tarde a la Gendarmería en el Cristo Rendentor.

La Policía de Investigaciones de Chile detuvo ayer al mediodía en la casa de un abogado amigo al coronel retirado Alejandro Duret, condenado a quince años de prisión en la Argentina por el secuestro, tortura y desaparición de Carlos Alberto Labolita, compañero de la facultad de Néstor Kirchner. A las cinco de la tarde, el represor fue trasladado al cruce fronterizo del Cristo Redentor donde fue entregado a la Gendarmería. Pasó la noche en la Unidad 32 de los tribunales mendocinos. El juez federal Carlos Rozanski pidió un lugar en el pabellón de lesa humanidad de Marcos Paz, donde será alojado para cumplir la pena. El coronel había cruzado la cordillera por Mendoza un día antes de que la Cámara de Casación revocara su absolución.

No hubo necesidad de tramitar un pedido de extradición. El intendente de la VII Región de Chile, Rodrigo Galilea, firmó la orden de expulsión de Duret anteayer. Página/12 publicó el sábado pasado que el coronel había cruzado a Chile y curiosamente no había regresado con su ex compañero del arma de Artillería, el coronel Héctor Osvaldo Miranda. En medios diplomáticos estimaban que el gobierno de Sebastián Piñera optó por resolver rápido el tema y lo diferenciaron de la situación del ex camarista mendocino Otilio Romano, quien también huyó a Chile: “Romano está apenas suspendido por el Consejo de la Magistratura. Duret, en cambio, está condenado por delitos de lesa humanidad”.

Los registros de Migración indicaron que Duret viajó en un Peugeot 206, patente EVC743 junto con Miranda y su esposa, Ana María Groppa, quienes regresaron a Mendoza en un par de horas. Miranda es socio de otro artillero, Francisco Casares, en la empresa de seguridad Kustos. Casares es el director del Instituto Superior de Seguridad Pública de la Policía de San Luis. El entramado de vinculaciones que alimentaron las sospechas sobre cómo se enteró Duret de su inminente detención se completa con que Casares es el cuñado del ex jefe de Inteligencia del Ejército, Osvaldo Montero, pasado a retiro por la ex ministra de Defensa Nilda Garré, acusado de operar en su contra.

El fiscal Daniel Adler advirtió que Duret se había ido del país y pidió de inmediato su detención. Una cuestión burocrática retrasó la ejecución del pedido. En el Tribunal que debía firmar la orden sólo estaba Rozanski ya que los otros dos integrantes del tribunal, Nelson Jarazzo y Alejandro Esmoris, tuvieron un accidente y pidieron licencia. Ante el pedido urgente de reemplazantes realizado por Rozanski, Casación designó dos jueces subrogantes. Finalmente ayer el propio Rozanski y Lidia Soto emitieron la orden lo cual le permitió a la Gendarmería recibir de manos de la policía chilena al represor expulsado.

Duret ya había viajado a Chile a mediados de septiembre. Su hijo Alejandro es instructor de esquí en Portillo y esta vez pasó a visitarlo antes de recalar en la casa de su abogado amigo, donde fue detenido.
El horror

Labolita era un militante de la Juventud Peronista que estudiaba en La Universidad Nacional de La Plata. Compartió la pensión con Néstor Kirchner y más de un grupo de estudio con Cristina Fernández. La redada militar-policial que dejaba el tendal de víctimas entre la militancia apenas instaurada la dictadura convenció a Labolita y su compañera, Gladis, de volver a su pueblo, Las Flores. Los estaban siguiendo: a él lo detuvieron primero legalmente y lo convirtieron en secuestrado apenas lo trasladaron a Azul, regimiento donde actuaba el por entonces joven oficial Duret. La madre de Labolita y la propia Gladis, sobreviviente de aquel horror, identificaron a Duret como uno de los militares que actuaron en el operativo de secuestro. En el libro La Presidenta, de Sandra Russo, Gladis recordó que cuando la secuestraron a ella lo llevaron a él para que lo viera masacrado por la tortura.

En un fallo sin precedentes, los jueces Jarazzo y Esmoris desestimaron el testimonio de la madre de Labolita y absolvieron a Duret. Lo definieron como un oficial de bajo rango pese a que integraba el Estado Mayor del Regimiento y prescindieron de los testimonios de los policías que entregaron a la víctima en Azul, por considerarlos potenciales imputados.

En el tribunal todavía recuerdan que en la primera hilera de la sala de audiencias la esposa de Duret departía con la esposa del juez Jarazzo. Mientras uno de los abogados del represor Eduardo Sinforiano San Emetero, ex chofer del general Otto Paladino y ex agente de la SIDE durante la dictadura, se regodeaba con la resolución del tribunal.

Ese fallo de agosto de 2009, apenas semanas después de que el kirchnerismo perdiera las elecciones legislativas, fue apelado. “Los señores jueces han realizado un denodado esfuerzo analítico por destruir una por una las pruebas en contra del acusado”, escribieron los fiscales Daniel Adler y Horacio Azzolín. “Si del conjunto de estas pruebas no puede deducirse una activa participación de Duret en los crímenes, sólo cabe esperar que un escribano certifique las acciones delictivas al momento de ser cometidas”, ironizaron.

El lunes pasado, Casación, en una decisión histórica, revocó la absolución del represor. Fiscales y abogados de organismos de derechos humanos destacaron la decisión de la Sala IV de Casación. Los jueces Mariano González Palazzo, Gustavo Hornos y Augusto Díaz Ojeda no sólo revirtieron la absolución, también impusieron pena, asumieron “competencia positiva” en la jerga jurídica. Lo que no hicieron los miembros del máximo tribunal penal del país fue tomar alguna medida para evitar la fuga del militar, que estuvo con prisión preventiva hasta que los jueces Jaranzo y Esmoris lo dejaron en libertad.

Condenado ahora a 15 años de prisión, Duret pasó la noche en la Unidad 32 de los Tribunales Federales de Mendoza. La Gendarmería custodiará su traslado hasta el penal de Marcos Paz. Seguramente allí, en el pabellón de lesa humanidad, el coronel de 59 años encontrará un auditorio fiel para desarrollar la tesis que lo obsesionó durante su alegato en el juicio: sentenció que nada de lo que pasó en los ’70 hubiera pasado si Marx no hubiera escrito El Capital, y se quejó porque lo estaban condenando con el Código Penal del enemigo.

Ex coronel condenado, también se esconde en Chile

El ex coronel Duret, condenado a 15 años, también estaría escondido en Chile
La moda de esconderse tras la Cordillera

Como pasó hace un mes con el suspendido Otilio Romano, esta vez fue Duret quien salió del país justo antes de que Casación lo condenara por considerarlo responsable del crimen de Carlos Labollita, en 1976.

 Por Diego Martínez

Atravesar la cordillera para esperar en Chile decisiones cruciales sobre sus futuros parece ser una nueva costumbre de los imputados por crímenes de lesa humanidad. La inauguró un mes atrás el ex camarista mendocino Otilio Roque Romano, que al día siguiente fue suspendido por el Consejo de la Magistratura. El domingo siguió sus pasos el coronel retirado Alejandro Duret, condenado un día después a quince años de prisión por la Cámara Nacional de Casación Penal. Igual que el cuyano, el militar responsable de secuestrar, torturar y desaparecer a Carlos Labollita en 1976 era técnicamente inocente y no tenía prohibición para salir del país. Hasta anoche ni siquiera tenía orden de captura, pedido que formuló el jueves el fiscal federal Daniel Adler y sobre el que debe pronunciarse el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata. La pregunta obligada es si el viaje de Duret es pura coincidencia, si el oficial de Inteligencia del Ejército Argentino seguirá el ejemplo de Romano para buscar refugio e impunidad en los pagos de Sebastián Piñera, o si ya cruzó también el Pacífico y pronto sumará su nombre al de otros cuarenta represores prófugos.

Fiscales y abogados de organismos de derechos humanos coincidieron en destacar el valor de la decisión de la Sala IV de Casación. Los jueces Mariano González Palazzo, Gustavo Hornos y Augusto Díaz Ojeda no sólo revirtieron la absolución, también impusieron pena, asumieron “competencia positiva” en la jerga jurídica. Lo que no hicieron los miembros del máximo tribunal penal del país fue tomar alguna medida para evitar la fuga del militar, que estuvo con prisión preventiva hasta que los jueces Nelson Jaranzo y Alejandro Smoris lo dejaron en libertad.

Duret fue absuelto a mediados de 2009, cinco días después de la derrota electoral de kirchnerismo. El 9 de agosto último se realizó la audiencia pública en la que fiscales y abogados pidieron su condena en nombre de los familiares de la víctima, y militares retirados y allegados hicieron acto de presencia junto con Cecilia Pando. Comenzó entonces la cuenta regresiva para que Casación se pronunciara. Según el Código Procesal Penal, la Sala IV debió convocar a Duret en persona para conocerlo antes de fallar. La audiencia, sobre la cual el Ministerio Público Fiscal nunca fue notificado, se habría realizado a principios de mes.

El lunes, Casación firmó la condena y ordenó notificar al Tribunal Oral marplatense. El miércoles la noticia trascendió extraoficialmente. El jueves al mediodía, el fiscal ante Casación, Raúl Plee, les solicitó a los jueces que ordenaran la prohibición de salir del país para Duret. Cuando los representantes del Ministerio Público apuntaron el nombre del condenado en los registros de Migraciones (también son accesibles a los jueces) se encontraron con la novedad del viaje a Chile. Por la noche, el fiscal Adler pidió la captura nacional e internacional, sobre la que debe pronunciarse ahora el TOF de Mar del Plata, acotado esta vez a Carlos Rozanski dado que Esmoris y Jarazo están de licencia y se reponen de un accidente automovilístico ocurrido el martes.

Duret cruzó la frontera por Mendoza, como Romano, pero no en avión sino en auto. Según los registros de Migraciones, viajó en un Peugeot 206, patente EVC743, junto con un militar y su esposa. Se trata de Héctor Osvaldo Miranda, que en 2003 ascendió a teniente coronel, y su esposa Ana María Groppa, ambos radicados en el barrio de oficiales del Grupo de Artillería de Montaña 8 de Mendoza. Miranda tiene 56 años, edad con la que podría permanecer en actividad en el Ejército, aunque según bases de datos empresariales está abocado a tareas privadas en un rubro sensible a los uniformados: preside la agencia de seguridad Kustos. Migraciones también registró el retorno del matrimonio, apenas dos horas después, pero entonces a solas, sin Duret, que ya se había hecho una escapada al país trasandino el 17 de septiembre.

Funcionarios chilenos afirmaron durante el último mes que Chile respeta los derechos humanos. Tanto sus normas internas como el derecho internacional establecen que el status de refugiado no incluye a acusados (menos aún condenados) por delitos de lesa humanidad. Los trámites previstos para quien solicita el refugio, sin embargo, le permiten a Romano ganar tiempo y burlar la cárcel. En los próximos días se sabrá si el del camarista es un caso aislado o si Duret decidió acompañarlo.