Aportan nuevas pruebas por el caso “La Noche de los Lápices”

La jornada de hoy del Juicio por la Verdad contó con la declaración de un hijo de desaparecidos y el aporte documental que brindó Marta Noemí Ungaro, hermana de una de las víctimas de la denominada “Noche de los Lápices”, el estudiante secundario Horacio Ungaro, quien fue secuestrado de su casa el 16 de septiembre de 1976 junto a Daniel Racero, en el marco de un operativo que tuvo como blanco a otros jóvenes que integraban la Unión de Estudiantes Secundarios.

Fuentes judiciales detallaron que el pedido de ampliación testimonial realizado por la propia testigo tuvo el objetivo de aportar documentación a la causa que investiga la desaparición de hermano. “Lo que traigo es un documento del Ministerio de Educación de la Nación del año ’76, cuando Pedro Bruera era el ministro”, dijo Ungaro, en alusión al “Operativo Claridad”, es decir, la operación ejecutada durante la última dictadura mediante la cual debía reunirse información para combatir los focos “subversivos”, a través de la vigilancia, la identificación, y el espionaje sobre personas del ámbito educativo y cultural.

“En el ‘Operativo Claridad’ están las pautas del plan que se extendió a todo el país, donde el terrorista era aquel que subvertía una idea”, sostuvo la testigo. Y agregó: “ahí está planificado un esquema de cómo controlar el pensamiento de los niños desde el jardín de infantes”.

La testigo aclaró que la documentación le había sido suministrada por Adelina Dematti de Alaye, Madre de Plaza de Mayo y fundadora de la APDH La Plata, a través del Archivo Histórico de la Provincia.

“Quisiera ver si se puede derivar una acción penal o civil al señor Bruera, de quien supe que fue rector del Colegio Nacional de Rosario hasta septiembre de 2011”, solicitó Ungaro, a lo que el juez Leopoldo Schiffrin contestó que correspondía a la jurisdicción de Capital Federal.

Además del documento sobre el “Operativo Claridad”, la testigo aportó un radiograma que informaba sobre detenciones con el sello de clasificados de Estados Unidos, y un petitorio firmado por más de doscientas personas que se habían juntado frente al Congreso Nacional en octubre de 1977 para reclamar por sus familiares detenidos-desaparecidos.

“El aporte es muy valioso y me ha hecho cambiar la visión acerca de la Noche de los Lápices, que durante los 80 fue un episodio muy minimizado”, concluyó Schiffrin.

La denominada “Noche de los Lápices” fue uno de los sucesos más representativos dentro de la represión impuesta por la última dictadura militar argentina, ya que las desapariciones se realizaron sobre estudiantes, en su mayoría, menores de edad, que peleaban por la implementación del hasta hoy llamado boleto secundario.

El caso tomó notoriedad pública en 1985, luego del testimonio de Pablo Díaz (uno de los sobrevivientes) en el Juicio a las Juntas. Él mismo participó de la creación del guión que llevó la historia al cine en 1986.

Cuatro de los estudiantes secuestrados sobrevivieron a las posteriores torturas y traslados impuestos por la dictadura.

El relato de un hijo

Gustavo Hernán Rojas, por su parte, declaró en el marco de la causa que investiga el secuestro de su padre Marcos Alberto Rojas, un operario de la empresa Techint que cumplía funciones en Propulsora Siderúrgica y que fue detenido la tarde del 24 de marzo de 1976 por un grupo de entre quince y veinte personas del Ejército que se presentó en su casa de Gonnet.

“Cuando mi papá fue detenido yo dormía la siesta y fui llevado con él, hasta que días después me devolvieron a mi abuela paterna”, contó Rojas. Según declaró, su padre permaneció desaparecido tres meses y pasó por la Sección Cannes de 1 y 44, y luego por la Comisaría Novena.

Tiempo después, a la que detuvieron fue a su madre Mirta Mabel Barragán, embarazada de seis meses, junto al testigo y a su compañero Edgardo Zampallo. Esta vez la familia pasó por la Comisaría Séptima de Capital Federal y Rojas, de apenas cuatro años por aquel entonces, recordó que uno de los comisarios se encariñó con él y lo tuvo dos meses, hasta que apareció su padre, quien lo retiró definitivamente de la dependencia. Respecto a su madre, continúa desaparecida y se presume que habría estado en los Centros Clandestinos de Detención conocidos como “El Atlético” y “El Banco”.