Warfi Herrera genocida en Santiago del Estero, escondido como rata en Santa Fé

El ex militar que estuvo prófugo de la Justicia, está acusado de desaparición forzada, torturas y homicidio calificado.
Procesaron a Warfi Herrera por delitos de lesa humanidad

 El juez federal local, Guillermo Molinari, procesó al ex jefe de Policía durante el proceso militar, Ramón Warfi Herrera, por desaparición forzada, torturas, homicidio calificado y asociación ilícita, en perjuicio de más de 10 santiagueños. Estos crímenes que tienen la figura de lesa humanidad, integran los casos investigados en el Grupo Tres de la Megacausa de Derechos Humanos (desapariciones forzadas durante la dictadura).
En el mismo fallo, el magistrado dictó la falta de mérito al represor por los crímenes de Marta Azucena Castillo y Armando Arquetti, decisión que fue apelada por la Fiscalía Federal General y que deberá dirimirse en la Cámara de Apelaciones.
Herrera había sido indagado a fines de diciembre por el juez, tras haber sido localizado en Rosario, Santa Fe, por un grupo especial de búsqueda de represores prófugos. El ex militar se abstuvo de declarar durante la indagatoria, pero escuchó de parte del funcionario judicial los delitos que se le imputan.
Warfi Herrera fue jefe de Policía en la provincia durante el proceso y bajo su mando estaba Musa Azar Curi, jefe de los grupos de tareas represivos que actuaban en la órbita del Departamento de Informaciones Policiales, que también funcionó por esos años como un centro clandestino de detención.
Captura
Si bien Herrera es oriundo de la provincia, se encontraba viviendo en Santa Fe adonde fue capturado por fuerzas especiales y Gendarmería, en un operativo que fue montado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Actualmente cumple prisión preventiva en la Unidad Penitenciaria Federal de Colonia Pinto, en el departamento Robles.
Los casos por los que el ex jefe policial fue procesado son 13: Lídoro Oscar Aragón Navarro, Hugo Arnaldo Vega, Hugo Milcíades Concha, Santiago Augusto Díaz, Dardo Exequiel Arias, Abdala Auad, Roberto Bugatti, Héctor Rubén Carabajal, Daniel Enrique Dicchiara, Mario Alejandro Giribaldi, Miguel Ángel Lema Aguiar, Guillermo Augusto Miguel y Julio César Salomón.

El genocida Colombo, condenado y aún en activo en el ejército, se pasea con total impunidad

Se vio cenar al condenado Colombo en restaurante céntrico

Según trascendió fue en Piègari, un restorán caro de la ciudad de Bs As, en el mes de diciembre. La LADH denuncia lentitud de la justicia federal formoseña, que contradice la política de estado fijada a nivel nacional.

La editorial de la página  en Facebook de la Liga Argentina de los Derechos del Hombre de Formosa titulada “La construcción de los principios de Memoria, Verdad y Justicia en Formosa, y la mala palabra” se señala la distancia que existe entre el enunciado y los gestos políticos del gobierno nacional con el accionar de la justicia federal formoseña.

En tal sentido, se señala que “esta semana trascendió que el ex gobernador de facto de Formosa, el todavía general Juan Carlos Colombo, cenó en el restaurant Piégari, uno de los mas caros de Buenos Aires con su familia en el mes de diciembre. Recordemos que el anciano delincuente, fue condenado a veinticinco años de prisión por crímenes de lesa humanidad por el Tribunal Oral Federal de Formosa, falló que se encuentra firme por resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Plácidamente se encontraba en ese restaurant violando las condiciones de su “prisión domiciliaria”.

 “A eso debe agregarse una nueva elevación a juicio del habitué de costosos restaurantes de Buenos Aires, destinada a obstruir nuevos juicios a los represores que asolaron la provincia en los oscuros años 70. Tal elevación se produjo por delitos probados con anterioridad a la primera elevación, lo cual implicaría un juzgamiento en cómodas cuotas”.

Estos hechos, se suman a las denuncias ya conocidas de “sospechosa lentitud” de la fiscalía formoseña que demoró seis meses “en elevar el expediente (de cómputo de pena) al Tribunal de Casación, elevación que se produjo ante el reclamo de querellantes y abogados”. Todavía no se resuelve el pedido de cárcel común a los imputados y al condenado.

Se señala también que, a pesar de los pedidos de la LADH se sigue financiando con dinero público la clandestinidad del prófugo Horacio Rafael Domatto,  y que “no se conoció actividad alguna de la fiscalía respecto de la declaración que compromete gravemente la situación procesal de (Agustín) Echeverría”-oficial de policía provincial- en el caso del supuesto suicidio del conscripto Genes detenido en el Rim 29 acusado de “bailar con una subversiva”; como tampoco de la revocatoria de la Cámara de Casación por unanimidad del sobreseimiento  logrado en primera instancia en dos casos por el ex subjefe de Policía de Formosa.

Y se remarca una situación contradictoria, pues “cuando en el resto del país la política judicial se orienta a la concentración en megacausas de todos los imputados, en Formosa se los va elevando a juicio con cuentagotas y por solo algunos de los cientos de delitos cometidos”. Para concluir afirmando que “va siendo hora que la política nacional de derechos humanos, las disposiciones de la Cámara Nacional de Casación Penal y de la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación lleguen a Formosa por vía de la justicia federal, a efectos que los gemidos de los torturados y el silencio de los desaparecidos en la dictadura, no terminen transformando la acción judicial tan solo en una mala palabra”.

Un ex prefecto uruguayo hizo las fotos que prueban los vuelos de la muerte

Las imágenes que la cidh entregó al juez sergio torres
Daniel Rey Piuma retrató los cuerpos que habían llegado a las costas de su país. Está dispuesto a declarar y entregar otros archivos.
 
Luego de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)  entregara al juez Sergio Torres fotos que pruebas los vuelos de la muerte, el prefecto uruguayo Daniel Rey Piuma confirmó que es el autor de las imágenes de los cuerpos que aparecieron atados y con signos de torturas en las costas orientales. Adelantó que está dispuesto a entregar los archivos completos y a declarar ante los juzgados que lo soliciten.
 
Según las autoridades de la CIDH, las fotos y archivos que entregaron al juez Torres en diciembre formaría parte de los documentos que la CIDH compiló en su visita a la Argentina en septiembre de 1979 durante la última dictadura militar. En una entrevista al periódico La Diaria de Uruguay, Piuma confirmó desde su residencia en Ámsterdam que él fue el autor de las fotografías miembro de Prefectura, que las entregó a la CIDH en 1982 y que en total documentó 26 cuerpos que llegaron a las costas uruguayas presumiblemente arrojados al mar en los vuelos de la muerte.“Era oficialmente planimétrico, el que hace los planos en el lugar de homicidios, pero también era fotógrafo, perito criminal, especialista en abrir toda clase de cerraduras, en detectar drogas. Personal técnico, como en cualquier servicio de inteligencia del mundo”, detalló el ex prefecto, quien en 1980 se fue de Uruguay con la documentación y las fotos y declaró ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en Brasil, y luego también lo hizo en Washington, ante la CIDH.
Piuma recordó que luego de algunos hallazgos aislados comenzaron a aparecer cuerpos de manera sistemática, por lo que la Dirección de Inteligencia de Prefectura (Dipre) decidió ocultarlo a la opinión pública. “Durante dos o tres meses viene la corriente de los ríos Uruguay y Paraná que es muy fuerte y traslada todo al Río de la Plata. Uno de los últimos cuerpos que yo registré, en la playa Pocitos, era sólo huesitos. Y entonces terminó mi reporte porque después de eso en la Dipre se planteó que ya era un problema serio porque daba para suponer que había muchísima más gente. En 1979 se encontraron dos cuerpos, uno masculino y otro femenino, a los que les habían quemado las caras con soplete y para eso los milicos no estaban preparados, porque ya no tenían ninguna excusa, y eso se empezó a ocultar a la prensa”, contó y recordó que la Prefectura comprobó en algunos casos que se trató de argentinos, ya fuera por las ropas o porque estaban atados con cuerdas de persianas que en Uruguay no se vendían en ese momento.

Formosa : Financiar la clandestinidad

Tabú es el de la justicia  en los delitos de lesa humanidad. .

La Liga Argentina por los Derechos del Hombre tuvo que elevar un escrito por denegación o retardo de justicia al no responderle sobre su presentación como querellante en la causa Carrillo. Lo destacable no es el hecho en sí, ya que los organismos de Derechos Humanos en Formosa están acostumbrados a este trato dilatorio por parte de determinados funcionarios judiciales. Lo importante es señalar que la prensa oficial y oficiosa que cubre la información de la mayoría de la ciudadanía formoseña no se hizo eco de esta noticia. Y mucho menos el pedido efectuado por la nueva querella  de cortarle la asignación mensual al prófugo Domatto, por el cual hace años el ejecutivo nacional viene ofreciendo cien mil pesos como recompensa a quien ayude a encontrar su paradero. Que haya funcionarios tan “flexibles” con los prófugos, que hagan la vista gorda permitiendo la financiación de su clandestinidad, es casi como una normalidad en una justicia atravesada por quienes juraron por los estatutos del PRN antes que la Constitución, y añoran in péctore dicha ideología…Pero que en la prensa que consume la gran mayoría de los formoseños, este tipo de noticias no aparezca, y que las oficinas de prensa del gobierno provincial no se hagan eco de esta situación, es también un dato a tener en cuenta. Altamente significativo y elocuente. Pero… de esto no se habla.

REVOCATORIA

Otro tema comentado soto voce, casi sin prensa ha sido  la revocatoria ordenada por la Càmara de Casación Penal  sobre el sobreseimiento dictado por el juez federal Marco Bruno Quinteros a favor del ex subjefe de policía provincial Agustín Echeverría. No es un tema menor, si se tiene en cuenta que el beneficiado por el fallo en primera instancia fue uno de los hombres fuertes de la policía de la gestión reelegida por quinta vez. También debe tenerse en cuenta que el juez que fundamentó el sobreseimiento provisorio de Echeverría, suena como muy probable candidato a integrar el Superior Tribunal de Justicia de Formosa.  En este marco comentar que el juez no tomó en cuenta la declaración de las mujeres víctimas de vejámenes que reconocieron al oficial como autor y partícipe, tampoco parece prudente por la prensa local, asumiendo el costo de que el día de mañana se pueda asociar el silencio con la complicidad. Lo que sí es cierto, de certeza absoluta, como reafirman los abogados, es que la Cámara de Casación en lo Penal, por unanimidad no estuvo de acuerdo con el juez, y si con las testigos en un tema que constituye política de estado para los tres poderes de la Nación.

Pero, de esto en Formosa, no se habla.

JUJUY: "Estamos buscado a las víctimas"

Las causas de lesa humanidad de Jujuy no "sintonizan" con la política nacional en materia de Derechos Humanos. Es deuda del Estado, a 35 años de la dictadura militar, no avanzar con celeridad con juicios orales y públicos. Son siete las causas elevadas a juicio y solo diez imputados, aunque Fiscalía y querellantes han presentado una lista de 86 imputaciones.

Por Mariana Mamani

¿Cuál es la situación de las causas de lesa humanidad hasta el momento en la provincia?

- Estamos trabajando desde el 2001 en estas causas, ya diez años con un trabajo ininterrumpido. Actualmente trabajando sobre un total de 121 víctimas, de las cuales 72 se encuentra asesinadas, así las consideramos y sus cuerpos siguen ocultos. Tratamos de no referirnos a personas desaparecidas porque las personas no desaparecen. Las personas están, no sabemos dónde, las estamos buscando. En ese sentido este año estuvo trabajando el Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf).

-El Eeaf estuvo en una etapa de investigación durante el año pasado en los predios de Yala?

-Si realizaron un relevamientoen el cementerio de Yala, trabajaron sobre dos sectores, los cuadros 5 y 6, y retiraron ocho restos óseos, que son para investigar. Es decir, no sabemos si corresponden o no a víctimas del Terrorismo de Estado. Pero bueno de acuerdo al análisis que ellos hicieron, existiría una posibilidad. En ese sentido ellos están trabajando y se verá si los resultados corresponden a nuestras víctimas. Ese es uno de los objetivos de estas investigaciones, que es dar con las víctimas, porque en algún lugar están, hay que buscarlas y esa es la esperanza nuestra y de los familiares y de las víctimas de encontrarlas. Es un derecho fundamental de los familiares de saber qué pasó con sus seres queridos y en ese objetivo estamos trabajando tanto la Fiscalía como los Juzgados Federales Nº1 y Nº2.

-De las causas, ¿cuáles son las que estarían por elevarse a juicio y si el tribunal oral se conforma?

-Tenemos varias causas elevadas a juicio, con respecto a 70 víctimas y con relación de 10 imputados, que están actualmente detenidos. Lo que están esperando familiares y la sociedad toda, es que en el 2012 se lleven a cabo los juicios en el Tribunal Oral con la participación de toda la sociedad, que sean orales y públicos.

- Que Jujuy encuentre sintonía con la política nacional en materia de derechos humanos, que se realicen los juicios orales y públicos a los genocidas...

-El otro día hubo un reclamo de familiares, porque había un riesgo procesal cierto, de que las causas en vez de tramitarse por juicio oral y público que garantice tanto los derechos de los imputados como la participación de la sociedad, se hagan con un procedimiento antiguo, anacrónico, que son juicios escritos. La única causa en el país que tramito por ese código fue la causa “Palomitas”, donde interviene también esta Fiscalía; pero es la única. Y no tiene ningún sustento legal que hoy se tramite esas causas con un procedimiento inquisitivo, escrito, sin participación de la sociedad. Incluso en todo el país son así. Además el “Juicio a las Juntas” se realizó de manera oral y pública. Hoy podemos todos conocer los testimonios de las víctimas y lo que sucedió gracias a esa oralidad y publicidad de ese juicio. Hoy Videla, uno de los principales responsables, sigue siendo juzgado mediante juicios orales y públicos, y no tiene ningún sentido que en Jujuy sea la única provincia que no se puedan hacer. Hay voluntad de los jueces, del Tribunal Oral actual de hacer los juicios y todo depende de la instancia Superior de las resoluciones que adopte la Cámara de Casación Penal sobre estos temas.

 -Esta decisión sería un revés a los organismos de DDHH, a la sociedad...

-Uno al presenciar las audiencias y los testimonios de las víctimas realmente puede tomar verdadera dimensión de lo que fueron los hechos y la represión, el dolor que aun persiste a pesar que han transcurrido más de treinta años; uno escucha los testimonios y dimensiona lo que han sufrido.

- En Tucumán han encontrado una fosa común, importantes hallazgos que esclarecen esta parte de la historia y dan muestra clara de la violación a los derechos humanos y dan luz a la verdad...

-Es un gran trabajo en el famosos Pozo de Vargas, donde hace años que están trabajando los antropólogos. Así también veíamos en un programa televisivo donde una de las víctimas de Vargas Aignasse declaraba, y se veía que en el testimonio de Bussi que decía “que a las víctimas las había liberado”; pero en realidad no las había liberado, en realidad estaban muertas, ocultos sus cuerpos en algún lugar.
Acá en Jujuy también les decían a familiares respecto a sus víctimas que fueron liberados, que estaban fuera del país, distintas versiones. Y a más de 30 años no tienen ningún sustento. Ninguna de las víctimas que hoy mantenemos como desaparecidas consideramos que no están con vida, las consideramos muertas, asesinadas.

-Jujuy tiene la particularidad que los que han orquestado el Terrorismo de Estado, o en cargos de mando no han sido imputados, solo hay imputados de menor rango...

-Esa es una deuda desde la justicia, del Estado, del Ministerio Público del cual formo parte. También y me siento responsable en ese sentido que no se haya avanzado con la mayor celeridad posible que los máximos responsables de estos hechos estén siendo juzgados y se determine la responsabilidad. El principal responsable de los hechos ocurridos en Jujuy fue el coronel Bulacio, que ni siquiera se lo pudo indagar si quiera. Entonces creo que esa es una deuda con la sociedad, con las víctimas. Los que hoy están siendo procesados y están llevados a juicio a excepción de Luciano Benjamín Menéndez que es el único jerarca que está con vida. Los demás son de rango medio, hacia abajo. En total se puede englobar 70 víctimas sobre las cuales se elevo a juicio y 10 imputados sobre las cuales se elevo a juicio.

-Podrían sumarse más imputados?

-Si en realidad nosotros tenemos 86 imputados, pero no todos aun fueron indagados, procesados. Es decir de los 86 imputados que la Fiscalía formuló acusación solo 10 han sido procesados. Hay muchos de ellos que ya están fallecidos tenemos 20 personas imputadas fallecidas

-El paso del tiempo es cruel tanto para víctimas como para imputados?

-Más de 30 años, las personas por la edad cronológica van muriendo y es un reclamo de familiares y la necesidad de llegar a los juicios. Menéndez hasta hace poco podía declarar y viajamos a Tucumán; y hoy ya no, hoy esta con problemas de salud y urge la necesidad de los juicios. Hasta que no terminemos de juzgar a todos aquellos que se consideren responsables y hasta que no encontremos a todas las víctimas creo que la tarea no habrá finalizado. Sin duda en estos 10 años se ha trabajado de manera incesante, pero falta mucho por hacer.

-En cuanto a los responsables civiles y del poder económico se esta avanzado?

-Hay situaciones de personas civiles que han prestado colaboración en estas causas y estamos realizando las investigaciones, porque si han participado con la represión también tienen que ser llevadas a juicio.

Funcionaria judicial es defensora de su padre represor, pero también es integrante de la Cámara de Casación Penal

María Laura Olea es integrante de la Cámara de Casación, actúa como abogada de su padre represor. Una funcionaria judicial que cambia de rol

Su padre, Braulio Olea, fue condenado en 2008 en Neuquén a 25 años de prisión. La situación de María Laura generó una gran revuelo durante el último acuerdo de asación. Se le abrió un sumario que podría terminar con su sanción o el despido.

 Por Irina Hauser

La mujer pasa horas en su despacho. Escribe fallos, le da letra a su jefe, integrante de la Cámara de Casación Penal. Lleva años haciéndolo. Un día reciente se levanta de la silla para moverse hacia otra oficina del mismo tribunal donde hay una audiencia. Con naturalidad, se muda de la función de secretaria al papel de abogada y alega en defensa de su padre, el general de brigada (R) Braulio Olea, condenado en 2008 en Neuquén a 25 años de prisión junto con otros siete represores que estuvieron a cargo del centro clandestino de detención La Escuelita. Luego vuelve a su escritorio. La situación generó un gran revuelo en el último “acuerdo de superintendencia” donde se reúnen los titulares de las cuatro salas de Casación y terminó en la decisión de la presidenta saliente de la cámara, Angela Ledesma, de abrir una investigación sumaria. La jueza planteó que podría haber una violación a las reglas, ya que la empleada no habría estado autorizada a actuar como defensora, pero señaló que la cuestión iría más allá incluso de la discusión sobre su ética y decoro: ¿qué hace un secretario/a del tribunal que tiene que resolver cientos de casos de lesa humanidad (que se supone intenta agilizar) litigando ahí mismo?

María Laura Olea es secretaria en la Cámara de Casación. Fue prosecretaria y actualmente es mano derecha de Eduardo Riggi, de la Sala III, según informaron en el tribunal a Página/12. Riggi es uno de los jueces más antiguos del tribunal. Su nombre sonó mucho en los últimos meses porque se lo investiga en una presunta trama de sobornos destinados a conseguir la libertad de los acusados del asesinato de Mariano Ferreyra y beneficiar a José Pedraza. Dos ex secretarios suyos están citados a indagatoria por ese asunto. A Olea, en rigor, el juez Riggi la autorizó a tomarse una licencia sin goce de sueldo en 2008 para ejercer la defensa de su padre en el juicio oral en Neuquén. Esa decisión fue avalada por los camaristas Liliana Catucci, Juan Fégoli, Juan Carlos Rodríguez Basabilvaso y Ledesma. Entonces entendieron que si bien el Reglamento de la Justicia Nacional prohíbe a los empleados y funcionarios judiciales ejercer como abogados, existe una excepción, y es cuando quieran hacerlo por causas personales o en representación de familiares directos.

El juicio contra Olea y otros militares en Neuquén fue tres años atrás. Se los acusó y condenó por secuestro, robo, coacción, asociación ilícita y tormentos, tanto psíquicos como físicos aplicados a las víctimas. La hija del general volvió a su despacho en tribunales. La revisión de la sentencia le tocó a la Sala IV de la Cámara de Casación, que hoy integran Gustavo Hornos y dos jueces nuevos, Mariano Borinsky y Juan Gemignani (h). A la audiencia recientemente convocada para que las partes expusieran sus argumentos concurrieron los abogados de ambos lados, la secretaria incluida, quien expuso junto a otro defensor, Gerardo Ibáñez. Duró diez horas y allí nadie cuestionó a la mujer. Sin embargo, su aparición no pasó inadvertida y el rumor llegó a otros jueces.

El miércoles pasado, el tema fue planteado en el llamado “acuerdo de superintendencia”. Lo introdujo Ledesma y se sumó Pedro David. La jueza, si bien fue una de las que había habilitado a Olea en 2008 para asumir la defensa, esta vez consideró que debió tramitar una nueva autorización, más aún teniendo en cuenta que es una empleada del mismo tribunal que ahora está revisando la condena de su padre. Catucci dijo que creía recordar que el permiso de años atrás había sido acotado en el tiempo y a su actuación en el tribunal de Neuquén. La resolución no lo definía taxativamente. Hornos, que en su momento se había negado a firmar el permiso, dijo que a pesar de eso había dado por hecho que estaba vigente y no correspondía desautorizar una decisión adoptada por el tribunal.

Ni Hornos ni Catucci ni Raúl Madueño, que participaban de la reunión, quisieron abrir un sumario, pero le plantearon a Ledesma que si lo creía conveniente abriera una “prevención sumaria”, es decir, una suerte de investigación preliminar que allane el camino al sumario propiamente dicho. Y así lo hizo. Ayer ya mandó a pedir a la Sala IV las filmaciones de la audiencia. Olea padre tiene otra causa que está a consideración de Casación, pero en la Sala II, que es la que está promoviendo la agilización de las causas de derechos humanos. En ese expediente no está como abogada la hija.

El sumario contra la secretaria podría terminar en una sanción o hasta en su despido, pero además tiene un valor simbólico agregado en un tribunal que por largos años apañó a los represores y complicó las causas sobre el terrorismo de Estado. Hay un dato, que sería agregado a esta investigación con videos que pueden verse en YouTube, que podría complicar más a Olea: ella habría estado en el escrache al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, que impulsó un grupo de hijos de represores (que se autodenominan “Hijos y Nietos de Presos Políticos”) cuando el juez presentaba en la Facultad de Derecho de la UBA su libro sobre el avance de los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura (Derechos Humanos: Justicia y Reparación).

Los jóvenes acusaron a Lorenzetti de no respetar los derechos humanos de lo represores. El les contestó que con los juicios “no hay marcha atrás” y que tienen todas las garantías que ellos negaron durante la dictadura. Olea, con defensa especial, lo sabe.

El Ministerio de Seguridad siguen pagando salarios a un genocida buscado (¿?)

El Ejecutivo paga para encontrar su paradero y  el prófugo cobra del erario público un ingreso mensual que solventa su clandestinidad. Piden cortar los haberes a un acusado de genocida prófugo hace varios años

Por “inactividad” de la fiscalía se solicita que le dejen de pagar mensualmente a Horacio Rafael Domato,  por quien el Estado ofrece una recompensa de 100.000 pesos  para encontrarlo
 
A través de este escrito presentado por el abogado de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH) se conoció que hace años Horacio Rafael Domatto, prófugo de la justicia, acusado de cometer delitos de lesa humanidad en Formosa , cobra mensualmente sus haberes como retirado de Gendarmerìa Nacional. Lo paradojal del caso es que simultáneamente  al libramiento de su captura  se hace público el ofrecimiento oficial de $100.000 en recompensa para quien acerque datos para dar con su paradero. Para los letrados y organismos defensores de Derechos Humanos, el Ministerio Público, una vez màs, esta vez con su inacción vuelve a favorecer a los imputados. En el escrito de la LADH se menciona la “inacción” sobre unos 16 casos del Departamento Pilcomayo sobre los cuales no se ha ordenado investigación alguna.

En realidad la LADH presentò dos escritos, uno por denegación o retardo de justicia,  y otro sobre el caso Domatto.  Ambos por “inacción”, ya que todavía no se obtuvo respuesta de la presentación de la LADH como querellante y su actuación en la querella en la causa Carrillo efectuada el pasado 5 de diciembre.

En el escrito sobre el represor Domato la LADH solicita “que ante la inactividad del Ministerio Público”,  con habilitación de día y hora “se libre oficio al Ministerio de Seguridad de la Nación para que, por intermedio de quien corresponda, se ordene la retención de los haberes del represor y torturador prófugo comandante de Gendarmería Horacio Rafael Domato, y la notificación a los puestos fronterizos con la República del Paraguay de la constante presencia de ese sujeto”. Agrega además que “conforme las constancias de autos, el prófugo obtuvo un “certificado de supervivencia” en la provincia de Córdoba a efectos de continuar percibiendo su retiro por parte de su fuerza de seguridad. Tal hecho fue informado al Juzgado por la propia fuerza, sin ninguna actividad al respecto por parte del Ministerio Público. Ocurre algo similar respecto de la investigación de la represión ocurrida en el Departamento Pilcomayo, donde nos encontramos con 16 causas paralizadas”. Seguidamente comenta: “No escapará al criterio del señor juez que la continuación en el cobro de su retiro por parte del principal torturador que asolara la Provincia de Formosa durante la dictadura militar que padecimos los argentinos desde 1976, posibilita la continuidad de su condición de prófugo evadiendo así la acción de la justicia. Ello sin perjuicio de las constancias de su reiterado paso a la República del Paraguay por el paso internacional de Clorinda, custodiado por integrantes de su misma fuerza, y su continua presencia en la Provincia de Formosa.

Resulta un contrasentido que el Ministerio de Justicia y de Derechos Humanos de la Nación ofrezca una recompensa de $ 100.000 por la captura del torturador prófugo, y, los responsables de su persecución penal no tomen las medidas conducentes a su detención, posibilitando que anualmente el mismo estado le abone sumas iguales o equivalentes” finaliza el escrito.

Fiscal Cartasegna consagra la impunidad de la tortura

El Fiscal Dr. Fernando Cartasegna, titular de la UFI N º 4 de La Plata, solicitó a la justicia ser apartado de la causa iniciada en octubre de 2010 (IPP 34728-10), sin haber investigado los hechos de torturas denunciados oportunamente por la Comisión por la Memoria y la Defensoría Penal Juvenil N° 16. La brutal golpiza, la práctica de submarino seco y submarino húmedo ejecutados sobre HECTOR ALEJANDRO ALONSO (que tenía en ese momento 17 años), va camino a quedar impune sustentada en la deficiente e inadecuada investigación fiscal.
 
Con motivo de estos hechos, acreditados por peritos judiciales en la causa al momento de hacerse la denuncia, se relevó a los agentes policiales de la Seccional 6° de Tolosa. Se les instruyó sumario administrativo que tampoco avanzó ya que por medio de mecanismos institucionales que encubren los hechos, se deja atado el resultado del sumario interno al resultado de la causa penal. Al no haber imputación del delito por la nula investigación judicial, las medidas administrativas de pases a disponibilidad quedan sin efecto y los agentes vuelven a trabajar sin sanción alguna. De este modo se consagra un circuito de impunidad entre el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo, que impide la realización de la justicia.
 
La magnitud del caso motivó la intervención de la Organización Mundial Contra la Tortura (Caso ARG 131010.CC - exp. num. 21.200-28132/10, Ministerio de Justicia, Prov. Buenos Aires, "Solicitud de Intervención de la O.M .C.T.") que solicitó al Estado Nacional, Provincial y Municipal, medidas de protección y de reparación a la víctima, además de una pronta y exhaustiva investigación, apartando del cargo a los funcionarios responsables. No se cumplió con esta solicitud ni hubo asistencia adecuada para Alonso como víctima de torturas de parte de los Poderes Ejecutivo o Judicial. La única que se le brindó provino de la CPM y del Fondo de Asistencia a víctimas de torturas de ONU a través de la ONG de derechos humanos CODESEDH.
A un año y tres meses del aquel hecho el fiscal, pide ser apartado de la investigación argumentando sentirse ofendido por que un denunciante informa a la Procuración el estado de la causa y la ausencia de todo impulso procesal. El pedido de apartamiento ocurre tras no haber realizado ningún acto de prueba de entidad, manteniendo la carátula de "Severidades, vejaciones y /o apremios ilegales", sin citar a nadie a declaración indagatoria. Durante el trámite de esta causa Alonso fue reiteradamente hostigado y perseguido por la policía bonaerense, se fraguaron contra el causas judiciales y se le hicieron allanamientos sin orden judicial o incluso autorizado por la misma fiscalía.El grave retardo judicial y el entorpecimiento de la investigación se reitera en diferentes actuaciones donde se encubre y desnaturalizan estos hechos que son calificados como delitos menores de apremio y vejaciones, para así eludir la calificación de torturas, que implicaría penas más graves para sus autores.

La Fiscalía no sólo no investigó, sino que omitió cumplir con la Resolución 1390 de la Procuración General , las Reglas Básicas sobre investigación de casos de tortura (Protocolo de Estambul) y la Convención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (arts. 1, 2,5, 6,12), que señalan la obligatoriedad de perseguir y sancionar estos delitos, castigar a sus responsables y asistir a las víctimas.La deficiente actuación judicial demuestra las falencias estructurales de la Provincia de Buenos Aires para investigar y perseguir los casos de torturas.
El Director del Comité contra la Tortura de la Comisión Provincial por la Memoria , Dr. Roberto F. Cipriano Garcia, manifestó: "Solicitamos al Ministerio Público provincial, el avance urgente de esta causa penal y el cumplimiento de la resolución 1390 para que se profundice la actuación fiscal en todas las causas que investigan delitos cometidos por funcionarios públicos. También reiteramos lo pedido hace tiempo para que se elaboren protocolos de investigación para casos de torturas y que se analice la responsabilidad de estos funcionarios que incumplen con sus deberes funcionales".

El Secretario Ejecutivo de la Comisión Provincial por la Memoria , Alejandro Mosquera, señaló: "En estos casos el Poder Ejecutivo provincial debe cumplir con lo requerido por los Organismos de Derechos Humanos de Naciones Unidas y del Sistema Interamericano, que reiteradamente han señalado la necesidad de investigar estos delitos y asistir y reparar a sus víctimas. Ademas de las investigaciones judiciales, las investigaciones administrativas deben sancionar de manera contundente a quienes vejaron, torturaron y luego trataron de presionar o chantajear a un pibe. Si no se toman las medidas que corresponden, se invita a repetirlos sobre otros menores y se consagra un circuito de impunidad."

Formosa: el ex fiscal de Estado del genocida Colombo, no piensa renunciar

El ex fiscal de Estado del genocida Colombo, Eduardo Hang aseguró que no tiene pensado renunciar a su cargo de ministro del STJ‏.
"Por el momento no tengo la intención de jubilarme”

El ex fiscal de Estado del genocida Colombo aseguró que no tiene pensado renunciar a su cargo de ministro del STJ
 
El ministro del Superior Tribunal de Justicia (STJ), Eduardo Manuel Hang, aclaró que no presentó ningún pedido de jubilación ni tiene pensado hacerlo en el corto plazo.

De esta manera Hang contestó el magistrado a las requisitorias de FM Nueva Provincia y echó por tierra las versiones de algunos medios periodísticos que plantearon su posible alejamiento del máximo órgano judicial de la provincia.

"No se de dónde surgieron esas versiones periodísticas. Por el momento no presenté mi pedido de jubilación ni dije nada al respecto. Cada dos o tres meses me quieren jubilar pero esos son comentarios infundados", expresó Hang.

El ministro del STJ comentó que cuando era juez de Cámara pensó en esa posibilidad y hasta presentó algunas documentaciones pero después lo dejó sin efecto y desde que fue nombrado ministro no volvió a plantearse la posibilidad de un retiro.

"Por el momento no tengo la intención de jubilarme. Vamos a ver qué pasa el año próximo, pero mientras el intelecto y el cuerpo me lo permitan voy a seguir en esta función", remarcó el magistrado que tiene más de 40 años de experiencia laboral en la justicia. Ingresó en 1967 hasta noviembre de 1976, después reingresó en el 80 cuando se crearon las cámaras.

Por otra parte, aseguró que la disminución de los ministros de cinco a tres miembros no generó demasiadas complicaciones en la labor que desarrollan. "Por suerte contamos con la buena voluntad de los jueces subrogantes de las cámaras civiles. Tampoco hay muchas disidencias ni dificultades entre los ministros, aunque hay que trabajar un poco más", agregó.

Con respecto a la posible designación de nuevos ministros, dijo que el Superior Tribunal tiene un fundamento de política institucional, que es el de controlar que se cumpla la Constitución de la provincia y la Constitución nacional por lo que lo que deben estar preparados para receptar los nombramientos que la Legislatura decida, tal cual ocurrió siempre.A todo esto, contó que el ministro Héctor Tievas ya presentó su renuncia y el STJ lo envió a la Legislatura. "Lo único que falta es que sea aceptada", sostuvo. Recordemos que Tievas, fue perseguido y detenido por razones políticas durante el terrorismo de Estado, a diferencia de Hang quien ocupó cargos de conducción estratégica.

“El obispado era puente con los represores”

Las pruebas documentales de la complicidad de la justicia y la iglesia en Mar del Plata.
Los fiscales Guillermo Friele y Mercedes Soiza Reilly, que impulsan la acusación en el llamado juicio Base Naval II de Mar del Plata, describieron las pruebas que dan cuenta de la participación civil que cubrió las detenciones ilegales.

 Por Alejandra Dandan

Jueces federales en los centros clandestinos. Las indagatorias a los detenidos-desaparecidos adentro de la Base Naval de Mar del Plata. Los hábeas corpus. Las negativas a los familiares de esos mismos magistrados. El papel de la Iglesia. El Obispado de Mar del Plata como portero y habilitador de entrevistas entre represores y familiares. El Hospital Interzonal. Los médicos que curaban a secuestrados que luego volvían a los centros clandestinos. La “Ciudad Feliz” y las postales que muestran cómo sus instituciones civiles trabajaron mancomunadamente para sostener la dictadura son algunos de los elementos que está revelando el nuevo juicio oral, llamado Base Naval II, que se lleva adelante en Mar del Plata. Los fiscales Guillermo Friele y Mercedes Soiza Reilly, que estuvieron a cargo del juicio por Automotores Orletti en Buenos Aires y ahora siguen el de Mar del Plata, están sorprendidos: dicen que así como en Orletti todo era secreto, todo era “SIDE” y todo se borraba, en Mar del Plata todo fue desmesuradamente abierto. La represión contó con el apoyo de las estructuras civiles como los jueces federales y la Iglesia, y dejaron innumerable cantidad de pruebas escritas en una sociedad donde la existencia de esas condiciones parece explicar por qué los juicios todavía no tienen la visibilidad necesaria.

“A comienzos de año, me preguntaron si veíamos en Orletti la pata de la participación civil, en ese momento la verdad es que no lo veíamos –dice Guillermo Friele–, pero ahora tengo que decir que sí: en Mar del Plata colaboró el Poder Judicial y colaboraron las estructuras civiles mancomunadamente para sostener lo que pasó. Yo soy penalista y estructurado, puedo decir qué pasó, pero necesitaría un sociólogo para que me explique por qué pasó lo que pasó.”

Los datos sobre la relación están surgiendo en el segundo tramo del juicio oral llamado Base Naval II, un circuito de tres centros clandestinos integrados por la Base Naval Mar del Plata, en el edificio de la Agrupación Buzos Tácticos; otro en la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina (ESIM) y los anexos en el Faro y Prefectura Naval Argentina. En esos ámbitos la Armada trabajó en coordinación con el Ejército. Los fiscales que viajan todas las semanas desde Buenos Aires están sorprendidos no sólo por la dimensión de la participación civil que está mostrando el juicio, sino también por la cantidad de pruebas que la constatan. Como si nadie hubiese buscado el modo de ocultarlo o como si de alguna forma aún hoy esa historia estuviese “normalizada”, instituciones como el Hospital Interzonal, el cementerio municipal, pero también el propio Obispado o las autoridades de los centros clandestinos dejaron sus firmas en documentos en donde reconocieron el paso de algún prisionero, que hoy sirven de prueba.
El presbítero Pérez

Mercedes Soiza Reilly tiene sobre su escritorio copias de los documentos que para la fiscalía acreditan, por ejemplo, que el Obispado de Mar del Plata tuvo relación directa con los detenidos de la base naval. “Varios testigos aseguran haber sido visitados por un capellán”, dice Soiza Reilly, como sucedió con Christian von Wernich en el circuito Camps de la provincia de Buenos Aires. “Pero lo que están demostrando los documentos, fundamentalmente, es que el Obispado funcionó como habilitador de posibles encuentros con los represores: los familiares iban al Obispado a pedir reuniones para tener en la base naval, en el centro clandestino. Y el Obispado autorizaba las reuniones. Siempre firma la misma persona, un presbítero llamado José Pérez. Tiene un sello, pero es del Obispado de Mar del Plata.”

Uno de los documentos a los que se refiere la fiscal es una carta firmada por el “presbítero José Pérez”, entonces canciller y secretario general del Obispado de Mar del Plata, fallecido aparentemente el año pasado. En una hoja fechada el 4 de agosto de 1976, dirigida al “capitán de Navío Juan Carlos Malaguti”, le pide que atienda al padre de un secuestrado que irá a verlo de parte suya: “Saludo con toda la estima al Sr Jefe de la Base Naval de Mar del Plata, capitán de Navío, Dr. Juan Carlos Malaguti –dice–, y molesto su atención para pedirle si puede atender unos minutos al portador, Sr. Valente, padre del muchacho detenido, de quien hablamos el lunes 3. Desea saber dónde se encuentra y si es posible verlo o no. Mucho agradezco lo que pueda hacer en favor de este pedido y con tal motivo le renuevo mi estima y respeto, Mar del Plata 4 de agosto de 1976”.

El hijo del “Sr. Valente” es Ricardo Valente, para entonces secuestrado en la base naval hasta el 15 de agosto de 1976, luego trasladado a distintas comisarías y penales y hoy testigo de la causa. Dos años después, el 15 de septiembre de 1978, otro documento señala la intervención del mismo presbítero Pérez, esta vez en una carta “al coronel Aldo Carlos Máspero, jefe del Ejército”.

En esa ocasión, su firma acompaña el mensaje de los Chueque, padres de otro secuestrado: “De mi mayor consideración y respeto”, dice en la primera línea el padre de Marcos Daniel Chueque. “Solicito al señor coronel tenga a bien concederme una entrevista personal para tratar sobre la desaparición de mi hijo, Marcos Daniel Chueque, caso que ha sido presentado ante usted por el Obispado de Mar del Plata.” La carta firmada por Marcos Chueque e Irene de Chueque termina con las líneas del presbítero: “Certifico que el matrimonio Chueque reside en la dirección anotada. Este caso ha sido traído a este obispado hacia fines de junio del corriente año” (ver foto).

Las denuncias terminaron de presentarse la semana pasada, fecha en la que finalizaron las audiencias de este año. Los fiscales evalúan ahora convocar a representantes del obispado para tomar testimonio.
La ciudad judicial

“La base naval tiene la dimensión de una ciudad, todavía tiene un rol muy activo en la comunidad y, para aquel entonces, era lo mismo”, dice Soiza Reilly. “Los familiares sabían que sus hijos estaban en la base. Iban a ver a las autoridades. O iban a ver a Juan Carlos Guyot, un abogado, civil, que permanecía adentro del centro clandestino y decía: ‘Bueno, su hijo está acá, lo tenemos nosotros’.”

En ese esquema, dice Friele, “hay un detalle que es la colaboración de la Justicia Federal de Mar del Plata: nosotros hemos tenido casos de personas que declararon y contaron cómo les tomaron indagatoria adentro del centro clandestino”. Uno de los jueces que acudía a ver a los secuestrados para tomarles indagatoria encapuchados y engrillados adentro de la base como si los hubiese trasladado el juzgado era González Etcheverría y su secretario, ahora fallecidos. Otra jueza es Ana María Teodori, que primero intervino en algunos casos como defensora de los detenidos y luego ordenó tomarles declaración a dos de ellos –Hector Ferreccio y Graciela Dato– dentro del ESIN. En esas circunstancias, dice Friele, los jueces o sus delegados les levantaban la capucha, los hacían declarar, les sacaban las esposas y los obligaban a firmar.
–¿Dónde están esos jueces en este momento?

–Teodori vive –dice Friele–. Va a entrar como acusada en un proceso que puede llamarse Base Naval III. Después, hay jueces y secretarios que murieron. Las organizaciones están haciendo las denuncias pertinentes y la fiscalía también. Hay otro, llamado (Gustavo) Demarchi, que era el fiscal federal en esa época y está detenido ahora y va a ser juzgado.
–Pero no en esta causa. Sucede lo mismo con Pedro Hooft.

–No en esta causa, pero lo significativo es que el Ejército, siempre colgado al 601, funcionó coordinando las fuerzas represivas de ahí: la base naval, la Prefectura y el ESIN y también la Justicia federal que además eran las personas que contestaban negativamente los recursos de hábeas corpus que presentaban los familiares, y esto se está probando.
–¿Por un lado indagaban a los secuestrados y por otro decían que esas mismas personas no estaban detenidas?

–Uno de los coordinadores de esa acción, que está acusado como de participación secundaria, es Guyot, el abogado de la base, que era el que se ocupaba de ir a ver los hábeas corpus al juzgado federal para saber y dar información a la base.


Registro médico de una violación

Otro eje de trabajo en el juicio es la acusación por violencia sexual porque muchos elementos dan cuenta de cómo la violación fue una de las prácticas sistemáticas en la base naval. Además de testimonios históricos como los de Sara Osatinsky, que contó desde la dictadura cómo eran tratadas en la base naval las embarazadas que luego eran trasladadas a parir a la ESMA, y de los testimonios de los sobrevivientes, en el contexto de la enorme producción de pruebas documentales que están apareciendo en la ciudad, los fiscales encontraron un certificado del Hospital Interzonal de Mar del Plata que revisó a una de las secuestradas, trasladada de urgencia desde el centro clandestino, después de lo que la fiscalía describe como una “brutal violación”. Los médicos escribieron en el informe –que se incorporó como prueba– que la paciente llegó con “un cuadro de hemorragia vaginal” y una “hemorragia a la altura del cuello uterino con coágulo y fractura y fisura del cuello uterino”. Esa persona además declaró por primera vez en el contexto de este juicio, luego de un trabajo largo de acompañamiento del Centro Ulloa de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación. “Nunca vamos a ver esto en otro juicio –dice la fiscal–. ¿Una constancia del año ’76 de una detenida, atendida con un abuso sexual comprobado? Jamás aparecieron cosas así.”

Detenido un comisario acusado por delitos de lesa humanidad

El ex jefe de la policía santiagueña durante la dictadura militar, Werfil Herrera, quedó privado de su libertad luego de negarse a declarar ante el juez federal Guillermo Molinari, que investiga varias causas que involucran a exintegrantes de las fuerzas de seguridad en casos vinculados a violaciones a los derechos humanos.

Herrera, que la semana pasada fue localizado en la ciudad de Santa Fe, será alojado en la delegación local de la Policía Federal Argentina y la próxima semana será derivado a la cárcel federal ubicada en la localidad de Colonia Pintos, distante a 40 kilómetros al sur de la capital provincial. En la misma unidad carcelaria cumplen prisión perpetua los ex comisarios Tomás Garbi y Ramiro López Velloso, que junto a Musa Azar, alojado en un hospital público, fueron condenados hace dos años por el asesinato del estudiante universitario Cecilio Kamenetzky.

A juicio la causa por el Arsenal Miguel de Azcuénaga

A Alais le llegó el banquillo

La fiscalía reclamó que sean juzgados 22 acusados de crímenes de lesa humanidad, entre ellos un sacerdote y un escribano, por los casos de 97 víctimas que pasaron por ese centro clandestino, en el que recientemente se encontró una fosa común.

Uno de los centros clandestinos de detención más emblemáticos del noroeste argentino es el que funcionó desde 1975 en el Arsenal Miguel de Azcuénaga, en la provincia de Tucumán. El año próximo serán ventilados en la Justicia los crímenes que allí se cometieron durante la dictadura: la fiscalía tucumana pidió la elevación a juicio oral y público de 22 acusados de crímenes de lesa humanidad perpetrados contra 97 víctimas en ese campo de exterminio del Ejército. El requerimiento fue elaborado por los fiscales Pablo Camuña y Patricio Rovira, de la Unidad Fiscal de Derechos Humanos, y solicitado ante el juez federal Daniel Bejas, quien analiza si avanza con el juicio. Entre los enjuiciables se destaca el general retirado Ernesto Arturo Alais, que en abril de 1987, cuando era comandante del II Cuerpo, recibió la orden por parte del entonces presidente Raúl Alfonsín de reprimir la sedición de los “carapintadas” en Semana Santa liderada en Campo de Mayo por Aldo Rico, y nunca llegó a destino con su caravana de tanques con la que había salido de Rosario.

También irían al banquillo el sacerdote y ex capellán militar José Eloy Mijalchyk y el escribano Juan Carlos Jesús Benedicto, ex integrante de la ultraderechista Concentración Nacionalista Universitaria (CNU), acusado de torturas seguidas de muerte a, por lo menos, dos mujeres, una de ellas embarazada. Benedicto, de 54 años, había sido trasladado de la cárcel común de Villa Urquiza a un hospital privado, tras un supuesto intento de suicidio. Pero a principios de mes se fugó del lugar y actualmente permanece prófugo.

Los otros 19 acusados son los militares Miguel Alfredo Manuel Paz, Camilo Angel Colotti, Ariel Rolando Valdiviezo, Carlos Eduardo Trucco, Augusto Leonardo Neme, Luis Orlando Varela, Luis Daniel De Urquiza, Adolfo Ernesto Moore, Ramón Alfredo Ojeda Fuente, Fernando Torres, Hugo Enzo Soto, Pedro Osvaldo Caballero, Tomás Adolfo Güemes, Alberto Héctor Montes de Oca, Ernesto Rivero, José Carlos Sowinski, Marcelo Omar Godoy, Celso Alberto Barraza, además del policía Roberto Heriberto Albornoz.

“La diversa extracción de los imputados resalta el complejo entramado de fuerzas y unidades que intervinieron para posibilitar el funcionamiento de lo que fue el centro de detención y exterminio más grande del norte del país”, resaltó la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de esa provincia. También indicó en la acusación “una particular atención al funcionamiento de centros clandestinos en el sur de la provincia (Santa Lucía, Caspinchango, Nueva Baviera) a cargo del Regimiento 19 de Infantería, y a la manera en que las personas secuestradas por los imputados y sus subordinados eran trasladadas desde estas localidades al Arsenal, en algunos casos para su exterminio físico”.

La metodología represiva, según los fiscales, incluía “la ejecución sumaria extrajudicial y el ocultamiento de los cadáveres para borrar las huellas de los delitos (...) dinámica de desaparición forzada de personas ejecutada de manera masiva por una asociación ilícita montada sobre el aparato estatal”. Los acusadores sostuvieron que “quizá lo más relevante sea, a partir de los impactantes hallazgos de fosas comunes, la comprobación de las condiciones en que fueron ejecutadas algunas de las víctimas”. Y consideraron demostrado “que se actuó con las víctimas en un total estado de indefensión (prueba de ello son los restos de ataduras halladas en las extremidades de los cadáveres) y con el fin de borrar los rastros del delito, para lo cual no sólo fueron incinerados los restos sino que además pudo registrarse con claridad remociones posteriores efectuadas por medios mecánicos”.

Por último, solicitaron que “se incluya en el debate oral el tratamiento de los delitos sexuales de que fueron víctimas las mujeres cautivas en el CCD (centro clandestino de detención) Arsenal, visibilizando de esa manera una metodología particularmente aberrante de violencia de género por parte de los ejecutores”.

Ahora el caso está en manos del juez Bejas, que la semana pasada informó del hallazgo de una fosa con restos de desaparecidos dentro del Arsenal. Se trata del segundo tramo del expediente por los crímenes cometidos en ese centro clandestino. En un primer juicio ya fue condenado a prisión perpetua el entonces jefe de la policía provincial, Roberto “El Tuerto” Albornoz.

Solo 8 años para ex comisario represor

Una condena con gusto a poco

Se trata de Juan Demetrio Luna, quien tuvo a su cargo la comisaría de Tigre. La Justicia lo consideró “partícipe necesario” de la privación ilegal de la libertad y los tormentos a dos detenidos, uno de ellos aún desaparecido.

 Por Alejandra Dandan

“¿Pero no te das cuenta de que ese hombre tiene la boca caída de la cara? ¿Que nunca en su vida debió haberse reído? ¿Que es como la cara de la maldad?”, lo semblanteó alguien del público. El ex comisario Juan Demetrio Luna estaba ya sentado en la minúscula sala de audiencias del Tribunal Oral Federal de San Martín. Tras una hora de espera, luego de una invitación fallida a que pronuncie las últimas palabras, el presidente del TOF, Héctor Omar Sagretti, le leyó el veredicto: una condena a ocho años de prisión por la privación ilegal de la libertad agravada y tormentos agravados de dos personas, una de ellas aún desaparecida. La condena dejó sin embargo gusto a poco entre familiares, querellantes y fiscales, que habían pedido entre 15 y 25 años de prisión. Pese a que aún no están los fundamentos, el TOF parece haber seguido la lógica de la condena al comisario Fernando Meneghini, de Escobar –juzgado en el juicio a Luis Abelardo Pa-tti–: la evaluación de la policía como subordinada al Ejército y entonces con una función subsidiaria. La relación de las dos víctimas con el secuestro en la sede de la planta de Ford en Pacheco fue otro de los ejes de la causa.

La comisaría de Tigre fue uno de los centros clandestinos de la dictadura. Ahí fueron a parar secuestrados provenientes especialmente de los astilleros de la zona y los secuestrados de Ford. Luna estuvo a cargo de ese lugar entre junio de 1976 y enero de 1977. Y fue condenado por el secuestro y los tormentos a Victorio Derganz y Carlos José Fateche, levantados el 27 de diciembre de 1976 de la puerta de la planta de Ford.

“Mi hermano no tenía militancia política ni nada, y había ido ahí con el amigo a pedir trabajo”, decía ayer Stella Fateche, la hermana de Carlos. Carlos no tenía trabajo. Derganz, en cambio, había trabajado en Ford y era delegado del gremio madereros de Cominco. Ese día acompañó a su amigo a buscar trabajo a la planta. Cuando llegaron, Derganz pidió una audiencia con Pedro Müller, gerente de manufacturas, ya fallecido, a quien quería ver para recomendar a su amigo. “Les hicieron llenar un formulario y luego personal de seguridad les indicó que estacionaran el Fiat 600 de Fateche”, indicó la reconstrucción para el alegato Mariana Maurer y Rosario Alvarez Garriga, de la Secretaría de Derechos Humanos. Estacionaron. Dos policías bonaerenses les pidieron documentos, revisaron el auto y les anunciaron que iban a quedar demorados.

Quedó probado que desde el interior de la fábrica se les acercó un camión del Ejército. Que luego los llevaron al parque recreativo y después fueron trasladados en un patrullero a la comisaría de Tigre. Derganz, liberado tras 27 días de secuestro, siempre declaró que en la comisaría también estaba Carlitos, a quien reconoció por su voz. Los dos fueron sometidos a tormentos. Fateche sigue desaparecido.

En la sala de audiencias se sentó Celia Buciga, la madre de Carlos, de casi ochenta años, que no dejó de mirar a los ojos a Luna como lo hizo desde el 22 de noviembre, cuando comenzaron las audiencias. “Cada vez que lo miro fijo, él termina bajando la mirada –dice–. Eso sí, pero nunca un saludo.” Celia conoció a Luna en el ’76, mientras buscaba a su hijo. Fue varias veces a la comisaría donde ella misma encontró estacionado el Fiat y una de sus hijas oyó a un policía decir: “Estas son las ropas de Fateche”. Cada vez que ella, sin embargo, le preguntaba por su hijo, el comisario negaba que estuviera en ese lugar. Llegó al juicio convencida de que a lo mejor todavía podía decirle algo. “Yo esperaba algo de todo esto –dice–. Que él me diga que mi hijo está muerto, fallecido, pero nada de nada, como si se lo hubiera tragado la tierra.”

Al lado de Celia se sentaron su hija, Stella, y dos de sus nietos. Iris, la madre del Negrito Floreal Avellaneda, ocupó uno de los extremos de la sala y fue la primera que pudo decir algo para romper el insoportable silencio después de las sentencias: “¡Qué vergüenza! ¡La verdad que es una lástima!”. Y alguien entonces cantó: “Como a los nazis les va a pasar...”

El TOF entregará los fundamentos el 30 de diciembre, y eso permitirá una mayor comprensión de la sentencia. De momento, hubo una evaluación en la que coincidieron las querellas de la Secretaría de Derechos Humanos; Pedro Dinari, de Familiares de Desaparecidos, y el fiscal Marcelo García Berro. Por un lado, todos subrayaron la importancia de una nueva condena en el proceso más amplio de memoria, verdad y justicia a un comisario como Luna que no tenía hasta ahora ninguna condena y con una situación procesal que estaba al límite de todos los tiempos. Sin embargo, criticaron la evaluación del tribunal sobre el papel de la policía y leyeron el fallo en relación al de Meneghini. Como en aquel caso, la fiscalía y las querellas acusaron a Luna como “autor mediato”, pero los jueces lo condenaron “como partícipe necesario”. “Con Meneghini no nos pareció tan grave, pero ahora habrá que empezar a analizarlo”, dijo Dinari.

El otro tema de la causa es la relación de Ford con la dictadura. La megacausa de Campo de Mayo tiene un tramo del expediente por Ford elevado a juicio oral. El único acusado de ese tramo es un militar, Omar Riveros. El juez de primera instancia y la fiscalía se negaron hasta ahora a imputar a los civiles, explicaron  Maurer y Alvarez Garriga.

“Está absolutamente probada la complicidad de los civiles de Ford con el Ejército –dicen–. Por el campo recreativo de la Ford pasaron detenidos los trabajadores considerados molestos por la empresa. Los querellantes y la Secretaría de Derechos Humanos nos hemos cansado de pedir que se investigue la responsabilidad civil. Es una empresa privada que marcaba a sus propios trabajadores y los militares los iban a secuestrar y los torturaban. Hay antecedentes de este tipo de responsabilidades en el derecho internacional, incluso en Nüremberg.”

En la puerta del juzgado, las demandas quedaron escritas en una bandera. “Delegados sobrevivientes del terrorismo cívico militar de Ford Motor Argentina, secuestrados y torturados dentro de la fábrica. Memoria, verdad, Justicia!”

Liberaron al represor Kelly del Moral



Se trata de uno de los imputados en la causa Área Gualeguaychú, por la cual se iniciará el juicio oral y público el 21 de marzo en Paraná.
 
Kelly del Moral estuvo prófugo de la Justicia.

El Tribunal Oral Federal de Paraná concedió la excarcelación al ex jefe de sección del Regimiento de Gualeguaychú, Santiago Héctor Carlos Kelly del Moral, acusado por delitos de lesa humanidad y específicamente por haber aplicado torturas a ex detenidos políticos.

El militar se encontraba detenido en una dependencia de Capital Federal y había estado prófugo de la justicia durante varios meses, por lo cual llegó a ofrecerse una recompensa de 100.000 pesos para su captura.

La liberación fue adoptada por los vocales Lilia Carnero -como presidenta del cuerpo- y Roberto López Arango, quienes consideraron que no existía “riesgo procesal” al otorgarse la excarcelación, pese a que ya está determinado que el 21 de marzo próximo comenzará el juicio oral y público, donde uno de los acusados es Kelly del Moral. El principal imputado es el ex ministro del Interior del gobierno militar, Albano Harguindeguy.
 
“Kelly del Moral era uno de los militares que me caminaba por arriba del cuerpo cuando a la vez me torturaba”. La frase es de un ex preso político del sur entrerriano y consta en el grueso expediente que se tramitó en el Juzgado Federal de Concepción del Uruguay, en la denominada causa “Area Gualeguaychú”, cuyo juzgamiento comenzará en marzo próximo. Ese mismo personaje, que estaba detenido en una dependencia militar de Capital Federal, fue excarcelado en la tarde del martes, después de la decisión del Tribunal Oral Federal, publicó el sitio Análisis Digital.

Fue uno de los protagonistas macabros de Campo de Mayo, donde existió el más grande de los centros de detención y exterminio de las Fuerzas Armadas en la última dictadura (llegaron a existir unos 5000 detenidos políticos) y fue el primer destino que tuvo como hombre del Ejército Argentino. Al tiempo fue trasladado al Regimiento de Gualeguaychú, destacamento de Exploración Caballería Blindada 12, donde, según los ex detenidos, participaba personalmente de las sesiones de tortura que se concretaban en la misma unidad militar, como así también en lugares cercanos a ella, en especial en campos de la zona, perteneciente a algunos “amigos”.


Kelly del Moral estuvo prófugo de la justicia federal desde el 5 de marzo de 2010, cuando se emitió su pedido de captura nacional, hasta el 14 de octubre del mismo año, cuando se presentó espontáneamente en el Juzgado federal de Concepción del Uruguay.  Siempre dijo que no estuvo fugado, sino que hubo un error administrativo.

Nuevo juicio a Videla

Videla enfrentará un nuevo juicio

El juez federal de Chubut, Hugo Sastre, procesó al dictador Jorge Rafael Videla y al exoficial del Ejército Carlos Alberto Barbot por el secuestro y desaparición de Elvio Ángel Bel, militante del Partido Comunista en Trelew. El juez los consideró partícipes necesarios, aunque declaró la falta de mérito de seis policías retirados.

El juez le imputó a Videla su participación necesaria "por cooperación en el delito de privación ilegal de la libertad doblemente agravada por ser cometida con amenazas en concurso ideal con privación ilegal de la libertad doblemente agravada". En similares términos le imputó el delito a Barbot, por haber sido el oficial del Ejército que aplicó en la zona el plan sistemático de persecución, tortura y aniquilamiento de personas que incluyó a Bel.

En la misma resolución, Sastre dictó la falta de mérito para Delfín Heriberto Rodríguez Watson, Mariano Héctor Iralde, Hernán Alvaro Hermelo, Jorge Angel Dentone, Juan Alberto Bastida y Tito Nichols; todos policías retirados y ex cuadros militares.

Bel era un militante del PC que ejercía su actividad comercial en un local ubicado en pleno centro de Trelew, de donde fue secuestrado entre las 20.30 y las 21 del 5 de noviembre de 1976 por un comando de por lo menos seis personas. El militante del PC fue secuestrado junto con su hijo Pablo Manuel, de ocho meses, quien fue dejado a unos obreros que trabajaban en una pasteurizadora en el acceso sur de Trelew con un cartel en el que constaba la dirección para que sea restituido a su madre, Hilda Fredes.

Desde ese momento no se supo más nada de Bel aunque, según la resolución del juez Sastre, "se sospecha que fue trasladado a la base Almirante Zar (de la Armada), dado que en ese mismo día y hora Sergio Armando Maida y Liliana Toiberman fueron ilegalmente privados de su libertad" y llevados a esa guarnición.

"Cabe destacar que mientras se producía el hecho descripto, que tuvo como víctima al mencionado Bel, la comisaría distrito primera permaneció con las puertas cerradas al igual que la seccional segunda, por lo que la esposa no pudo radicar la denuncia correspondiente recién hasta el día siguiente", indica uno de los párrafos de la setencia de Sastre.

Por ese motivo, la Fiscalía había solicitado el procesamiento de los policías en funciones bajo la figura de asociación ilícita. El fiscal Fernando Gelves interpretó que además de existir una "zona liberada para que actúen impunemente los grupos de tareas", integrantes de la fuerza participaron del operativo en el que fue secuestrada la víctima. El pedido fue desestimado por el juez Sastre y se espera que sea apelado.

En el documento del procesamiento aún no queda claro el derrotero que siguió el auto que trasladó a Bel y cuyo último contacto es en la planta lechera ubicada a las afueras de la ciudad de Trelew. "Es cierto que se llega a un punto en el que no se puede avanzar más, pero desde el punto de vista penal hemos dado un paso importante si se tiene en cuenta lo poco y nada que se había hecho hasta ahora para investigar el caso", explicó el secretario penal Gustavo Lleral.

Al represor Olivera le dan permiso para viajar para las fiestas de fin de año (¿?)

San Juan.- El juicio que se le sigue a cinco represores durante la pasada dictadura militar en San Juan, podría terminar el año sin dos de los imputados, ya que uno está internado y a otro le dieron permiso para viajar.
 
Según informó el Tribunal Oral de San Juan ayer, el juicio contra Jorge Olivera, Osvaldo Benito Martell, Daniel Gómez, Alejandro Lazo y Horacio Nieto, las audiencias se suspendieron hasta la última semana del año, ya que se escucharán testimonios los días 27 y 28 de diciembre, para pasar luego a un cuarto intermedio hasta febrero, debido a la feria judicial.
Pero en esas dos audiencias, el principal acusado, que es el teniente Jorge Olivera, no estará presente, ya que los jueces Héctor Cortés, Raúl Fourcade y Alejandro Piña, le dieron permiso para viajar a Buenos Aires la semana que viene a fin de recibir visitas de familiares en una unidad penal de la Capital, con motivo de las fiestas de fin de año.
Además, los jueces aún no cuentan con un informe del forense respecto a la salud del imputado Horacio Nieto, que el martes por la madrugada, debió ser internado en la Unidad Coronaria del Hospital Rawson debido a una descompensación.
Ayer en la sede del tribunal se especulaba con que posiblemente el resultado de la pericia del forense le permita zafar a Nieto del proceso judicial, tal como ocurrió con el general Luciano Benjamín Menéndez al comienzo del proceso, cuando fue apartado por los jueces debido a un informe forense que decía que por su estado de salud, no podría resistir un proceso judicial “en ninguna de sus formas”.
Nieto está acusado de participar del enfrentamiento con el militante montonero Daniel Russo en la esquina de Pedro de Valdivia y General Acha, al día siguiente del secuestro de la modelo franco-argentina Marie Anne Erize.
Ayer en la audiencia se debatió acerca de un acta de la policía que aparece firmada por Nieto, pero sobre la que la defensa impugnó la firma y pidió una pericia caligráfica, lo que fue denegado por los jueces del Tribunal.
Esto ocurrió mientras declaraba el dirigente de la Fundación por la Democracia y los Derechos Humanos Eloy Camus, que ayer completó las cuatro jornadas declarando, convirtiéndose así en la persona cuya declaración, mas horas insumió a pesar de no haber estado detenido, ni haber sufrido torturas y ni haber sido testigo de las violaciones a los derechos humanos que se realizaron en el Penal de Chimbas, el RIM 22 y los centros clandestinos de detención de la Marquesita y la ex Legislatura Provincial.

Abogado
La última jornada de la semana se completó con el testimonio del abogado Carlos Bula, ex apoderado del Partido Comunista, que fue quien en 1985 realizó la denuncia por la muerte de quien en aquel entonces era el secretario general del PC en San Juan, Alberto Carvajal, de quien se sospecha que murió durante una sesión de torturas el 18 de agosto de 1977 en el Penal de Chimbas, pero cuyo fallecimiento fue encubierto colgándolo de un pullover, una media y un cordón de zapatos en la reja de su celda, para que pareciera un suicidio.
Carvajal estaba detenido a disposición del Poder Ejecutivo y procesado por infracción a la Ley 21.323 que en aquel entonces dispuso la suspensión de la actividad política.
Según Bula, su presentación ante el Juzgado Federal y luego ante la CONADEP en Buenos Aires, se basó en el testimonio de “el polaco Moroy”, un detenido político que sostiene que utilizando un espejo miraba desde su celda los movimientos del Pabellón 6 donde estaban los detenidos políticos en el Penal y que aquella noche vio como trajeron de vuelta de la sala de torturas a Carvajal, desvanecido o muerto y que horas mas tarde se dio aviso de que se había suicidado.

Juez destituido... que sigan hay más cómplices de los genocidas

EL CONSEJO DE LA MAGISTRATURA EXPULSO AL CAMARISTA MENDOCINO Y LA JUSTICIA ORDENO SU DETENCION
Otilio Romano, destituido por unanimidad

Refugiado en Chile para evitar el juicio político, Romano fue separado del cargo por “haber omitido” las denuncias de tormentos e investigar secuestros y desapariciones.

 Por Irina Hauser

“No le cabe a este cuerpo colegiado un mínimo atisbo de duda para decidir que el doctor Otilio Ireneo Roque Romano no merece continuar en el ejercicio de la magistratura por no tener las condiciones morales para ostentar tan alto honor”, leyó con nitidez el secretario del Jurado de Enjuiciamiento. La destitución del camarista mendocino, que está prófugo, fue una decisión unánime del jury: lo acusaron de haber “omitido” en forma “sistemática” denunciar e investigar secuestros, desapariciones, torturas, apremios ilegales y violaciones, de los que tenía conocimiento directo por las declaraciones y reclamos de las víctimas que recibió como fiscal desde 1975 –con la Triple A– y durante la última dictadura. Apenas se oficializó la remoción, el juez Walter Bento ordenó la captura internacional de Romano en la causa en la que está procesado como partícipe de 103 crímenes de lesa humanidad. Hasta el fin de semana pasado la Justicia tenía datos de que seguía en Chile.

Romano se tomó un avión un día antes de que lo suspendiera el Consejo de la Magistratura por haber actuado en complicidad con el terrorismo de Estado. El Jurado, que preside la jueza Alicia Noli, guarda casi como una pieza de colección un papel de la empresa LAN, que confirmaba que había volado el 24 de agosto, prueba de lo más insólita para un juez: escaparse a la hora de rendir cuentas ante la Justicia, lo que según el tribunal “refuerza la convicción” de expulsarlo. Romano, en rigor, había hecho de todo para evitar el juicio, que logró frenar casi un año con una medida cautelar de un juez ad hoc.

El proceso de destitución se puede hacer en ausencia. El juicio penal, no. Y como el fiscal Omar Palermo y el juez Bento consideran a Romano en rebeldía, ayer mismo activaron la orden de detención, enviada a Interpol, supeditada a la pérdida de sus fueros. Romano había pedido asilo político al gobierno chileno, una salida improbable para acusados de delitos de lesa humanidad. Si ahora lo encuentran, la lógica es que quede detenido y sea sometido a un juicio de extradición.

A falta del acusado, estaba su cara multiplicada en cartelitos sostenidos por varillas que empuñaban militantes de H.I.J.O.S. “Genocida Judicial”, “Te llegó la hora de la justicia”, “103 razones para ir preso”, se leía. El grupo estalló en una ovación cuando se escuchó la frase que anunciaba la decisión de “remover al señor juez” por “mal desempeño”. El secretario leyó una novedosa declaración de principios: “Las conductas relacionadas con la violación de derechos humanos merecen el más vigoroso repudio de este Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados por atentar contra valores humanos fundamentales”.

La sentencia dice que en tiempos de la “brutal persecución de grupos armados, ya sean policiales, militares o paramilitares acaecida entre los años 1975 y 1976”, “Romano desempeñó sus funciones de fiscal federal en una abultada cantidad de casos y, paradójicamente, cuando más se necesitaba la garantía de contar con funcionarios judiciales independientes, que sin requerírseles actos de arrojo o de peligro para sus vidas, se les exigía la valentía de actuar con firmeza y sobre todo rectitud en su conducta procesal, él desdeñaba reiteradamente los reclamos, denuncias y hasta clamores de los detenidos en función de aquellas leyes de seguridad nacional o los de sus familiares, así como los de tantos otros de los que jamás se supo su paradero y destino”.

Los testimonios de las víctimas, destaca el fallo, dieron “una vívida muestra del período de ignominia”. En los centros de detención, dice, como el Departamento de Policía (D2) de Mendoza, se “extraía mediante amenazas” y “torturas las declaraciones y confesiones” que “eran utilizadas posteriormente en sedes judiciales como presunción o prueba en contra de los imputados”. Se les aplicaba la llamada “ley antisubversiva” y la de seguridad nacional.

Hubo testigos, como Luz Faingold y Luis Toledo, que denunciaron haber sido visitados por Romano en sus celdas. Luz tenía 17 años cuando fue llevada al D2, donde también fue atacada sexualmente. Romano y el destituido juez Luis Miret negaban la restitución a sus padres, que la reclamaban. Su novio León Glogowsky contó cómo la escuchaba implorar en el calabozo vecino que dejaran de violarla. Aseguró que denunció las torturas de todos los detenidos, sin ningún eco. Lo mismo contaron abogados de presos en aquellas circunstancias a quienes el jury les dedicó un párrafo especial, donde mostró cómo los terminaban secuestrando y acusando de lo mismo que a sus defendidos.

“El acusado, en contraposición con la celeridad y diligencia que demostraba para investigar las infracciones”, “en función de la Ley 20.840 (o “antisubversiva”), nada hizo respecto de los graves delitos de torturas, violaciones y robos” denunciados en “forma directa” y con “detalles” ante él, incluso durante las indagatorias. “Incumplió sus obligaciones como funcionario esencial del sistema de justicia”, dice la sentencia.

La acusación original de los consejeros Hernán Ordiales (del Poder Ejecutivo) y Carlos “Cuto” Moreno (FpV) fue avalada en su mayor parte, y unos pocos cargos rechazados. Sobre un planteo de la defensora oficial, Fabiana León, el jurado aclaró que si Romano fue ascendido en 1994 es porque no se conocía su papel en la dictadura.

Los grandes impulsores del juicio a Romano fueron los organismos de derechos humanos de Mendoza, en especial el Movimiento Ecuménico (MEDH). Hace algunos años intentaban descifrar por qué allí no avanzaban las causas por crímenes dictatoriales. Hasta que advirtieron que el problema estaba en la Cámara, con los jueces que habían actuado en el terrorismo de Estado y otros que en democracia fallaban a favor de los represores y de sus propios colegas que comenzaban a ser cuestionados como colaboracionistas. A comienzos de este año fue destituido Miret. Ahora avanzan denuncias contra Julio Petra, acusado de haber intentado ayudar a Romano con maniobras judiciales y de liberar a militares en masa.