La Sra. Molfino fue asesinada en Madrid en 1980


Villarán, Susana. Operación Cóndor: La conexión peruana

Nunca como ahora, a partir del fallo de la Comisión Jurídica de la Cámara de los Lores en Gran Bretaña, que desconoce la inmunidad de Augusto Pinochet, se pasó de lo abstracto a lo concreto en la aplicación del derecho internacional de los derechos humanos.

Comprobamos finalmente que la justicia también se globaliza, que los crímenes contra la humanidad no siempre quedan impunes y que, independientemente de la suerte que correrá Pinochet, siempre habrá un antes y un después del 25 de noviembre.

Los crímenes de lesa humanidad, como sostuvo en su auto acusatorio el juez español Baltazar Garzón, "son imprescriptibles, sus responsables no disfrutan de inmunidad diplomática ni pueden obtener estatuto de refugiado ni asilo político, y todos los Estados del mundo están obligados a perseguirles y a colaborar en la persecución que de tales crímenes hagan otros Estados". Amparándose en la legislación española y en las convenciones contra el genocidio y contra la tortura, entre otros instrumentos internacionales, el juez español ordenó prisión incondicional para el dictador chileno. Pinochet, según sostiene el magistrado, cometió, en sus largos diecisiete años de control ilegal y férreo del poder, una serie de crímenes y actividades delictivas no sólo en Chile; sino que, en el marco de la "Operación Cóndor", alargó el oscuro brazo del crimen a otros países –entre ellos a España–, para lo que coordinó activamente con dictadores de países como la Argentina.

El Perú no fue ajeno a estas actividades criminales, como lo prueban las investigaciones periodísticas de Edmundo Cruz. Destacado periodista de investigación en el Perú, Cruz ha dedicado gran parte de su vida profesional a desentrañar muchos "misterios" que están en el corazón de graves violaciones de los derechos humanos en nuestro país. Su nombre estará permanentemente asociado a la investigación sobre el crimen de La Cantuta; por ello, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos lo premió en 1993. Por la calidad de su trabajo y su valentía recibió hace poco, en Estados Unidos, el premio de periodismo Moors Cabot, distinción concedida a pocos periodistas peruanos. Sus recientes artículos sobre la "Operación Cóndor” en el Perú revelan la sordidez y el horror en el que se mezclaron militares peruanos de alto rango con los crímenes de Videla, García Meza en Bolivia y Pinochet.

Estás investigando hace ya tiempo lo relacionado con la "Operación Cóndor". ¿Pensaste alguna vez que el asunto iba a llegar tan lejos y que, vinculado a este sórdido acuerdo entre dictadores, el propio Pinochet caería en manos de la justicia?

Me parece algo increíble; estaba pensando el otro día que el año 1994 estuve a punto de entrevistar a Pinochet en Santiago, pero mi salida de la revista Sí imposibilitó esa entrevista. Fui acumulando material, y alguna vez en los últimos años llegué a pensar que era material perdido; los últimos hechos me han demostrado lo contrario.

¿Qué tenemos que ver los peruanos con la "Operación Cóndor"?

Tenemos que ver, y bastante. En un primer momento da la impresión de que el Perú estuviera al margen de la "Operación Cóndor", porque este fue un acuerdo de fines del año 75 entre la Argentina, Paraguay, Chile, Uruguay y Bolivia. La "Operación Cóndor" se firma en diciembre de ese año, como consta en el archivo que se descubrió el año 1992 en Asunción, Paraguay. Paraguay, no sé si por la antigüedad, o porque era mayor el margen de ilegalidad y de impunidad en que operaba Stroessner, se convirtió en la base de este operativo. Recordemos que se trataba de regímenes que en ese momento estaban mucho más identificados con la política de la Guerra Fría, de persecución de los comunistas y de todo elemento que fuera tildado de izquierdista, de subversivo. Era una política que manejaba Estados Unidos a través de la Central de Inteligencia Americana. Aunque el régimen de ese entonces en el Perú era considerado de corte nacionalista, esto no impidió que formara parte de un acuerdo en el cual se sustentaron capturas, secuestros, desapariciones y asesinatos. El secuestro y posterior asesinato de la señora Molfino en Lima es uno de estos graves hechos incluidos en la investigación del juez Garzón.

MORIR EN MADRID

Háblanos del caso Molfino...

La señora Noemí Esther Gianotti de Molfino fue una viuda de nacionalidad argentina, madre de seis hijos, cuatro de ellos involucrados en la actividad política. Una de sus hijas desapareció con su esposo, quien era dirigente de la juventud montonera, y dos de sus nietos también desaparecieron. Otra de sus hijas estaba exiliada en París por razones políticas. Su hijo mayor, Alejandro, estaba preso y no salió hasta que cayó el gobierno militar. Ella vino acá al Perú en 1980 con su hijo menor, Gustavo, a solicitar solidaridad con su drama personal. Buscaba apoyo para que aparecieran su hija, su yerno, sus nietos. Los nietos –dicho sea de paso– aparecieron tres años después (o sea que vivieron tres años en manos de los secuestradores).

¿Qué pasó acá en Lima?

Los hechos se precipitaron en junio del año 80, en vísperas de la transmisión del mando de Morales Bermúdez a Belaunde, para la que se anunciaba la presencia del general Videla. Coincidió el hecho de que la policía política argentina detuvo en Buenos Aires a un joven metalúrgico de apellido Frías y con él descubrió información sobre una reunión que iba a realizar la dirección montonera acá en Lima en el mes de junio. La hipótesis de la policía argentina era que en esa reunión se prepararía un atentado contra Videla. Recordemos que era el momento en que el combate entre la dictadura argentina y el grupo montonero estaba en su punto más alto, y se tenía la información de que acá estaría un dirigente que era el número tres en la estructura montonera, Perdía. Efectivamente, aquí estuvo, y también estuvieron, según la policía argentina, quince dirigentes montoneros más. Cuando estos dirigentes vinieron, la señora Molfino, naturalmente, los apoyó y alojó.

¿Cómo fue el operativo de secuestro?

La policía argentina usó a Frías como anzuelo para capturar a miembros del grupo montonero. Lo tuvieron alojado en Lima, en el Círculo Militar y, en medio de muchas peripecias –que relato en mis notas aparecidas en el diario La República–, este joven los llevó a las cercanías de las avenidas Larco y Benavides. La policía logró capturar primero a María Inés Raverta, cerca de la iglesia de Miraflores, que parece que era el punto de contacto, y, después de eso, a otro dirigente montonero, Julio César Ramírez, en la cuadra cuatro de Benavides. Después –todo en 48 horas– capturan a la señora Molfino en la calle Madrid en Miraflores. En casa de la señora Molfino y su hijo Gustavo estaba alojado Perdía, el jefe de los montoneros, quien logró escapar. La señora Molfino no pudo hacerlo.

¿Cómo es que la señora Gianotti de Molfino aparece muerta en Madrid?

La señora Molfino es entregada en la frontera de Bolivia junto con otros dos, con Raverta y con Ramírez.


¿Los entregan a militares argentinos o bolivianos?

Los entregan precisamente a García Meza, quien después daría un golpe contra la presidenta de ese entonces, Lidia Gheiler. Hay un documento de recibo, como si se tratase de una operación monetaria. La Molfino fue enviada probablemente, según lo que dice su hijo Gustavo, desde Bolivia a Madrid. Raverta y Ramírez a la Argentina. En Madrid aparece en un hotel, un mes después, el cadáver de la señora Molfino. Gustavo, el hijo menor, va a Madrid. Era el tiempo del presidente Suárez; allí denuncia por primera vez a Videla por la muerte de su madre. Es la primera querella que se entabla contra el general Videla por el asesinato de Molfino. Corría el año 1980. Sólo al sexto intento vamos a tener a un juez como Baltazar Garzón que acoja la demanda...

LA CONEXIÓN PERUANA

¿Qué militares peruanos están implicados en el proceso que ha abierto el juez Garzón?

En el caso de los montoneros actuó un grupo operativo de ocho argentinos que vinieron especialmente a Lima. Ellos intervinieron acá con autorización y con el apoyo de dos grupos operativos peruanos. Nosotros en La República somos los únicos que hemos dado esta versión a partir de fuentes militares; por ello sabemos que actuaron dos grupos, probablemente formados por igual número de personas. Los que llevaban la voz cantante eran los argentinos, pero los peruanos también hicieron lo suyo. No era posible que se efectuara todo el trabajo de persecución, seguimiento, arresto, torturas y finalmente de eliminación por obra exclusiva de estos ocho caballeros argentinos... Lo que se publicó fue el nombre del jefe del Servicio de Inteligencia, Martín Martínez Garay, y luego dos más: el comandante (r) Oswaldo Hernández Mendoza y el capitán de Sanidad José César Gutiérrez. Estos son los que están comprendidos en el expediente de Garzón. En abril de 1988 el Ministerio de Justicia de España envió comisiones rogatorias al Perú para que se tome declaración a estos militares implicados en el asesinato de esta ciudadana argentina en España.

¿Y los responsables políticos?

En ese momento era Presidente de la República del Perú el general Francisco Morales Bermúdez. Hay versiones que obran en la prensa de esa época que demuestran que para esta operación hubo una coordinación, en primer lugar, entre el jefe de las Fuerzas Armadas de la Argentina y el jefe de las Fuerzas Armadas del Perú. En ese momento el jefe de las Fuerzas Armadas de Argentina era el general Galtieri (muy conocido después por lo que hizo en relación con Las Malvinas); en el Perú, el cargo era ocupado por el general Pedro Richter Prada, quien además era ministro de Guerra. Hubo una versión, últimamente actualizada, según la cual existió una primera coordinación entre ellos, después de la cual hicieron las consultas –se entiende que a sus respectivos mandatarios–, y, con la autorización de éstos, permitieron el ingreso de los grupos operativos. Hay, además, una prueba de estos hechos: un comunicado del Ministerio del Interior emitido en aquella época en el que el Gobierno peruano entrega a autoridades bolivianas a estos tres ciudadanos argentinos: Molfino, Raverta y Ramírez.

LA HISTORIA NO AMNISTÍA

¿Qué reflexión te merece lo que está sucediendo?

Uno publica lo que puede probar, como es lo relacionado con la "Operación Cóndor" en el Perú. Yo no puedo publicar todo lo que sé, pero estoy seguro de que la mayor cantidad de estas violaciones están por descubrirse. No tengo reparo en decirlo; lo digo con conciencia y con responsabilidad: advierto una conducta perversa en las autoridades, porque tratan de encubrir, de no dejar rastro de todas estas acciones. Pero algún día se conocerán. Es la constatación de un reportero que está metido en estos asuntos y sabe que hay muchos testigos que van decidiéndose a hablar. Con lo que sucede con Pinochet ahora, pero también en los últimos años en la Argentina, la historia nos está demostrando que si no se hacen las investigaciones ahora, más tarde, en algún momento, aparecerá la verdad. Como dije en alguna oportunidad, la historia no amnistía.